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A NUEVE AÑOS DE PUBLICADA ORDENANZA REGIONAL: EL MUCHIK SIGUE SIN ENSEÑARSE EN LOS COLEGIOS

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1123

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  • Las gestiones anteriores de la Gerencia Regional de Educación de Lambayeque alegaron que no había profesores que enseñen la lengua.
  • El muchik se habló hasta 1930 en Ciudad Eten.

 

A pesar de la existencia de la Ordenanza Regional N° 011-2010-GR- LAMB/CR, del 2010, la cual autoriza a los directores de las instituciones educativas a enseñar y difundir el muchik básico, el investigador y presidente de la Asociación Ciencia y Cultura Muchik, Antonio Serrepe Ascencio, señala que hasta el momento esto no se ha cumplido, por lo que exhorta a la Gerencia Regional de Educación a que emita una resolución con la que se haga efectiva el mandato.

 

Explica que los anteriores líderes de la Dirección Regional de Educación de Lambayeque - DREL, hoy gerencia regional, no han cumplido con que se enseñe el muchik aduciendo que no existen profesores que puedan hacerlo, motivo que en su momento era válido, pero hoy ya no, pues la asociación que preside se ha encargado de formar a docentes de esta lengua.

“Ya hemos tenido la experiencia de dictar el muchik en la Dirección Desconcentrada de Cultura – DDC, en la Casa Comunal de la Juventud de Lambayeque – CCJL, en el Museo Tumbas Reales y hasta en la Alianza Francesa, cuya directora nos llamó para enseñar el curso en verano. Ellos sí han  valorado esta lengua a diferencia de las autoridades regionales”, sostiene.

Apunta que actualmente el muchik se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas, Administrativas y Contables de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo – UNPRG, cuyo curso congrega a 17 participantes, lo cual es ya un gran avance.

 

INVESTIGACIÓN

Serrepe Ascencio seña que hoy la labor ya no se centra en la investigación del muchik, sino en su difusión, pues esta es una lengua que ya ha sido ampliamente documentada por reconocidos investigadores.

Explica que él se precia de tener 14 documentos que van desde la época colonial hasta la fecha en los que se recogen estudios de la lengua mochica. Por ejemplo, comenta que el libro más antiguo que habla sobre la gramática del muchik data de 1644 y fue escrito por el sacerdote Fernando de la Carrera, quien trabajó en la parroquia de Reque y aprendió la lengua gracias a la enseñanza de su nodriza.  

Añade el ‘Diccionario de la lengua muchik’ escrito por el alemán Ernest Wilhem Middendorf en 1892; ‘La lengua muchik’, escrita en 1920 por el también alemán Hans Henrich Brüning; el ‘Diccionario de la lengua Yunga’ (1921) del políglota  Federico Villarreal; y otros más recientes como ‘Toponimios y antroponimios muchik’, escrita en 1944 por el chiclayano Jorge Zevallos Quiñones; así como libros de los investigadores José Antonio Salas García y Rodolfo Cerrón Palomino.

“Los libros más antiguos sobre el mochica no los he encontrado en nuestro medio, sino en otros lugares. Tengo fotocopiado el manuscrito original de Fernando de la Carrera, quien escribió su obra en un castellano arcaico, muy difícil de entender. Este libro en el Perú solo está en la Biblioteca Nacional y no lo prestan porque está muy deteriorado, así que para conseguir otro ejemplar eché mano de una antropóloga amiga mía quien lo halló en la biblioteca del Museo de Londres”, sostiene.

 

¿LENGUA MUERTA?

Por otro lado, Serrepe Ascencio discrepa con quienes señalan que el muchik es una lengua muerta, pues explica que este es un término académico moderno que se usa para designar a una lengua que ya no es hablada por grandes comunidades, lo cual no significa en la práctica que aquellas que no sean habladas por naciones enteras ya no sean utilizadas por nadie.

Se opone también con quienes afirman que el muchik no es un idioma, sino tan solo un dialecto. Nuevamente, refiere que desde el punto de vista de la modernidad es muy difícil que la lengua de los mochicas pueda acceder al estatus de idioma, pues las exigencias no van acordes a la época en la que se habló.

Explica que para ser considerado un idioma se exige que este tenga un vocabulario amplio, que tenga contenidos gramaticales, sea hablado por grandes comunidades y tenga obras literarias.

Manifiesta que el muchik cumple con dos de las cuatro primeras condiciones, mientras que con la tercera se cumplió en su momento, pues fue hablada desde la cercanía con Piura hasta Paramonga, en Lima. En tanto, señala que es imposible cumplir con la última exigencia, ya que en los tiempos de los mochicas no existía la imprenta, por lo que es imposible recoger alguna obra literaria publicada por ellos.

“El problema está en que la gente compara al mochica con la actualidad. Dicen por ejemplo que hoy no se habla el muchik puro de antaño, ¿pero acaso nosotros hablamos el castellano puro? ¿Empleamos el del Mio Cid o el que escribió Antonio de Nebrija? Por supuesto que no, pero al mochica sí le exigen que se hable el idioma casto y puro de aquellos tiempos”, cuestiona.

 

HISTORIA

El investigador manifiesta que el muchik se habló desde hace 15 siglos en la costa norte del Perú y algunos lugares de la sierra, resistiendo el paso de las culturas Lambayeque, Chimú e incluso la llegada de los incas, quienes a pesar de permanecer 50 años nunca impusieron su lengua.

“Cuando los españoles llegaron a Lambayeque no encontraron quechua, pese a los 50 años que los incas estuvieron acá. Muy por el contrario, hallaron un vigoroso muchik, a tal punto que los conquistadores elaboraron obras sobre esta lengua”, asevera.

Comenta que el muchik sobrevivió en algunos reductos como Monsefú, Mórrope, algunas zonas de Ferreñafe y Ciudad Eten, siendo este último pueblo en el que se habló la lengua hasta 1930.

Explica que la progresiva desaparición de hablantes del mochica se debió a la presencia española y su propósito de establecer el castellano por la fuerza, pues había castigos severos para quienes no lo hablaban, lo cual hizo que ya las antiguas generaciones dejaran de transmitir el muchik a sus hijos.

“Lo mismo ocurre, por ejemplo, con el quechua de Cañaris e Incahuasi. Los padres ya no enseñan su lengua, sino que prefieren que sus hijos aprendan el español, pues consideran que así tienen más oportunidades”, revela.

Apunta que actualmente hay pocas personas, sobre todo en Ciudad Eten y Mórrope, que hablan el castellano mezclado con algunos términos muchik, aunque sí hay palabras mochicas que han sobrevivido y son empleadas por la población en general como ‘joque’, apelativo del pato padre; ‘ñongo’, persona que no usa pantalones; y chusco, sinónimo de corriente u ordinario.

 

RIQUEZA

Asimismo, sostiene que la riqueza del mochica se encuentra en su vocabulario, frases y oraciones, pues no tiene una terminología doméstica como la mayoría de lenguas antiguas, sino que cuenta con vocablos de filosofía, psicología, comunicación, educación, términos para designar defectos, virtudes; es decir, es una lengua muy amplia.

“El Ministerio de Educación – MINEDU, está haciendo un esfuerzo por recuperar las lenguas nativas de la selva y no es por minimizarlas, pero estas tienen un lenguaje doméstico, solo albergan un vocabulario de su entorno (animales, vegetación, ríos, cerros), en cambio el muchik es una lengua que tiene contenido, es mucho más culta e histórica”, argumenta.

Señala que gracias al conocimiento del muchik es que se puede comprender cómo era la idiosincrasia de ese pueblo, donde la sociedad era muy jerarquizada y estaba bajo el dominio de los militares y religiosos.

“Era un pueblo donde había una división muy clara del trabajo. Estaban los agricultores, pescadores, músicos, ceramistas, orfebres, cada uno tenía su oficio, tanto así que cuando los incas conquistaron estas tierras se llevaron músicos de Reque y ceramistas de Mórrope a Cusco, incentivándolos con estímulos como casarse con damas incaicas”, asevera.

Explica que conocer el muchik también les ha permitido a los historiadores comprender el real valor que le dieron los mochicas a la mujer, pues a diferencia de otras culturas, ellas tenían la misma relevancia que los varones, pudiendo incluso llegar a ser jerarcas como la Dama de Cao o la Sacerdotisa de Chornacap.

“Las mujeres influyeron desde lo más alto, ya sea religiosamente o mediante la conducción militar. Hoy hablamos de igualdad de género, pero eso los mochicas ya lo habían practicado hace mucho tiempo”, asegura.

Comenta que dentro de dos meses saldrá el segundo tomo de su libro ‘El habla de los mochicas’, diccionario con dos mil 880 frases y oraciones muchik.

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