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ASEGURA RECONOCIDO PSIQUIATRA: DELITOS AFECTIVOS TIENEN UNA BASE BIOLĂ“GICA

Escribe: Semanario ExpresiĂłn
Edición N° 1123

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  • El psiquiatra del Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo, Jaime La Cruz Toledo, señala que es muy difícil controlar una emoción violenta.
  • Explica que cuando la violencia es genéticamente determinada, sumado a la sanción debe dársele un tratamiento al recluso.

 

Ante la ola de delitos afectivos, el psiquiatra del Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo, Jaime La Cruz Toledo, explica desde su profesión las razones que impulsan un crimen afectivo, muchas de las cuales tienen una base biológica, genética y química que no siempre es entendida desde el ámbito del Derecho.

 

Según el artículo 109 del Código Procesal Penal, “el que mata a otro bajo el imperio de una emoción violenta que las circunstancias hacen excusable será reprimido con una pena privativa de libertad, no menor de tres ni mayor de cinco años”.

Para La Cruz Toledo, es imprescindible que quienes imparten justicia reconozcan qué es una emoción violenta para que puedan hacer una correcta administración de la misma. En ese sentido, afirma que estas son la cólera, ira, pasión, rabia, venganza, odio, entre otras, también conocidas como emociones primarias.

Explica que estas emociones tienen como característica el no dar tiempo de planificar una reacción, a diferencia de alguien que sí es violento por una predisposición genética. Señala que quienes tienen una emoción violenta no pueden planificar un delito, a no ser que esta vaya asociada a otra patología que implique un daño cerebral que imposibilite el control de sus emociones.

Sobre este punto, refiere que uno de los fundamentos de atenuación descritos en el artículo 109 del Código Penal para determinar el estado de emoción violenta es el intervalo de tiempo entre la provocación y el hecho, pues “no puede transcurrir un largo espacio temporal entre el hecho provocante y su reacción”.

 

BIOLOGÍA DE UNA EMOCIÓN VIOLENTA

Añade que la neuropsicología funcional explica que las emociones primarias antes descritas se encuentran en la amígdala cerebral, la cual se conecta al lóbulo frontal donde se ubica el discernimiento, el juicio crítico y la personalidad.

Señala que las emociones llegan allí a través de los sentidos, pues las reacciones se darán de acuerdo a lo que se vea, escuche, toque, o cualquier estímulo que brinde información.

“La inteligencia emocional consiste justamente en conectar la amígdala cerebral con el lóbulo frontal, lo cual es casi imposible. ¿Cuánta culpa puede tener alguien que no controla su emoción? Por eso la Psiquiatría y el Derecho están hermanados, pues el segundo castiga la conducta humana impropia y la primera investiga su porqué”, afirma.

 

INFIDELIDAD

Asimismo, revela que uno de los principales desencadenantes de los llamados delitos afectivos es la infidelidad, conducta que también puede explicarse desde el campo de la psiquiatría.

Al respecto, manifiesta que las personas se enamoran del fenotipo (características externas), antes que del genotipo (características internas), dentro del cual se encuentra el psicotipo que viene a ser los detalles de la personalidad. Es decir, cómo es realmente esa persona, cuyos rasgos recién son apreciables en su totalidad después de tres o cuatro años de relación, motivo por el cual muchos matrimonios fracasan.

Señala que la ausencia de reglas morales hace justamente que se desarrolle una conducta muy frecuente en las relaciones de pareja como es el engaño.

Apunta que sobre la infidelidad giran varios mitos como el que esta ocurre porque el infiel ha dejado de querer a su pareja, cuando en realidad muchas veces no es así, sino que al sujeto le hace falta valentía para afrontar las situaciones que le incomodan de su relación; o el que las parejas son infieles porque buscan el divorcio, lo cual está alejado de la realidad, porque por lo general el infiel lo que pretende es seguir de forma camuflada con ambas relaciones a la vez.

Añade que otro mito es que la infidelidad genera que la otra persona pueda “morirse” de amor, lo cual no debería ocurrir en una persona sana, a no ser que tenga un trastorno de personalidad dependiente.

“Hoy sabemos que incluso desde la etapa embrionaria, a partir de los tres meses de gestación, ya se desarrolla la estructura de la personalidad. Por eso la clasificación actual de enfermedades emocionales establece que desde los 15 años el joven tiene una personalidad formada”, asevera.

Anota que quien tiene una conducta infiel por lo general mantiene una doble vida y es incapaz de asumir la responsabilidad de sus actos, al punto que termina culpando a la otra persona de haberle sido infiel.

“A las aventuras las alimenta el secretismo y las amenazas de revelación, pues solo se oculta aquello que es malo, y esto puede ocurrir en cualquier relación. Eso solo demuestra lo humanos que somos”, expone.

 

VIOLENCIA DETERMINADA POR LA GENÉTICA

Por otro lado, La Cruz Toledo señala que el cerebro es una caja electrobioquímica, cuyo modo de actuación dependerá de las sustancias químicas llamadas neurotransmisores, tales como las enzimas Gen MAOA y el Gen CDH13.

Afirma que un estudio realizado por el Instituto Karolinska de Estocolmo a 895 personas condenadas por distintos crímenes en Finlandia reveló que en los reclusos cuyos delitos incluían violencia, no se notaba la misma presencia de las enzimas Gen MAOA y Gen CDH13 que en aquellos cuyos crímenes no fueron violentos.

De allí se desprende que el comportamiento violento está relacionado a unas variantes genéticas.

Explica que el Gen MAOA sirve para degradar neurotransmisores como la serotonina, epinefrina y dopamina, por lo que si su nivel es bajo el cerebro queda saturado de neuroquímicos de tal manera que se induce a la agresión o impulsividad.

En tanto, el Gen CDH13 predispone al déficit de atención, la hiperactividad y el abuso de sustancias adictivas.

Indica que cuando la serotonina se encuentra en bajas cantidades, la persona entrará en un estado depresivo, mientras que cuando está en altas dosis, será posible que tenga una onducta violenta. Por eso en ambos casos es necesario regularla a través de estas encimas.

“Nosotros todo el tiempo tomamos medicamentos para regular neurotransmisores y no nos damos cuenta. ¿Quién no se ha tomado una Clonazepan o una Alprazolam, cuyo mecanismo de acción es regular la serotonina en el cerebro? Los pacientes depresivos también necesitan regular esta sustancia, mientras que los esquizofrénicos regulan otra llamada dopamina”, explica.

Manifiesta que es un error pedirle a un paciente con una enfermedad emocional que “ponga de su parte” para superar, por ejemplo, la depresión, porque es tan igual como si a un diabético se le dijera que se esfuerce para regular el azúcar en su sangre.

“¿Se imaginan si a un diabético le dijéramos pon de tu parte en vez de darle insulina? Lo mismo ocurre con los pacientes depresivos, les decimos que pongan de su parte cuando en realidad no depende de ellos, sino de que se les dé el tratamiento adecuado que regule los neurotransmisores de su cerebro”, cuestiona.

 

SANCIÓN

Ahora bien, explica que a la hora de impartir justicia debe tenerse en cuenta si el sujeto tiene estas tres enzimas reguladas en su sistema nervioso central, pues se castiga al violento, pero no se le da tratamiento.

“Durante el primer gobierno de Alberto Fujimori el Instituto Nacional Penitenciario se profesionalizó e ingresaron abogados, médicos y psicólogos, se formó todo un equipo de tratamiento, pero hoy cuando uno visita el penal se da cuenta que los internos no reciben el tratamiento de acuerdo a su delito. Si fuesen atendidos, las cosas irían mejor”, advierte.

Señala que el artículo 20 del Código Penal indica que están exentos de responsabilidad penal  aquellos que “por anomalía síquica, grave alteración de la conciencia o por sufrir alteraciones en la percepción, que afectan gravemente su concepto de la realidad, no posean la facultad de comprender el carácter delictuoso de su acto”.

Manifiesta que esta normatividad debería revisarse, pues el no tener regulados los neurotransmisores puede calificarse como una anomalía psíquica, ya que la definición de esta son las alteraciones bioquímicas en el sistema nervioso central.

Añade que en “grave alteración de la conciencia” califican los pacientes epilépticos, mientras que en “grave alteración de la percepción” están los esquizofrénicos, pero que en ambos hoy la ciencia ha avanzado tanto que con la medicación adecuada pueden hacerse responsables de sus actos.

Por último, revela que la violencia está asociada al cromosoma X y la testosterona, por lo que al ser el varón XX, tiene una doble predisposición a ser violento, lo cual explica porqué ellos cometen más crímenes con violencia que las mujeres.

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