Debido al alto nivel de informalidad de las empresas, cuya cifra supera el 70 % en el país, el especialista en medicina ocupacional y del medio ambiente, Julio Maticorena Agramonte, sostiene que son pocos los empresarios que realizan exámenes ocupacionales a sus trabajadores, dado que lo ven como un gasto, lo cual es un error, pues constituyen una inversión, toda vez que previenen el ausentismo, accidentes e incluso muertes.
“Las grandes empresas en los países desarrollados no invierten en seguridad y salud porque les sobre la plata y no saben en qué gastar, sino porque han entendido que pierden más por una muerte, un accidente o la enfermedad de un trabajador. Aquí en Perú hay algunas empresas que reconocen a los exámenes ocupacionales como una inversión, donde al final tanto trabajador como empresario terminan ganando”, sostiene.
Señala que un trabajador que no se encuentra bien de salud no tendrá una óptima producción en la empresa, lo que a la postre generará pérdidas. Incluso algunas enfermedades comunes ligadas al estilo de vida como la diabetes, hipertensión u obesidad pueden tratarse gracias al diagnóstico de un examen ocupacional.
MARCO LEGAL
Maticorena Agramonte comenta que la primera vez que se habló de exámenes ocupacionales en el país fue en 1947 a través de la Ley Nº 10833, la cual era específica para el sector minero y estaba destinada a la prevención y asistencia de la neumoconiosis, enfermedad producida por el polvo de las minas.
Refiere que el departamento de Higiene Industrial del entonces Ministerio de Salud Pública era un organismo autónomo que invirtió mucho de su presupuesto en salud ocupacional, motivo por el cual profesionales de distintos países de América llegaron a formarse en esta rama.
Al respecto, en el Artículo 2 de la referida disposición legal se mencionaba que los postulantes al trabajo minero debían someterse a un examen clínico y radiográfico, mientras que los ya trabajadores debían someterse periódicamente a los mismos. La autógrafa estaba destinada a los postulantes y trabajadores de los departamentos mineros de Lima, Ica, Junín, Pasco, Huánuco y Huancavelica.
“En ese entonces estaba como ministro de Salud Alberto Hurtado Abadía, quien fue un médico muy renombrado en el país. Llegó gente de Argentina, Brasil y América Central a formarse a este Instituto de Higiene Industrial, el cual tenía mucho futuro, pero por decisiones políticas se le dejó sin presupuesto y desapareció”, sostiene.
Apunta que no sería hasta 1969 cuando el gobierno de Juan Velasco Alvarado promulgó el Código Sanitario, mediante la Ley Nº 17505. Con esta autógrafa se generalizaron los exámenes ocupacionales a las distintas profesiones.
El Artículo 172 de esta ley contempló como acciones de protección “el reconocimiento, evaluación y control de la salud de los trabajadores; y de los agentes físicos, químicos, biológicos, factores ergonómicos y todo aquello que condicione riesgo de la salud de los trabajadores y exámenes médicos de salud y preocupacional y periódico”.
Actualmente rige la Ley Nº 29783 – Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo, promulgada en el 2011, la cual añade a lo contemplado en las anteriores autógrafas, los exámenes ocupacionales de retiro, es decir, aquellos que deben hacerse al concluir la relación laboral; el plazo de cinco días hábiles para que una vez diagnosticada la enfermedad ocupacional esta sea reportada por la empresa, entre otros.
MÉDICO Y ESPECIALISTA
Por otro lado, Maticorena Agramonte aclara que, si bien es cierto es el galeno especialista en medicina ocupacional quien realiza los exámenes ocupacionales, la prevención de una enfermedad ocupacional depende más del ingeniero especialista en higiene industrial, dado que él es el profesional encargado de diseñar el ambiente de trabajo para que la exposición del trabajador a los agentes ambientales esté dentro del límite de lo permisible.
En tanto, el médico ocupacional tiene una labor más orientada a la vigilancia, pues con el examen ocupacional se puede detectar si una persona o un grupo de trabajadores de una determinada área están empezando a sufrir ciertos daños como la disminución de la audición.
“Si de mil trabajadores en la empresa hay 140, cuyas curvas audiométricas están disminuyendo y justamente ellos pertenecen a una misma área, esto podría darnos indicios de una futura enfermedad ocupacional”, explica.
Anota que tanto el higienista industrial como el médico ocupacional deben estar en constante coordinación, porque los resultados de ambos deben concordar. Por ejemplo, señala que no puede ocurrir que el ingeniero determine que los agentes ambientales como el polvo, el ruido, el plomo o el cadmio se encuentren dentro de los parámetros normales según su medición, y por otro lado el médico ocupacional a la hora de hacer su examen encuentre discrepancias de estos resultados respecto a la salud de los trabajadores.
EXAMEN OCUPACIONAL
Maticorena Agramonte explica que para tener una conclusión exacta, el examen médico ocupacional debe realizarse contemplando tres partes: anamnesis, exploración física y pruebas complementarias o auxiliares. Además, anota que debe evaluarse si los indicios de enfermedades que encuentra el médico ocupacional son epidemiológicos, pues no es lo mismo que de mil trabajadores solo dos o tres atraviesen un proceso pulmonar, a que sean 30 o 40 de una misma área.
Respecto a la anamnesis (conversación con el paciente), se pueden recabar distintos datos de mucha utilidad como la edad y la procedencia del trabajador, pues no será lo mismo una radiografía de tórax o la frecuencia cardiaca de una persona de la costa que las de una de la sierra.
Además, señala que estos exámenes deben realizarse antes de iniciar la relación laboral, periódicamente mientras dure esta y al término de la relación, así como cuando se cambia de puesto de trabajo, se reincorpora nuevamente a las labores tras un período de alta médica o por contratos temporales o de corta duración.
Incluye medición de la audición, visión, exámenes pulmonares, osteomusculares, pruebas de función cardiaca, espirometría, electrocardiogramas, exámenes de orina, exploración de la columna vertebral, entre otras.
Anota que es importante también discriminar entre lo que puede ser un deterioro causado por las condiciones de trabajo a otro generado por cuestiones etarias. La presbiacusia, por ejemplo, es una enfermedad que se presenta con el paso de los años y consiste en la pérdida progresiva de la audición.
Afirma que se debe tener mucho cuidado en ciertos casos. Por ejemplo, si un trabajador labora en la empresa desde los 40 años y acusa lumbalgias teniendo 65 años, habrá que determinar si son producidas por la edad o por las condiciones laborales, así como si son los factores ergonómicos los que están originando que aumenten.
“La columna también se ve afectada de todas formas con el paso de la edad, así esta persona no trabaje y lleve una vida sedentaria. Incluso, es muy probable que el 80 % de personas presenten lumbalgia por el simple hecho de ir acumulando años”, asevera.
CONFLICTO ENTRE EMPRESARIO Y TRABAJADOR
El especialista en salud ocupacional afirma que las enfermedades ocupacionales no se presentan de un día para otro, sino que se diagnostican ocho o diez años después de que el trabajador empezó a presentar los primeros síntomas. Por eso, anota que es importante que el empresario realice exámenes de retiro a sus trabajadores.
Manifiesta que, por lo general, las empresas realizan exámenes ocupacionales con una periodicidad indeterminada (anuales, bianuales, trianuales y hasta más) y pocas se preocupan de hacer exámenes de retiro a su trabajadores cuando estos son cesados.
Sin embargo, advierte que cuando el extrabajador entabla una demanda a la empresa por una enfermedad ocupacional, es el empresario quien tiene mucho que perder, pues la ley exige la realización de estas, aunque también son muchas veces los trabajadores quienes no acuden al examen, por lo que la empresa está en la obligación de notificarlo.
“Las enfermedades ocupacionales son en su mayoría irreversibles, por lo que lo mejor que se puede hacer es detenerlas a tiempo”, sostiene.
BENEFICIOS DEL EXAMEN OCUPACIONAL
Además de evaluar la salud del trabajador, sus capacidades y limitaciones relacionadas a las tareas propias de su puesto de trabajo y detectar indicios para prevenir una enfermedad ocupacional, el especialista señala que estos exámenes sirven para desarrollar programas preventivos al interior de la organización.
Añade que permite identificar a trabajadores que podrían generar ausentismo, quienes pueden ingresar en un momento muy productivo, pero presentan un factor de riesgo que a futuro conllevará a que falten a sus labores.
“Si en la historia ocupacional encuentro que una persona es muy sedentaria, fuma, en toda la semana no practica ningún deporte y, peor aún, ni siquiera hace actividad física, entonces esa persona a futuro se pueda enfermar. El sedentarismo tiene mucho que ver con el ausentismo laboral”, manifiesta.
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