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LA CORRUPCIÓN SE EMPODERA: Falta de reacción ciudadana la hace cada vez más fuerte

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1278

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Los diarios destapes de escandalosos hechos de corrupción, que involucran a personajes del aparato estatal político gubernamental, no hacen sino poner al descubierto un estilo de vida normalizado, el cual, según los entendidos, no debería dejarse pasar por alto.

Cito textualmente a lo dicho por la catedrática de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura - UDEP, Genara Castillo, quien manifiesta que el fenómeno de la corrupción, que involucra especialmente al Ejecutivo, viene afectando a los peruanos tanto económica como moralmente.

“El daño más grande es en el plano moral, porque hay un riesgo de acostumbrarnos a la corrupción. Al normalizar estas prácticas la gente se vuelve más permisiva y eso trae como consecuencia un proceso de desmoralización y pesimismo, asimilar la idea de que no es posible actuar bien y que no hay manera de salir”, indicó.

En ese sentido, señaló que debemos evitar que el desánimo nos venza para que las prácticas corruptas se fortalecen cuando no existe reacción por parte de los ciudadanos, cuando lo que vemos es que se está saqueando los fondos que todos los peruanos destinamos para hacer hospitales, escuelas, programas de empleo temporal, en lugar de ver que se usan para el bien común.

Entre otros considerandos, Genara Castillo pone en realce su criterio, diciéndonos que, “los peruanos tenemos una amplia tolerancia a la corrupción, porque la percepción general es que todos los políticos están involucrados en hechos ilícitos”.

La especialista continúa diciéndonos que lo que está pasando ahora no hace más que añadir a la decepción que tienen los ciudadanos y lamentablemente suma al relativismo de decir que, “si otros han robado, este gobierno también lo puede hacer”.

Mala costumbre

Ángel María Manrique, encargado de la oficina de la Defensoría del Pueblo en Arequipa, trata el tema desde un primer punto, el cual está referido, por cierto, a la corrupción.

Para Manrique, los recurrentes errores son unos de los grandes dramas de los gobiernos regionales y locales que administran de manera deficiente los recursos de todos los peruanos. “Se tiene que ir desterrando esta mala praxis”, refiere.

Dice igualmente que se debe buscar recuperar la confianza de la población. La fórmula para hacerlo, indicó, es cumpliendo la ley y colocando a los funcionarios que cumplan los requisitos de los valores morales y la probidad.

“El punto de inicio de la corrupción es cuando designas a funcionarios que no cumplen el perfil técnico ni ético (…) Tenemos que rechazar la costumbre de contratar al compadre o la comadre”, aseveró.

El representante de la defensoría pública subraya que la autoridad política no designa a los profesionales técnicos adecuados para hacer los expedientes técnicos, por eso en plena ejecución de las obras estos son observados, generando con ello retrasos, adendas al contrato, modificaciones al presupuesto y hasta paralizaciones indefinidas.

Es así que sostiene que la población está harta de los políticos, porque crean falsas expectativas y no garantizan el funcionamiento de los proyectos, tal es así que “las personas que llegan a ocupar cargos de poder, creen que pueden administrar a su antojo los recursos y no en el marco de la ley”.

¿Qué tenemos en Lambayeque?

Diríamos que de todo. Tenemos autoridades – pocos o casi nada – probas, honestas y deseosas de hacer una buena gestión, pero en su mayoría, son deshonestas buscando un interés personal. Por esa razón estamos colocados en los primeros lugares con altos índices de corrupción en el país y la ciudadanía, bien gracias, “que robe pero que haga obras y siga robando”. Es lo que tenemos.

En campaña ofrecen honestidad y cuando son elegidos, de un día a otro mutan a la deshonestidad, comienza el saqueo con herejía y van en busca de lo ajeno cual banda de ladrones de cuatro esquinas para lograr el objetivo de arrebatarle al pobre lo poco que le queda; es decir, su dignidad y su alicaído bienestar.

Son lo que son y por eso, con preponderancia compulsiva, buscan a como dé lugar ser autoridad, corriendo de un lado a otro, para pedir que por misericordia voten por ellos, para de esta manera, con el arma letal que nosotros les otorgamos, nos disparen directo al corazón.

Eso es lo que Lambayeque tuvo, tiene y seguirá teniendo si les creemos a los políticos que nos dicen que su mayor exquisitez es ser autoridad, que todo lo han hecho bien.  

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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.     

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