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CÉSAR CARDOSO MONTOYA: “LAS UNIVERSIDADES PERUANAS SON AGREGADOS INSTITUCIONALES”

Escribe: Semanario ExpresiĂłn
Edición N° 1141

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  • Sociólogo considera que las universidades no se han involucrado con la sociedad que las acoge.
  • El también docente cuestiona en qué ha transformado en 50 años la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo a Lambayeque.

 

El 3 de julio del 2014 se promulgó la Ley Nº 30220 – Ley Universitaria, constituyéndose como el quinto dispositivo legal emitido para regular a las casas superiores de estudios desde que Augusto B. Legía diese, el 20 se septiembre de 1919, el decreto mediante el cual se aprobó las cátedras libres en las facultades. Para el sociólogo y docente universitario César Cardoso Montoya, desde entonces las universidades no se han involucrado con la urbe que las acoge.

 

“Debemos reflexionar sobre el rol que la universidad cumple respecto al territorio que la cobija. Conozco todas las universidades del país y están albergadas en el centro de la urbe. Sin embargo estas instituciones son bastante ingratas con el entorno, ya que no existen vasos comunicantes entre estas y las localidades, siendo el caso de Lambayeque uno enérgicamente criticable”, menciona.

Cardoso Montoya cuestiona en qué ha transformado la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo – UNPRG, a la provincia de Lambayeque en los casi 50 años que tiene funcionando, pues considera que, a diferencia de otros países, la universidad en el departamento, y en general en todo el Perú, no ha jugado un rol protagónico.

“A las universidades peruanas yo las denomino agregados institucionales, en tanto que existe una proximidad física con su entorno, pero no una trasformación espiritual. Bajo esa premisa, la Ley Universitaria es letra muerta, pues las universidades no han jugado un rol protagónico como sí lo han hecho en Estados Unidos, por ejemplo, donde una universidad fue la que elaboró la bomba atómica, o en Chile, donde son las casas superiores de estudios las que dirigen el proceso de descentralización”, sostiene.

 

MODELOS

El docente explica que la universidad peruana, desde la creación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – UNMSM, en 1551, solo ha transitado por tres modelos fruto de dos reformas.

Indica que el primero de estos fue el modelo colonial o teológico que estuvo vigente desde el siglo XVI hasta 1850, en el primer gobierno de Ramón Castilla. Explica que en aquel entonces la universidad simplemente funcionaba de nombre, pero en realidad solo servía para expender grados y títulos, pues eran los colegios los que en realidad daban la formación universitaria, tales como el Real Convictorio de San Carlos.

“Durante este período se crearon otras universidad, todas las cuales llevaron denominación de santos como la San Cristóbal de Huamanga, la San Antonio Abad del Cusco y la San Agustín de Arequipa. El norte no tuvo universidades hasta 1824 en que se crea la Universidad Nacional de Trujillo, por lo cual se desprende que las autoridades de ese entonces consideraban políticamente más interesante al sur del país”, señala.

Refiere que el segundo modelo es liberal o napoleónico y estuvo vigente desde 1850 hasta 1919. Apunta que dicho modelo responde a la primera reforma que privilegió la investigación y la extensión universitaria, además de ser importante porque alude al primer civilismo en el Perú e hizo posible que por primera vez la universidad peruana fuese laica, pues hasta ese entonces la formación era escolástica.

“Bajo ese modelo el Estado asume la responsabilidad económica de las universidades, es decir, se destina presupuesto estatal y por primera vez se eligen autoridades universitarias. Allí se designó al primer rector de la Universidad San Marcos y dicha casa de estudios obtuvo el nombre con el que se le conoce ahora, pues antes tenía la denominación de pontificia”, asevera.

Manifiesta que este modelo fracasó porque todos los cargos públicos y las cátedras fueron ocupados por miembros del Partido Civilista, lo cual dio pie a un tercer modelo en 1919, fruto de la segunda reforma desarrollada a imagen de la ocurrida en Córdoba en 1918, de la cual se adoptaron los principios de autonomía universitaria, cogobierno, libertad de cátedra, entre otros.

“El tercer modelo y la segunda reforma se dieron en medio de una profunda crisis política como era el fin del civilismo en el Perú y el inicio del oncenio de Leguía. Es importante señalar que el poder del civilismo residía en el poder de la propiedad de la tierra, el cual concluyó con la apuesta de Leguía por un gobierno de estilo mesocrático que impulsó el crecimiento de las clases medias”, revela.

 

CONCIENCIA UNIVERSITARIA

Por otro lado, Cardoso Montoya señala que hace falta un líder que sea capaz de construir conciencia crítica estudiantil para revertir el rol que viene ejerciendo la universidad y se convierta en una institución que dé respuesta a los desafíos de la sociedad contemporánea y que – en el caso de Lambayeque – no se estanque en disputas internas entre dos grupos que están en permanente conflicto.

“Necesitamos líderes como los de la Generación del Centenario que lideraron la reforma universitaria en San Marcos, tales como Jorge Basadre, Juan Guillermo Leguía y Víctor Raúl Haya de la Torre. Los nuevos líderes deben marcar hito como la Generación del Bicentenario”, menciona.

En ese sentido, señala que el Estado moderno ha fracasado, pues de los tres componentes que lo conforman, el de ciudadanía no se ha fortalecido, toda vez que los ciudadanos buscan verse siempre representados por otras personas, dado que ignoran sus derechos y deberes.

 

UNIVERSIDAD TERRITORIAL 

Asimismo, indica que para ser un buen ciudadano universitario es imprescindible que los estudiantes lean la Ley Universitaria, pues solo así conocerán sus derechos y deberes, partiendo desde el concepto de universidad, el cual – a su juicio- no se refleja en la realidad.

“La definición de universidad que da la ley es que es una comunidad académica orientada a la investigación y la docencia, pero tendría mucho que discutir sobre si verdaderamente tiene esa naturaleza comunitaria, pues al menos en la Pedro Ruiz Gallo no existen vasos comunicantes, no hay entendimiento y las autoridades, salvo ciertas excepciones, no ponen de por medio los intereses institucionales, sino los crematísticos”, indica.

Refiere que debe reivindicarse el concepto de universidad, pues la norma vigente da uno muy general, para lo cual él desarrolla la propuesta de las “universidades territoriales”, el cual tiene como base el hecho de que el Perú es la expresión de la diversidad, dado que es un país heterogéneo, complejo y multicultural, por lo cual debería haber diferentes tipos de casas superiores de estudios que sean acorde a la realidad territorial de su entorno.

 

LEY UNIVERSITARIA

Cardoso Montoya refiere que si bien la Ley Universitaria habla de 17 principios replicados de la Reforma de Córdoba (búsqueda y difusión de la verdad, calidad académica, autonomía, libertad de cátedra, espíritu crítico y de investigación, etc.), no es lo más conveniente emular postulados que no necesariamente responden a la realidad peruana.

“En una sociedad con una grave crisis de valores, cuyo comportamiento se funda en la coima, ¿es lo más conveniente que haya autonomía universitaria? Son casas de estudio gobernadas fundamentalmente por autoridades corruptas que no viven para la universidad, sino que viven de ella, pienso que hablar de autonomía es un exceso. Pienso que cada uno de los principios deben reflexionarse”, sostiene.

En cuanto a los fines, señala que muchos de ellos como el de servir a la comunidad y al desarrollo integral son “letra muerta”, pues los conceptos de colectividad y solidaridad se han desintegrado, siendo que esta sociedad es “insolidaria y corroída por la corrupción”

Al respecto, apunta que la universidad peruana debe dar respuestas a algunas interrogantes como “¿de dónde viene y hacia dónde va?”, “¿por qué el Perú se funda en la coima?”, “¿por qué la sociedad se deleita espiritualmente en torno al espectáculo consistente en sangre, violencia y sexo?”, entre otras.

Menciona que la universidad debe constituirse en una herramienta para las políticas públicas, tal como era en antaño. Explica que hoy ya no lo es, puesto que los gobiernos de turno han prescindido de las universidades al ver que estas carecen de poder, dado su divorcio entre lo intelectual y lo político.

“Me preocupa que la tesis de José Carlos Mariátegui siga vigente hasta ahora, somos inauténticos y como tal no hemos sido capaces de identificar el problema nacional ni comprometernos en resolverlo. No sabemos ni siquiera racialmente qué somos, si cholos, indios o mestizos. Estas respuestas las debe dar la universidad, porque las futuras autoridades saldrán de allí”, acota.  

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