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INCLUSIÓN LINGÜÍSTICA EN EL PERÚ: DESARROLLAN ALFABETOS PARA 20 LENGUAS NATIVAS

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 934

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En el Perú existen 47 lenguas y 19 familias lingüísticas. En un país donde la inclusión se ha vuelto una tarea de Estado, permitir que las comunidades tengan acceso a información primordial en su lengua originaria se convierte en un proceso que requiere de la formación de especialistas en el rubro de la traducción y la interpretación. ¿Se está desarrollando esto de la manera adecuada? Si bien se ha avanzado en comparación a la década pasada, se debe evaluar la calidad del proceso de traducción y el desarrollo de buenas prácticas que permitan una adecuada inclusión lingüística.

 

¿Qué significan las buenas prácticas en la inclusión lingüística? Rosa Luna García, doctora en Educación y magíster en Terminología por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), la define como el conjunto de medidas tomadas por un gobierno para garantizar la equidad lingüística y cultural de su país, en el marco de un proyecto de planificación lingüística nacional.

 

“Se podría acotar que ese proyecto no lo tenemos en el Perú, tendríamos que construirlo”, señala.

 

Resalta que el peruano difícilmente reconoce más de dos o tres lenguas nativas, siendo el quechua y aimara las más recordadas. “Luego se acabaron las lenguas, las de procedencia amazónica son completamente desconocidas para la mayoría de peruanos, y esta es una obligación a nivel de país: construir una identidad lingüística desde la escuela”, menciona la especialista, quien participó en el IV Congreso Internacional de Educación “EducaAcción: Una mirada intercultural e inclusiva hacia la calidad educativa’, organizado por la Universidad César Vallejo – UCV Chiclayo.

 

ESFUERZOS REALIZADOS

Rosa Luna menciona que la Dirección de Lenguas Indígenas del Ministerio de Cultura cumple una labor capital, centrándose en asegurar que el país pueda avanzar en la implementación de lo estipulado en la Ley de Lenguas, “por ello los intérpretes y traductores son los garantes del cumplimiento de los derechos lingüísticos”.

 

Esta responsabilidad recae sobre los intérpretes y traductores, a pesar que para su formación solo cuenten de tres semanas para cursos básicos y una para la especialización, detalla Luna García.

 

“Uno de los objetivos (que continúa siendo) de esta dirección es desarrollar capacitaciones a intérpretes de lenguas indígenas para procesos de consulta previa y para servicios públicos como justicia, salud, desarrollo y promoción”, describe la especialista.

 

Refiere, asimismo, que otro de los objetivos es mantener y realizar la actualización de los registros de intérprete de lenguas originarias. “Veinte lenguas ya cuentan con alfabetos oficiales, se ha hecho un avance importante, cuatro lo tendrán este año y cinco están en proceso. Pero son en total 47. Aún falta mucho pan por rebanar al respecto”, explica.

 

“¿Cómo traducir e interpretar adecuadamente si no se cuenta con una herramienta tan básica como es la ortografía y la gramática, que son los elementos fundamentales? Un traductor occidental no conseguiría hacer traducciones sin contar con estas herramientas”, subraya Rosa Luna.

 

Otros de los proyectos del Ministerio de Educación – MINEDU, es 22 Días. “También se han desarrollado 11 manuales de escritura y cinco gramáticas pedagógicas”, añade.

 

DERECHOS LINGÜÍSTICOS

La licenciada en Traducción (especialidad en inglés e italiano), por la Universidad Ricardo Palma, defiende los derechos lingüísticos, los cuales reconocen la libertad de todas las personas a usar su lengua materna en todos los espacios sociales.

 

“Esto supone un gran problema en el contexto peruano. Los hablantes de lenguas originarias indígenas reclaman que únicamente pueden usar su lengua en el ámbito familiar y con suerte en el educativo”, describe Luna García.

 

La doctora en Educación por la Universidad Femenina del Sagrado Corazón – UNIFÉ, menciona que la lengua funciona como puerta o vehículo de sus derechos, “de aquí que es tan importante la traducción de la Ley de Lenguas, algo que también ha asumido el ministerio como responsabilidad”.

Pero, ¿cuáles son estos derechos? La especialista indica que entre ellos se encuentra el derecho a no ser maltratado o rechazado por usar una lengua diferente al castellano, en un espacio público o privado. “Muchas veces los profesores se mofan de alumnos que hablan el castellano-andino, o delatan su procedencia hablando un castellano-amazónico, generando que sus compañeros se burlen por el uso de estos dialectos. Los profesores no ponen mucho énfasis para resolver esta falta de equidad”.

 

Refiere también que la actitud de las personas indígenas en ocasiones no corresponde al deseo que tienen por desarrollar su lengua. “¿Cómo te vas a interesar por una lengua a la que le faltan palabras, que no cuenta con los términos recientes y que les permita comunicarse en todos los ámbitos? Hay que otorgar nombres a estas palabras a partir de los principios de cada lengua, pero esto supone conocer a profundidad las mismas”, detalla Rosa Luna.

 

Explica que muchos de ellos reconocen abiertamente que no son bilingües coordinados, pero que sus lenguas no las conocen en profundidad. “Tenemos el derecho a recibir educación en nuestra lengua materna y de esta forma preservar el lenguaje de estas comunidades”, añade Luna García.

 

A partir del dictado de ocho cursos consecutivos referentes a la formación de traductores e intérpretes, la especialista presenta un diagnóstico.

 

RECURSOS A DISPOSICIÓN

Actualmente existe una base de datos originarios del Perú, para educación intercultural bilingüe. Este documento es muy interesante puesto que abarca temas que todo peruano debe saber sobre las lenguas originarias peruanas y sus hablantes.

 

Asimismo, comenta sobre las intenciones de desarrollar un Instituto Peruano de Lenguas Indígenas. “Contamos también con el programa Voces Vivas para la recuperación de las lenguas, el programa Estado Multilingüe, programa Lenguas y Cultura para Todos, campaña ‘Perú: país de muchas lenguas’. Pero, ¿cómo se difunde esto?, ¿en qué niveles? Gestión participativa de la política lingüística, mesas temáticas sobre la situación de las lenguas indígenas y otros medios de difusión se requieren”, subraya.

 

Entre otros esfuerzos del Estado por reforzar la inclusión lingüística en el servicio público se encuentra el manual de usuario en quechua, manuales para el empleo en quechua -chanca, palabras claves para el servicio de salud en lenguas como Ashaninca, Shipibo y demás. “Diferentes tipos de quechua como: el Cusco Collao y el quechua Chanca, que es la variedad de Ayacucho”, enumera Rosa Luna.

 

“Hemos incursionado en las redes sociales, hay un grupo en Facebook (La traducción de lenguas originarias peruanas), el cual dirijo a raíz de la experiencia que tuve dictando cursos de lenguas originarias. ¿Qué se hace en este grupo? Se publican noticias relacionadas con la traducción de estas lenguas, pero no solo del Perú, sino también de países como México, Chile, Brasil y similares”, cuenta la especialista en lingüística.

 

TRABAJO PENDIENTE

¿Quién decide lo que se traduce y lo que no? “Existen varias interrogantes en relación al proceso de traducción. Según las respuestas obtenidas por parte de los encuestados la traducción se concentra en textos educativos y de divulgación, escritos religiosos por excelencia, textos musicales y jurídico administrativos, literatura oral y textos especializados”, señala Luna García.

 

Menciona que, en el contexto religioso, La Biblia es el de mayor flujo, ya que prácticamente ha sido traducida a la mayoría de las lenguas peruanas. “Creo que solo faltan dos o tres de ellas”, indica.

 

“En el caso de las novelas para personas bilingües de niveles subordinados, tenemos que El Principito, El Quijote de la Mancha, obras de García Márquez y Vargas Llosa son los principales. ¿Por qué no ser más trascendentes? Temas que permitan elevar la calidad de los pueblos en vez de apostar por algo que este mismo hablante va a poder leer de forma directa”, propone Rosa Luna.

 

“Puede más el protagonismo y el afán de quienes traducen estas piezas que el verdadero impacto que se busca en la sociedad”, advierte.

 

Comenta que por interés del propio ministerio se ha desarrollado la traducción del reglamento de la Ley 2975, Ley de Derecho a la Consulta Previa. “Siempre se va privilegiando aquellas lenguas que presentan mayor protagonismo y con hablantes que cuentan con mayores grados de bilingüismo y que han desarrollado habilidades de traducción e interpretación”, describe la docente de la Universidad Ricardo Palma.

 

Rescata, asimismo, el hecho que la Declaración de los Derechos Humanos haya sido traducida a 38 lenguas.

 

“Hay que hacer una crítica también al proceso de traducción, puesto que quienes se supone deben leer estos escritos no lograrán entender lo que dice en su lengua nativa si no ejecutamos la actividad de la forma adecuada. No hay un control de calidad, no se revisan los textos y entonces a veces puede más el afán de mostrar que se está traduciendo mucho y que se forman muchos traductores, pero en realidad no lo están haciendo de forma técnica y profesional”, sentencia Rosa Luna.

 

La especialista finaliza recomendado un trabajo más meticuloso, puesto que lo peor que se puede hacer es desacreditar a todo el grupo de traductores e intérpretes. “Hay que trabajar por mejorar el producto para no perjudicar a las comunidades que se rigen de estos documentos”, finaliza.

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