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LAMBAYEQUE Y CHICLAYO: EN LA “GEOGRAFÍA DEL PERÚ” DE MATEO PAZ SOLDÁN

Escribe: Freddy Centurión González (*)
Edición N° 1123

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Entre los intelectuales más notables del siglo XIX peruano figuran los hermanos arequipeños Paz Soldán y Ureta: el jurista Mariano Domingo (1806-1859), el diplomático José Gregorio (1808-1875), el magistrado Pedro Silvero (1809-1876), el matemático Mateo Mauricio (1812-1857) y el historiador Mariano Felipe (1821-1886). Nuestra atención, dado el tema del presente artículo, se centrará en la obra de los dos últimos.

Mateo, auténtico “monstruo del saber”, dominaba diez idiomas: griego, latín, inglés, italiano, alemán, francés, portugués, quechua, aymara y castellano. Agrimensor, abogado, poeta, matemático y astrónomo, fue autor de amplias investigaciones sobre astronomía (1848) y trigonometría plana y esférica (1848), evidenciando un afán por la claridad y abundancia de ejemplos con el fin que los lectores no pudiesen “encontrar jamás dificultad de ningún género que pueda desalentarlo”. Las responsabilidades burocráticas que asumió le restaban tiempo para su labor científica, y las numerosas corruptelas de la Consolidación, bajo el gobierno del general Echenique, le llenaron de tal indignación que solo pudo desahogarse a través de la pluma: desde El Comercio, publicó una serie de versos satíricos bajo su anagrama Tomás de la Ponza: “Y cuando algunos / con ligereza / su gran riqueza / luciendo están, / de sus trajeos malditos / mirando la indignidad / el Perú lanza dos gritos: / ¡No nos roben! ¡Libertad!”. Sujeto a juicio de imprenta y preso durante un tiempo, se buscó alejarlo de la capital. Todo ello terminó por convertirlo en un misántropo, en penuria económica, y padeciendo un mal cardíaco del que rehusó tratarse, lo que lo llevó a una muerte temprana.

Mariano Felipe, el menor de los hermanos, ganó prestigio como autor de un Índice alfabético del Código Civil y de Enjuiciamientos y de Reglamento de Tribunales (1853), y como promotor de la construcción de la cárcel modelo de Lima, conocido luego como la Penitenciaría. Ministro de Justicia, Instrucción y Culto, en dos ocasiones, se preocupó por un aumento del presupuesto para las escuelas y sueldos docentes. Desde 1868, publicó la “Historia del Perú independiente”, donde cubrió, en tres volúmenes, la historia entre 1819 y 1827. La guerra con Chile fue objeto de una de sus últimas obras, la “Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia” (1883), donde buscó rebatir las afirmaciones de los historiadores chilenos; se afirma que sus últimas palabras fueron “Dios, patria y escuela para la felicidad de mi país”.

Mateo buscó preparar una geografía política y astronómica del Perú, con los últimos datos científicos de su tiempo. Pero lejos de recibir apoyo del Gobierno, su pedido fue enviado a la burocracia parlamentaria. Al morir, había concluido la parte matemática de la obra; el rápido quebranto de su salud frustró sus intenciones, aunque no le impidió acopiar datos. Mariano Felipe se hizo cargo de concluir la obra de su hermano, buscando dar unidad al texto, tema complicado por la inexactitud de los datos oficiales. Tras casi tres años de trabajo, en 1860, se presentó el texto de la “Geografía del Perú”, siendo editado a expensas del Gobierno en 1862; al texto original de Mateo, Mariano Felipe hizo adiciones, además de incorporar un extenso apéndice bibliográfico. Mariano Felipe también decidió aumentar la obra de su hermano con una obra que contuviese los mapas de la República y planos de sus principales ciudades; esa obra, publicada en 1865, fue el célebre “Atlas geográfico del Perú”, primer atlas del Perú republicano, de donde extraemos el mapa de las provincias de Lambayeque y Chiclayo.

LAS PROVINCIAS DE LAMBAYEQUE Y CHICLAYO

En 1862, aún no existía el departamento de Lambayeque; este sería recién creado en diciembre de 1874. Sin embargo, sobre la base del territorio del antiguo partido de Saña, se conformaron en tiempos republicanos, dos provincias: Lambayeque y Chiclayo, provincias que formaban parte del departamento de La Libertad. En su “Geografía del Perú”, Mateo Paz Soldán dejó importantes datos sobre dichas provincias.

La provincia de Lambayeque, apuntó Paz Soldán, constaba de diez distritos (Lambayeque, San José, Ferreñafe, Mochumí, Pacora, Mórrope, Jayanca, Motupe, Olmos y Salas). A lo largo de su territorio, existían una ciudad (Lambayeque) y quince pueblos, con ocho curatos (Lambayeque, Jayanca, Ferreñafe, Incahuasi y Cañaris, Mochumí, Olmos, Salas y Penache, y Motupe). Lambayeque era una ciudad pequeña, que había padecido los efectos de las inundaciones (“avenidas” las llamó Paz Soldán) de 1791 y 1828, lo que redujo a su población.

La provincia de Chiclayo tenía catorce distritos (Chiclayo, Monsefú, Eten, Lagunas, Jequetepeque, San Pedro de Lloc, San José de Moro, Chepén, Guadalupe, Pueblo Nuevo, Reque, Saña, Picsi y Chongoyape). A lo largo de su territorio, existían una ciudad (Chiclayo), una villa (Eten), quince pueblos (añadiendo a los distritos, el pueblo de Pacasmayo) y once curatos (Chiclayo, Reque, Eten, Monsefú, Saña, Pueblo Nuevo, Guadalupe, Jequetepeque, San Pedro de Lloc, Lagunas y Chongoyape). Paz Soldán únicamente apuntó que Chiclayo era “ciudad muy aseada”. Pocos años después, en 1864, Pacasmayo, Jequetepeque, San Pedro de Lloc, San José de Moro, Chepén, Guadalupe, Pueblo Nuevo, formarían la nueva provincia de Pacasmayo.

LA ECONOMÍA LOCAL

La mayor parte de las páginas que Paz Soldán consagró a Lambayeque y Chiclayo, se dedican al aspecto económico, alabando la gran variedad y calidad de productos agrícolas de la zona: trigo, arroz, azúcar, maíz, granos de varias clases, frutas, legumbres, cocos, dátiles, tamarindos, tumbos, uvas, piñas, mameyes, melocotones, mangos. La riqueza de la zona se basaba en el tabaco, el arroz, las chancacas, cordobanes, sebos, pieles, azúcar y ganado: “Es tal la feracidad de este país que un grano de arroz produce cincuenta espigas, cada una con doscientos cincuenta granos”. Sin embargo, Paz Soldán no dejó de notar el drama del agua, tema sensible y que podría repararse con una política de irrigación.

El movimiento comercial era importante entre Piura y Lambayeque: una proveía de algodón, cabras y mulas; la otra de productos agrícolas como arroz, maíz y azúcar. De Jaén se traía ganado vacuno; si había buena temporada de aguas, Lambayeque producía ganado porcino para exportar a Guayaquil. Se llevaba alfalfa seca a Lima y se producían exquisitos zapallos, “llamados loche”; además, en Olmos, Paz Soldán apuntó la existencia de una especie de yuca, llamada de monte, de caballo o de cochino, ya que, por la carencia de agua, dichos animales las desenterraban y la usaban por instinto como alimento y bebida. El trigo se cultivaba en Chiclayo, aunque no en cantidades capaces de abastecer a toda la zona, por lo que había que importar harinas de Chile. En Eten, Lagunas y Monsefú, se tejían sombreros, cigarreras y colchas de junco, productos que incluso se exportaban a Chile, al igual que el tabaco, sujeto a un estanco en dicho país.

Cada provincia tenía su propio puerto: Lambayeque tenía a San José y Chiclayo a Pacasmayo. Con los datos que tenía, Paz Soldán hizo un reporte del aumento de exportaciones por San José entre 1840 y 1844, con un promedio de 377 mil pesos de la época; las importaciones entre 1846 y 1847, ascendieron a 201 mil pesos.

COSTUMBRES LOCALES

Buen observador de las costumbres locales, Paz Soldán no dejó de notar la rivalidad entre Chiclayo y Lambayeque, pero tal animosidad no era “aquella rivalidad de honor y de progreso que tanto interesa para el adelanto de los pueblos y de los hombres; sino desgraciadamente una rivalidad hija de pasiones mezquinas”. Tampoco dejó de notar el polígrafo arequipeño la destreza hípica de los varones de Lambayeque y Chiclayo, ya que era “de donde se abastece el ejército peruano de soldados de caballería”.

Otro detalle, que Paz Soldán consideró “singularidad”, fue el idioma que se hablaba en el “industrioso pueblo” de Eten, donde “no se conocen ociosos”. Sabemos que se trataba del muchic, pero para el polígrafo arequipeño, era “un idioma que nadie en el Perú lo comprende”, explicando la conservación de dicha lengua por la pureza racial, ya que los etenanos “tienen mucho cuidado de no mezclarse”, apuntando luego, que se decía que en Lima, un chino y un vecino de Eten se entendieron perfectamente.

(*) Abogado y docente universitario.

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