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ALFONSO TELLO GAMARRA: MEDIO SIGLO DE VIDA ARTÍSTICA

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1154

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  • El actor ha recorrido todo el país con la ‘Cantata del Señor de Sipán’.
  • El artista cuestiona la falta de apoyo estatal a las iniciativas culturales.

 

Lo que se hereda no se hurta. Alfonso Tello Gamarra nació en una familia donde se respiraba el arte. Su padre, Alfonso ‘Fuco’ Tello Marchena, fue un reconocido poeta, pintor y periodista, quien además de promover la movida artística lambayecana, fomentó la participación de sus hijos en dichas actividades. A los 12 años, motivado por su padre, el joven Alfonso Tello tendría su primera incursión.

 

“Entre 1960 y 1962 se formó el Instituto del Libro Lambayecano, el cual estaba conformado por una serie de escritores, entre quienes se encontraba mi padre. En aras de promover la producción literaria en el departamento se realizó una feria, cuyo símbolo era el Huerequeque. Mi padre me animó a que hiciera la representación de esta ave, fue así que mi madre me cosió el vestuario y en 1962 hice mi primera presentación pública en el Parque Principal de Chiclayo”, relata.

No obstante, Alfonso Tello ya había demostrado cierta inclinación por el teatro, actividad que a la postre perfeccionaría. Por aquel entonces estudiaba en el Colegio Particular Chiclayo y uno de sus profesores, el monsefuano Segundo Fenco Lluén, organizó la obra teatral ‘La muerte de Francisco Pizarro’.

“Por esos años estaba en una etapa de búsqueda. Me gustaba el arte, pero también el deporte. Me apasionaba el básquetbol, pues por mi barrio todos jugaban, ya que allí estaba el Club Leonardo Ortiz, que se había fundado en 1950”, recuerda.

 

TEATRO

Tello Gamarra cuenta que su actividad teatral ya de un modo más profesional empezaría unos años después, cuando estudiaba en el Colegio de San José. Era 1968 cuando el actor nacional Modesto Alberto Sorogastúa llegó a Chiclayo como administrador del Canal 4 y captó a un grupo de chicos para montar una obra teatral. Ensayaban en el set del medio de comunicación, pero unos problemas dirigenciales motivaron el retorno de Sorogastúa a Lima y la obra no llegó a presentarse.

Al año siguiente ingresaría a la Facultad de Derecho de la entonces Universidad de Lambayeque. Sin embargo, la fusión con la Universidad Agraria del Norte para dar paso a la Pedro Ruiz Gallo hizo que en aquel año se paralizaran las actividades académicas, tiempo que aprovechó para enrolarse en los grupos teatrales de la época.

“Por aquellos años uno de mis profesores fue el español Francisco Ruíz. En la época del 70 hice obras de Julio Ortega como ‘La campana’, de Víctor Zavala como ‘El gallo’ y ‘La gallina’, todas las cuales tenían una temática campesina. A la par también empiezo a incursionar en el mimo”, menciona.

Más adelante, con el grupo ‘Los Runas’ actuaría en la obra ‘El último cargo’ y luego participaría en la formación de elencos teatrales como ‘El Molino’ y grupos dentro de la cooperativa Pomalca. Asimismo, de 1982 a 1984 dirigió un grupo en el Colegio de San José con el cual montó obras como ‘El Principito’ y una adaptación teatral de ‘El caballero Carmelo’, teniendo la colaboración en esta última de alumnas del Colegio Rosa María Checa.

 

FESTIVALES

Tello Gamarra señala que la década del 80 también es particularmente importante en su carrera, pues participa del Sexto Festival Latinoamericano del Mimo impulsado por el ‘Grupo Piqueras’. En base a esa experiencia en la que se tocó la necesidad de impulsar esta disciplina teatral fue que en 1986 se organizó el Primer Festival Nacional del Mimo.

“A raíz de esta propuesta surge el Festival Nacional del Mimo en el que participaron agrupaciones de diferentes partes del país, realmente nos quedamos sorprendidos con la cantidad de mimos que llegaron. Notamos que se habían formado espontáneamente, ellos mismos tomaron la iniciativa de desarrollar sus propuestas”, detalla.

Precisa que las dos siguientes ediciones de este festival se realizarían en Chiclayo, donde participarían personalidades ligadas al arte como José ‘Pepe’ Atto, Azucena Arrasco, entre otros. Dentro de las problemáticas planteadas en dicha actividad se tocó la necesidad de crear una escuela de arte en Lambayeque.

 

ESCUELA DE ARTE

Si bien Alfonso Tello ingresó a la Facultad de Derecho, al poco tiempo se cambió a la de Sociología. Formó parte del Consejo de Facultad y es allí donde presentó el anteproyecto para la creación de la Escuela de Arte, el cual fue aprobado el 30 de mayo de 1986 y elevado a Consejo Universitario. A partir de allí empezarían las gestiones administrativas que se estancarían al poco tiempo por procedimientos burocráticos.

En 1990 se formaría la Coordinadora de Artistas Lambayecanos – COAL, la cual tendría entre sus funciones darle impulso y seguimiento a la creación de la Escuela de Arte. El gremio fue conformado inicialmente por Javier Villegas, Rosario Olivera, Laura Mendoza, Edmundo Chapoñán, Moraima León, entre otros.

Finalmente, en el 2012 se concretó la creación de la Escuela de Arte, la cual cuenta con las especialidades de música, teatro, danzas, artes plásticas y pedagogía del arte.

“La escuela viene funcionando de la mano de muchos artistas, escritores, narradores y poetas que se han involucrado, pero no se le ha dado el impulso necesario. Necesitamos que tenga el soporte logístico; es decir, salas especializadas para que los docentes puedan dar una formación más integral en todas las especialidades. Hay un material humano importante, pero es importante sacar cuadros que luego promuevan las actividades artísticas en Lambayeque”, cuestiona.

 

CANTATA DEL SEÑOR DE SIPÁN

Por otro lado, Tello Gamarra cuenta que en 1990 Edgard Dante Saavedra y Amado Tizoo habían iniciado la Cantata del Señor de Sipán con relativo éxito, viajando a países como Ecuador, Colombia y Venezuela. Sin embargo, por razones personales Amado Tizoo dejó la Cantata, lo cual motivó a que Saavedra le ofrezca asumir el personaje.

“Cuando vi el trabajo inicial realmente no me gustó. Era demasiado lento, le faltaban muchas cosas, entonces cuando Edgard Dante, quien es el autor de la música y los diálogos, me ofrece el personaje lo acepto, pero le dije que se debía hacer una serie de reajustes a ese trabajo artístico, porque era una obra estática. Le puse mi propuesta y a partir de ese momento la Cantata tomó otro rumbo”, reflexiona.

Apunta que las primeras presentaciones que tuvo como parte de la Cantata fueron en el coliseo de gallos de Ayabaca y la plaza del mismo distrito, obteniendo una gran acogida por parte del público, que se asentó desde las 7 de la noche a presenciar el espectáculo. Posteriormente recorrió todos los departamentos del país, salvo Madre de Dios y Loreto, y países como Bolivia, Chile y Estados Unidos, precisamente Washington y Nueva York.

“En 1994 estuvimos casi cuatro meses en distintos escenarios de Estados Unidos, donde logramos ocupar un espacio importante. Después hicimos escenificaciones de casi un año en diferentes colegios e instituciones de Lima entre 1998 y 1999. Alberto Andrade también nos invitó con ocasión de los 10 años del descubrimiento del Señor de Sipán a hacer una presentación en el atrio de la Catedral de Lima, la cual contó con la participación de casi todos los alcaldes del país, muchos de los cuales luego nos invitaron a hacer presentaciones en sus ciudades. Incluso estuvimos en la celebración del Inti Raymi en Cusco”, recuerda.

 

FALTA DE ESCENARIOS

Tello Gamarra manifiesta que desde la década del 60 a la actualidad la movida artística en Lambayeque ha crecido, pese a la falta de apoyo del Estado, lo cual se ve reflejado en la carencia de espacios como salas teatrales o salas de exposiciones.

Señala que en las tres provincias no existen salas de teatro operativas, pues en Chiclayo el Teatro Dos de Mayo continúa cerrado a la espera de su restauración, en Ferreñafe está casi destruido desde hace 30 años y en Lambayeque dicho espacio fue ocupado por el Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo.

“Considero que hay una indiferencia total por parte de las autoridades, quienes se han preocupado por hacer plataformas deportivas en todos los pueblos jóvenes y distritos, pero ni una sala teatral para promover el arte y la cultura”, critica.

Menciona que una de sus propuestas es que el ex convento de los franciscanos sea utilizado para hacer un “gran edificio del arte y la cultura lambayecana”, pues desde hace 30 años las autoridades han dejado que su infraestructura se deteriore por el paso del tiempo.

“Sería importante, porque los pintores no tienen una sala especializada para exposiciones pictóricas, los niños no tienen dónde hacer teatro, no hay espacios para ensayos, talleres, tantas cosas que impulsarían la cultura y podrían ser aprovechadas incluso por los turistas que vienen por los descubrimientos arqueológicos, pero que también buscan la parte artística”, finaliza.

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