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PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN: CINCUENTA AÑOS EVANGELIZANDO EN COMUNIDAD

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1029

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Desde 1967 los agustinos recoletos cumplen una admirable labor evangelizadora en Chiclayo, teniendo como epicentro de acción la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, creada ese año y que hoy, al cumplir sus Bodas de Oro, se constituye en uno de los más importantes referentes de la vida en comunidad para la iglesia católica en Lambayeque.

 

La orden aparece en el siglo XVI por el deseo de algunos religiosos agustinos de vivir una vida mucho más austera a la que existía en aquel tiempo entre las comunidades católicas, iniciando así una práctica de recogimiento o recolección que le dio nombre, pero que sería reconocida oficialmente por la iglesia poco más de tres siglos después, en 1912, cuando el papa Pío X emitió el breve pontificio de las “Religiosas Familias”.

 

La presencia de la orden en Chiclayo se remonta a 1964 y fue el 2 de octubre de 1967 que se firmó el decreto de erección de la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación en la aún pequeña urbanización Santa Victoria, siendo el primer párroco el padre José María Alesanco.

 

Desde entonces, los agustinos recoletos han desarrollado un trabajo pastoral ejemplar, que les ha permitido extender su prédica a 13 sectores de la ciudad, que incluye a más de 30 mil fieles católicos.

 

La parroquia tiene jurisdicción sobre las urbanizaciones Santa Victoria y Federico Villarreal y los pueblos jóvenes San Francisco, Buenos Aires y Zamora.

 

En octubre del 2011 tomó posesión como párroco el sacerdote español José Estebas Martínez.

 

TRABAJO EVANGELIZADOR

 

“Damos gracias al Señor y a la comunidad de Chiclayo, sobre todo a la de Santa Victoria, que ha colaborado siempre con nuestro trabajo y con nuestros ideales”, señala el padre Juan Cuña Calavia, uno de los sacerdotes que mayor obra ha realizado en la parroquia.

 

El sacerdote, también de origen español y que antes de llegar a Chiclayo se desempeñó como director de la Escuela Normal de Cutervo, recuerda que en la década del 60 la urbanización donde se sentó la orden no estaba tan poblada como hoy. Incluso, detrás de la casa parroquial no había más que otras dos viviendas y después “todo era pampa hasta la carretera a Lima”, hoy avenida Haya de la Torre.

 

Los primeros padres de la congregación que llegaron a Chiclayo cumplieron labores en la capellanía del Hospital Las Mercedes y rápidamente tomaron consciencia de la extensión de la ciudad hacia el sur, por lo que propusieron la erección de la parroquia que se concretó al amparo de monseñor Luis Sánchez Moreno Lira.

 

La construcción de la casa de los sacerdotes demoró poco más de tres años y en un pequeño ambiente destinado a la capilla, sin acabados en las paredes ni en el piso, se ofició el primer acto litúrgico.

 

EL PROYECTO DEL TEMPLO

 

“Hay que distinguir lo que es la construcción de la casa parroquial y la capilla, obra de nuestros padres agustinos recoletos y lo que después sería la construcción de la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación”, indica el padre Juan Cuña.

 

Convertido él en el tercer párroco, la orden le dio directivas de establecer un colegio, apelando a la experiencia que había adquirido como director de la Escuela Normal de Cutervo.

 

“Eran tiempos no muy derechos para construir colegios, porque estaba el gobierno militar y la revolución (de Juan Velasco Alvarado) no miraba con muy buenos ojos a la iglesia. Entonces me pareció que no era el mejor momento y además que el terreno era pequeño. Yo tenía entendido que se necesitaban por lo menos ocho o diez mil metros cuadrados para tener un colegio más o menos bueno. Fue así, que hablando con mis superiores y considerando que la capilla que teníamos era muy reducida, tanto así que en verano la gente se desmayaba por el calor, propuse construir una iglesia con espacio suficiente y la idea fue aprobada”, recuerda.

 

Las primeras acciones del padre Juan se concentraron en la obtención de recursos, debido a que la congregación ya había financiado la casa parroquial.

 

Así, se organizaron kermeses e incluso se proyectaron películas en los cines locales para con el dinero reunido financiar los primeros trabajos. Sin embargo, la devaluación de la moneda empezó a jugar en contra de los planes trazados.

 

“Cuando ya teníamos como 50 mil soles viajamos a Chimbote a comprar toneladas de fierro, porque era mejor tener invertido el dinero que en el banco. Lo trajimos y lo almacenamos en la casa parroquial, yo no sabía nada de construcción pero sí que por lo menos íbamos a necesitar barras de una pulgada,  de cinco octavos y de tres cuartos”, comenta.

 

LAS OBRAS

 

El 15 de julio de 1975, el entonces obispo de la Diócesis de Chiclayo, monseñor Ignacio María de Orbegoso, colocó la primera piedra del proyecto. “Nuestro señor obispo nos dijo: ‘Me gusta más decir las últimas piedras que las primeras piedras’. Yo le dije que a mí también y que esperaba que en el futuro él llegara para bendecir la iglesia”, rememora.

 

Con lucidez admirable, el padre Juan, quien esta semana cumplió 79 años de vida, 54 de los cuales ha dedicado a su labor pastoral, recuerda que el 19 de septiembre de 1976 empezaron las obras civiles con la excavación de las zanjas.

 

El proyecto de la iglesia era ambicioso y este había demandado de él y de sus colaboradores, entre clérigos y laicos, un importante esfuerzo.

 

“Ya había conseguido ladrillos, se hizo un pequeño concurso para la selección del diseño y se les dijo a los arquitectos que queríamos una iglesia moderna. Un comité aprobó el proyecto del arquitecto Marquina Ódar y este después fue revisado luego en Lima, para tener en cuenta los criterios de estructura. Le dije que no queríamos una iglesia antigua, sino de tipo redondo, que la gente pudiera verse a la cara con facilidad y le señalamos también la necesidad de los ambientes contiguos”, explica.

 

Cuatro años después la construcción del templo concluyó siendo párroco el padre Ángel Jiménez, quien se encargó de la decoración interior. La iglesia fue consagrada el 8 de diciembre de 1980.

El nombre se desprende de una tradición que se remonta a los tiempos de Santa Mónica, madre de San Agustín, según la cual la virgen María se le apareció para consolarla por el tipo de vida que llevaba el santo de Hipona antes de su conversión.

 

“La construcción se hizo poco a poco, tan pronto teníamos dinero se cavaban zanjas o se levantaban columnas. Llegué a entenderme con los obreros porque el ingeniero no estaba siempre presente. Al final tuvimos que pedir dinero a Alemania, que nos ayudó con casi 60 mil marcos necesarios para el techado del templo, que debía hacerse de manera integral”, confiesa.

 

GESTORES PARROQUIALES

 

El padre Juan Cuña fue párroco hasta 1978, siendo remplazado por el padre Ángel Jiménez, quien estuvo al frente de la parroquia durante nueve años.

 

Posteriormente llegaron los sacerdotes Víctor García y Roberto Armas, en el 2005 retornó el padre Juan y permaneció durante seis años como responsable de la parroquia, continuando con otras obras del complejo como la construcción del velatorio del segundo piso y fortalecer la actividad pastoral.

 

“Para mí los 50 años de la parroquia representan una satisfacción muy grande porque he dejado algo. El Señor se ha valido de este pobre instrumento para dejar esta iglesia. Yo muchas veces le decía a la gente que tenía que colaborar, que yo no me iba a llevar la iglesia en la maleta y, por lo tanto, la obra quedaría. Quería que la gente se hiciera responsable de su propia iglesia y no solamente de la material, sino también de la espiritual, porque de otra forma no iba a amarla. La gente no ama lo que no le ha costado trabajo”, afirma el sacerdote, quien trajo por primera vez a Chiclayo los Cursillos de Cristiandad, que a la fecha han permitido formar a 57 grupos conformados por hombres y mujeres.

 

JOSÉ ESTEBAS MARTÍNEZ

PÁRROCO DE LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN

 “Es momento de dar gracias a Dios por todo lo que él ha podido realizar a través de una parroquia con todo sus servicios pastorales en esta porción de la diócesis, lo que ha servido para el bienestar y el progreso material y social de toda la colectividad”.

 

JOSÉ CHACÓN PRATO

SACERDOTE DE LA O.A.R.

 “Sentimos gratitud enorme para con Dios y con los feligreses que nos acompañado durante todo este tiempo y con su apoyo han hecho posible que se mantenga hasta ahora el trabajo parroquial, siguiendo la enseña de nuestro padre San Agustín”. 

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