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TESTIMONIO: JUNIOR: “UN PORTADOR DE FE”

Escribe: Carlos Santa Cruz Alarcón
Edición N° 1117

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Descubrió por casualidad que estaba infectado con el VIH- SIDA. Estuvo a punto de suicidarse pero un milagro cambio su vida. Hoy en día, privado de su libertad en el establecimiento penal de Chiclayo,  lucha por salir para predicar el Evangelio  y contar su testimonio de vida.

Junior es un joven chiclayano de 27 años, que purga condena por robo agravado, es el segundo de tres hermanos, proviene de una familia disfuncional, perdió a su padre cuando tenía 17 años, su vida estuvo marcada por las drogas, el alcohol y el sexo.

“Mi padre era un hombre que consumía alcohol, era muy violento, fuí testigo de las innumerables agresiones hacia mi madre, no había tranquilidad en mi hogar, creí pensando que algún día acabaría con su vida”, narra.

Afirma que su pasión siempre fue el fútbol sin embargo no pudo desarrollarse en esta disciplina por las circunstancias adversas que le tocó vivir. Estudió solo hasta primero de secundaria en el colegio Nuestra Señora de la Paz, institución educativa a la que su  grupo llamaba “Maranguita”.

“Yo también me convertí en un ser violento, en varias oportunidades escapé del colegio, la primera vez que bebí alcohol fue a los 9 años, lo hice con los amigos de mi padre, a los 14 años me inicié en las drogas y el sexo”, relata.

Seguidamente sucumbió en la delincuencia “recuerdo que para cometer fechorías mezclaba la cocaína, la marihuana y diazepam y salía a las calles hecho un demonio. Arrebataba carteras, celulares, entre otros objetos de valor”, cuenta.

Refiere que cada vez se degradaba más. Llegó a estar involucrado en dos intentos de homicidio, su compañero en estos actos delictivos terminó en el “escuelín” y él huyo a la selva para empezar una nueva vida.

“Cuando estuve en la selva traté de llevar una vida tranquila, trabajaba como ayudante de panadería, siempre soñé con tener una familia pero solo fue una ilusión. La vida loca me asechaba y los malos amigos terminaron induciéndome nuevamente a la droga y el alcohol, a ello se sumó la tristeza de perder a mi mejor amigo quien terminó suicidándose en el “Escuelín”, añade.

Frecuentaba discotecas de ambiente pasando el rato con hombres que buscaban diversión y aventuras. Por mi mala cabeza perdí el trabajo y los excesos me pasaron la factura.

Relata que gran parte de su vida se la pasó en centros de rehabilitación recibiendo terapias para ayudarlo alejarse de las drogas y el alcohol.

Mi madre hizo todo lo posible por recuperarme, pero mi adicción  pudo más, y terminé escapándome para conseguir dinero, drogarme y emborracharme. Cada vez me hacía más violento en varias oportunidades agredí a mi madre y a mis hermanas.

Sin embargo, Junior sostiene que todo tiene su tiempo y a él le llegó cuando estuvo en un centro de rehabilitación.

“Me encontraba en un centro de rehabilitación cuando una ONG que realizaba descarte de VIH  evaluaba a cada uno de los internos, mi cuerpo presentía algo, estaba nervioso, fui el último en realizarme la prueba. Recuerdo que la enfermera pinchó mi dedo, me miró fijamente a los ojos  y me realizó una serie de preguntas para culminar diciéndome que era portador del VIH, es decir tenía SIDA”, narra con lágrimas en los ojos.

El diagnóstico le cambió la vida, no hallaba paz y lo único que se le cruzaba por la mente era suicidarse porque era consciente que la enfermedad no tenía cura.

“Me sentía un muerto viviente, ya no tenía razón para seguir en este mundo, me hicieron nuevas pruebas y todas confirmaron la enfermedad. Todo estaba consumado”, refiere.

SU ENCUENTRO CON EL SEÑOR

Cuenta Junior que parte de su tiempo en el centro de rehabilitación era escuchar la palabra de Dios, las visitas de miembros de iglesias evangélicas eran constantes. El ya había escuchado hablar de Jesucristo y de todos los milagros que había hecho, los mismos que están plasmados en la Biblia.

“Yo conocí a Cristo en un centro de rehabilitación pero como todo hombre débil y falto de fe, volví a recaer. Trataba de olvidarme de mi enfermedad pero era imposible, mi camino oscuro y pecaminoso me llevó a la cárcel sentenciado por robo agravado, hoy purgo una prisión de 14 años”, agrega.

Cuenta que la primera vez que recibió tratamiento estuvo acompañado de su madre, ella siempre fue su soporte y consuelo.

“Mi madre estuvo conmigo cuando fui al hospital a recibir el tratamiento médico- psicológico, fue mi único respaldo”, añade.

Cree que si antes hubiera entregado su vida a Dios, no estaría preso. No obstante, ahora es un convencido, que Dios quiso que esté en ese lugar para conocerlo de la manera que hoy lo conoce. “Puedo decir a viva voz y con mucha fe, que Dios existe”.

Junior relata que lleva 2 años preso y un nuevo encuentro con Cristo revolucionó su existencia, hoy es un nuevo hombre y transformado por el poder de Dios.

“Recuerdo que una noche viví algo sobrenatural, estaba durmiendo y de pronto sentí que mi alma se separaba de mi cuerpo, tan rápido que se elevaba hasta el cielo, yo gritaba desesperado pues veía a mi alrededor demonios que me acechaban y trataban de impedir que suba. De pronto llegué a un lugar muy bello y pude contemplar el rostro de Dios, era algo impactante, definitivamente yo estaba en el cielo al frente del Todopoderoso, aquella experiencia sobrenatural la había buscado, la anhelaba de corazón y la conseguí con ayuno y oración”, sostiene.

Junior narra que decidió entregar su vida a Cristo y recibirlo como su Señor y único Salvador. Desde el 25 de noviembre del 2018 ha dejado el tratamiento del VIH- Sida.

“Después de aquella experiencia sobrenatural, Dios me habla de varias formas, lo encuentro cada vez que vigilo de madrugada, también lo veo en el matutino, aire libre, culto y hasta siento su presencia en el ayuno, para mí la oración ha sido muy importante para lograr todo lo que hoy comparto con ustedes”, señala.

Añade que la Biblia es la palabra de Dios, lo confirma cuando relata los milagros que hizo Jesús en la tierra: sanó leprosos, recobró la vista a los ciegos, hizo caminar a los cojos y resucitó a los muertos, solo por citar algunos ejemplos.  Todo es por fe y es ahí donde pretende centrar el milagro que Dios hizo en su vida.

“Una noche de vigilia le dije: Señor hoy pongo en tus manos mi enfermedad, también mi tratamiento médico, yo creo en Ti , se que existes y éstas aquí conmigo, en el nombre de Cristo Jesús estoy sano y salvo desde aquel 25 de noviembre del 2018 ya no consumo ningún tipo de medicamentos, me siento feliz, fuerte y liberado.  Dios ha roto las cadenas de la enfermedad, por su poder soy un hombre nuevo y transformado. Dios me ha bendecido, hoy vivo en una cuadra de cambio donde la presencia de Dios se hace cada vez más latente.”, dice Junior.

Cuenta que ha decidido llevar el mensaje a otras personas infectadas con VIH- Sida, su presencia por tópico es casi constante especialmente los días donde son atendidos los portadores de dicha enfermedad.

“No me avergüenzo de contar mi historia a los hermanos en Cristo, trato de ayudarlos, de alentarlos y sostener que por fe podemos ser salvos. Yo me considero un milagro de Dios, el estar privado de la libertad física me ha hecho libre espiritualmente, sé que pronto dejaré este lugar y mi compromiso con Dios es predicar el evangelio por todo el mundo. Hace uno meses asistí a un control y los resultados fueron sorprendentes, mis análisis arrojaron “virus no detectable” es decir mis defensas han aumentado a tal punto que el médico sostiene que el virus está muerto, me han vuelto a sacar otro examen y estoy seguro que Dios confirmará que estoy sano”, afirma.

Junior finaliza este relato diciendo que todo aquel que se arrepiente de corazón Dios le tiene preparado algo especial  en su vida, y a través de este medio, hace una invocación a muchos jóvenes que aún andan por caminos pedregosos que busquen la luz al final del túnel y cuando la encuentren no dejen de seguirla.

Dios existe y quiere que seamos dignos de El, su palabra textualmente dice: Venid a mi todos los que están trabajados y cargados y yo os haré descansar. “Yo estuve cansado y trabajado, casi al borde del suicidio pero Jesucristo cambió mi vida, ahora estoy a la espera de su promesa, sé que pronto llegará”, confiesa con esperanza.

 

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