Semanario Expresión up

RELATO BASADO EN HECHOS OCURRIDOS EN 1921: LA FIEBRE AMARILLA LLEGA A CHICLAYO

Escribe: Miguel Díaz Torres (*)
Edición N° 1141

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Capítulo IV – Parte Final

Atacando la epidemia

 

En base a la experiencia obtenida en Guayaquil en 1918, Hanson decidió mandar construir contenedores de agua en el patio más grande de la casa que alojaba al equipo médico y pidió que le trajeran peces de todo tipo, abundantes en los ríos cercanos. Experimentó con seis especies diferentes, observando que los peces pequeños que más sobrevivían y se alimentaban de las larvas de los zancudos eran la mojarra y el chalcoque aunque el que cumplía mejor la tarea y el más resistente era el que llamaban “life”.

Pasó otro mes y llegó junio. El doctor Hanson reunió a su equipo y le dijo: “Vamos contraatacar epidemia, criaremos y distribuiremos peces llamados ´li-fe`, servirán como larvicidas. Estos pececillos, cuyo nombre se escribe li-fe como una palabra en inglés  traerán LIFE (vida) a este pueblo”.

Comenzó una tarea contra el reloj. Se capturaban y criaban los peces y con baldes las cuadrillas comenzaron a recorrer las calles, tocando casa por casa. Joaquín y sus compañeros trataban de convencer a la gente de que acepte los pescaditos:

-“Señora, le ruego que reciba unos pescaditos”, era el pedido cotidiano, y la respuesta habitual: “No señor, cómo quiere que deje esos pescaditos en mi agua porque cuando ´se ocupen` me la van a ensuciar”.

Un día, la curiosidad llevó a Joaquín a capturar zancudos en la habitación de la casa de un enfermo. Logró meterlos en un frasco de boca ancha y con una pequeña lupa observó aquellos animalitos tan pequeños que eran culpables de tantas muertes; vio que eran negros, con diseños blanco-plateados, unos anillados característicos en las patas y, de pronto, sintió por ellos una extraña sensación de respeto.

Hanson mantenía un registro detallado de gastos, casas inspeccionadas y depósitos de agua tratados. Poco tiempo pasó para que el sistema fuera aceptado por la población. Comenzaron entonces las rondas semanales de las cuadrillas y la entrega de más pescaditos cuando hacía falta. Los depósitos eran examinados y se tomaba nota de los depósitos donde se habían encontrado ninfas o larvas de los zancudos.

Ya para Fiestas Patrias comenzaron a verse los resultados pues el número de depósitos con larvas iba disminuyendo. La fiesta estaba opacada por la epidemia aunque hubo actividades cívicas, religiosas, culturales y deportivas; Joaquín trató de asistir a algunas de ellas en el escaso tiempo libre que le quedaba luego de cumplir su labor en la cuadrilla sanitaria. En el Parque Principal, la Sociedad Amantes de las Artes colocó un Arco Alegórico frente a su fachada mientras el embanderamiento fue general. Las celebraciones resultaron más numerosas en Lambayeque donde fueron inauguradas las plazas “27 de Diciembre” e “Independencia”, mandadas a construir por el gobierno de Leguía. Entretanto, una delegación de alumnos del colegio San José había viajado a Lima para el desfile central del centenario.

Al presentarse casos de fiebre amarilla en Chongoyape, Hanson viajó a ese lugar a investigar. Llegó hasta un pueblo llamado “Huaca Blanca”, donde realizó una autopsia para comprobar la enfermedad. Ya había ocho muertos y tres pobladores estaban enfermos, el pueblo se encontraba exaltado y Hanson con su característica frialdad le habló a la gente congregada en la plaza principal:

-Señores, ustedes no pueden parar la yellow fever, yo sí, este pueblo no ser pueblo importante para control sanitario general, muchos tendrán la fiebre algunos recuperarán, otros morirán.

Un hombre de entre la multitud gritó: “¡Qué brillante futuro nos espera!

-Sus autoridades… encargarse… de hacer cumplir recomendaciones que estoy dejando. Gracias.

En Chiclayo los médicos norteamericanos tenían como única distracción nocturna tocar algún instrumento musical y cantar. El Dr. Morris Seeley inspirándose escribió un poema reflejando el conflicto entre los médicos y la población titulado: “El final del camino amarillo” y de vez en cuando repetía:

“And they piled them up, tier on tier,(….)”

Ya para mediados de año la fiebre amarilla había llegado a Trujillo con la consiguiente muerte de muchos pobladores pero la experiencia obtenida permitía una mayor efectividad en la lucha contra la afección.

Haciendo un breve alto en esa lucha, los médicos norteamericanos decidieron darse tiempo para asistir a una corrida en la plaza de toros de Chiclayo a la que se ingresaba por un largo callejón desde la Plazuela Aguirre. Quedaron muy sorprendidos al observar la excitación de los chiclayanos con la fiesta que enfrentaba a toreros españoles con astados locales mientras una banda tocaba pasodobles. La algarabía de la gente era total, las flores y los sombreros volaban en señal de alegría y mientras tanto la epidemia quedaba olvidada por unas horas.

El doctor Henry Carter dejó Chiclayo al sentir su salud resquebrajada por el trabajo. Se despidió de sus colegas en la puerta principal de su cuartel general -y vivienda por varios meses- , en especial del doctor Alva con quien había hecho gran amistad  y al que alentó por su trabajo sobre la fiebre amarilla en la región.

El doctor Alva con tristeza le respondió: “Usted ha sido como un maestro para mí, sus sabias enseñanzas las tendré presentes por siempre”.

Carter subió al tranvía jalado por una mula, que pasaba por la calle Real en dirección a la Estación del Ferrocarril a Eten y alcanzó a decir: “Le escribiré amigo Alva, téngalo por seguro”

Así llegó noviembre. Un día, el doctor Hanson, después de leer sus anotaciones, dio una noticia a sus colegas: “A pesar carencia agua potable, el método utilizado dejar pececillos en depósitos de agua de casas fue simple, barato y efectivo, número de casos de depósitos con larvas ha disminuido a menos de 3 %, yellow fever ha sido controlada”.

Los abrazos y felicitaciones entre todos los miembros del equipo, norteamericanos y peruanos fueron efusivos y sinceros; lo mismo sucedió entre las personas que como Joaquín tenían una relación de trabajo diario con ellos. A continuación, agregó el Dr. Hanson:

“He llevado un registro minucioso y puedo decirles que total, visitas reiteradas, durante estos meses a las casas en Chiclayo ha sido de varios miles, incluyendo casas encontradas cerradas, depósitos de agua revisados, con larvas o también con ninfas (aunque para este caso fue solo de un par de miles) y, por último, el número de peces distribuidos ha sido enorme, siendo Checlayo el primero donde se realiza este labor.”

A fines de año, los médicos norteamericanos dejaron Chiclayo. En la estación del ferrocarril a Eten fueron ovacionados por las ocasionales personas que se encontraban allí: “¡Vivan los gringos!”, se escuchaba. La gente aunque tarde había comprendido la labor que habían venido a realizar. Atrás quedó la campaña promovida por el diario “El País” en contra de los médicos extranjeros. Hasta un espontáneo se lanzó a decirles unos versos:

“La fiebre y los gringos llegaron/ en este pueblo se encontraron/ La amarilla desapareció/ pero el amarillo de su pelo quedó”, siendo aplaudido por la multitud.

Joaquín también estuvo presente en la despedida de los doctores. El Dr. Hanson lo cogió del hombro mientras le decía: “Gracias por su ayuda, usted representa al checlayano que da su mano, sin esperar nada a cambio”. Al partir el tren, no quedó en la estación una persona que no levantara los brazos despidiéndolos; Joaquín, al bajar sus brazos, golpeó a una persona tras él y cuando volteópara disculparse tuvo una sorpresa: “¿Dr. Ugaz usted también por acá?”

-Entre nos, amigo Joaquín, estos médicos “gringos” a su estilo pero nos ayudaron y salvaron de esta epidemia, hay que reconocerlo.

Joaquín lo interrumpió diciéndole: “Roguemos porque este encuentro con usted no sea motivo de otra epidemia”. El doctor Ugaz le palmeó la espalda y respondió: “Entonces nos faltan muchos encuentros porque sé de otras epidemias más” y, riéndose, los dos caminaron de regreso al centro de la ciudad.

 

(*) Coleccionista e investigador.

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