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LO QUE PASĂ“ EL 28 DE JULIO DE 1821: LA JURA DE LA INDEPENDENCIA POR EL CABILDO DE LIMA

Escribe: Marcos Garfias Dávila.
Edición N° 1123

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El 14 de Julio de 1821 el general San Martín envió un oficio a los miembros del cabildo limeño (convertida luego en la municipalidad) instándoles a jurar la independencia.

 

Recibido el oficio por Isidro de Abarca, conde de San Isidro, este convocó a un cabildo abierto para el día siguiente, 15 de Julio. La reunión que en un principio fue exclusiva para los vecinos notables de la capital, entre ellos, los regidores perpetuos, los títulos de Castilla, los miembros de las órdenes militares, el Cabildo Eclesiástico y los titulares de las familias consideradas más distinguidas, terminó abriéndose también para el pueblo en general, el cual se agolpó en las afueras del edificio, gritando su adhesión a la causa libertaria, y en su ímpetu derribaron el busto del monarca hispano y destruyeron el escudo de armas de la casa de Madrid.

En medio de esa algarabía popular, los notables limeños procedieron a redactar el acta de Independencia y a reconocerla luego con sus rúbricas, la lista de los firmantes fue de miles, desde el Conde de San Isidro, la principal autoridad del Cabildo, hasta un sin número de mulatos de la condición más sencilla.

Se procedió luego a decidir el día de la juramentación pública de la Independencia por los vecinos de Lima, escogiéndose el sábado 28 de Julio. Enterado de esto, el general San Martín envió un modelo de la bandera estandarte que debía mostrarse en el día de la ceremonia de la proclama como símbolo de la nación peruana independiente. Pidió además al cabildo que eligiera entre sus miembros a aquel que debería portar la enseña en el acto público. En sesión del 19 de Julio de 1821, el Ayuntamiento eligió al señor Regidor Conde la Vega del Ren por considerarle adornado de las recomendables circunstancias insinuadas.

 

INDICACIONES SOBRE LA BANDERA NACIONAL

“Excelentísimo señor: Debiendo ser el juramento de la Independencia de un modo correspondiente a este acto augusto, y siendo uno de los medios de solemnizarlo el presentarle al público el estandarte de la libertad con el que ha de asegurar sus más caros intereses y derramar por sostenerlo la última gota de sangre; remito a V. E. el diseño de la bandera que provisionalmente he señalado a este Estado, mientras que el gobierno que se establezca determine el que sea conveniente, para que se saque públicamente por la carrera acostumbrada con el respectivo acompañamiento, debiendo V.E. para mayor estima del pueblo, ponerlo en mano de aquel individuo que a juicio de V.E sea el más benemérito de la patria y más digno por sus servicios a ella”.

Según Virgilio Roel no cuenta que el acto de proclama de la Independencia tuvo el carácter de una típica celebración colonial. El acto comenzó cuando en la mañana del 28 de Julio de 1821 salió del palacio de los virreyes una brillante cabalgata encabezada por las autoridades de la Universidad de San Marcos con sus sobresalientes bonetes doctorales, a los que seguían los altos prelados de la Iglesia y los priores de los Conventos; enseguida venían en riguroso orden, los altos jefes del ejército expedicionario, seguidos por los titulados de Castilla y los poseedores de algún hábito de las órdenes militares españolas, cerraban este grupo delantero los oidores de la real Audiencia de Lima y los regidores perpetuos del Cabildo.

El grupo siguiente y principal estaba encabezado por San Martín, en el mismo lugar que en las ceremonias coloniales le correspondía al Virrey, flanqueado a la izquierda por el conde de San Isidro y a la derecha por el marqués de Montemira. Detrás de ellos marchaba encabezando el estado mayor y los altos comandos del ejército, el conde de la Vega del Ren, portando la bandera-estandarte del Perú. Cerrando el cortejo iba un pelotón de húsares, vestidos de gala. Rodeaban el imponente cortejo los alabarderos del Rey, con todas las insignias reales de España.

Las calles aledañas estaban ocupadas por la tropa independentista en formación. En los sitios libres y en las aceras se agolpó la población de la ciudad. Se estima que el público asistente a la ceremonia bordeó las 16 mil almas.

La comitiva llegó a un tabladillo que había sido construido en la plaza mayor o de armas, desde el cual San Martín pronunció la siguiente oración:

“Desde este momento el Perú es libre e independiente, por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”.

Se lanzaron, para culminar, algunas multitudinarias vivas a la patria, a la libertad y a la independencia.

El cortejo se trasladó luego a la plazoleta de la Merced, posteriormente a la Plaza de Santa Ana en Barrios Altos (la actual Plaza Italia), y llegó finalmente a la antigua plaza de la Inquisición, donde la Universidad de San Marcos tenía su sede principal y donde ahora se ubica el Congreso de la República, en todas ellas se repitió la ceremonia de proclamación, luego retorno la comitiva al palacio de gobierno.

 

CELEBRACIONES DE LA JURA DE LA INDEPENDENCIA

Concluida casi al anochecer los actos públicos de proclama de la Independencia, se encendieron todos los faroles y teas de la ciudad, mientras que en los amplios salones del cabildo de desarrollaba una recepción al puro estilo francés, con la concurrencia de lo más selecto de la sociedad capitalina, en tanto que San Martín, así como sus altos oficiales, lucían sus mejores galas.

El baile cortesano se prolongó hasta muy entrada la noche.

El 29 de julio la fiesta continuó. Por la mañana el arzobispo Bartolomé María de Las Heras ofició un Tedeum, así como también una misa de acción de gracias. Para estos actos religiosos el mismo séquito del día anterior siguió, de ida y vuelta, la ruta del palacio de los virreyes a la catedral metropolitana. Después, los miembros del cabildo se reunieron para prestar juramento a la Independencia. Por la noche, con una manera de retribuir las atenciones de la aristocracia criolla de Lima, San Martín organizó otro baile de gala en los salones del palacio virreinal.

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