A Alfredo Bryce Echenique, quien partió este martes 10 a los 87 años, no solo lo despido como el lector devoto de su prosa vital, nostálgica y de su buen humor. Lo recuerdo, sobre todo, por el eco de su voz en persona; por esa capacidad de hilvanar anécdotas donde la risa y la melancolía se daban la mano; quizá igual o mejor que las de sus libros.
Recuerdo una historia en particular, contada entre bromas, que involucraba deliciosamente a su entrañable amigo Julio Ramón Ribeyro, y que tuve el privilegio de rescatar para el papel.
Aquella confidencia ocurrió en Chiclayo, durante una cena ofrecida por “Lundero”, el emblemático suplemento cultural del diario La Industria, de Chiclayo. La anfitriona era María Ofelia Cerro Moral -la recordada “Marigola”-, quien había convocado a aquellas dos luminarias de nuestra narrativa para actuar como jurados del Concurso de Cuento y Poesía Infantil y Juvenil. Por las páginas de ese suplemento desfilaron también figuras de la talla de Antonio Cisneros, Javier Sologuren, Washington Delgado y Guillermo Niño de Guzmán, entre otros.
Fundado el 30 de abril de 1978, “Lundero” fue más que un encarte dominical de cada fin de mes; fue el refugio del folclor, la historia y la lírica lambayecana. Marigola, con pulcritud, revisaba cada hoja antes de que el suplemento saliera a la luz. El decimista Nicomedes Santa Cruz explicó en su momento que “Lundero” derivaba del lundú, esa danza de raíces africanas que es cimiento de nuestra identidad. Para Nicomedes, bautizar así al suplemento era un acto de noble reconocimiento a la peruanidad.
En aquel entonces, la visita de Bryce y Ribeyro paralizó el estamento cultural y literario de Chiclayo. El Teatro Dos de Mayo lucía lleno: intelectuales, universitarios y escolares se dieron cita para conocer a los artífices de sus mundos imaginarios. En ese escenario, Alfredo no escatimó en elogios para la labor cultural local: “Admiro el esfuerzo de Marigola y de Lundero. Este es un suplemento de calidad superior. En un mundo donde todo debe producir dinero inmediato, la cultura parece no importar porque no ofrece rentabilidad inmediata. Lundero sí le otorga atención exclusiva a las letras. Eso es valiosísimo, y algún día, quienes no lo hacen, lamentarán su error”.
Lamentablemente, el suplemento dejó de circular tras 449 ediciones antes de la partida de Marigola, dejando un vacío en la difusión de temas culturales locales, nacionales e internacionales.
Hoy, la noticia de la muerte de Alfredo Bryce me devuelve a todos sus libros. Confieso que, aunque reconozco la magnitud de Un mundo para Julius, fueron sus Cuadernos de navegación en un sillón Voltaire -el díptico conformado por La vida exagerada de Martín Romaña y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz- los que terminaron por cautivarme. Esa voz en primera persona, capaz de viajar de Lima a París con una carga de nostalgia matizada por el humor más fino, es el legado que hoy atesoramos.
Pero volvamos a Chiclayo y a esa historia o anécdota, que Bryce nos confió sobre Ribeyro y un posible amor platónico recaído al parecer en Mary Ann Sarmiento Hall, quien fue coronada Miss Perú en 1953. Mary Ann Sarmiento no solo fue una de las mujeres más bellas y asediadas de la alta sociedad limeña de mediados del siglo XX, sino que se convirtió en una figura mítica gracias a las crónicas y anécdotas de escritores como Bryce Echenique y el propio Ribeyro, quienes personificaron en ella el ideal de la belleza inalcanzable de su juventud.
La anécdota que contó Bryce la escribí originalmente en diciembre de 1995 para el suplemento Dominical de La Industria, bajo el título “40 años después”. Hoy, en su homenaje, la recupero intacta, sin quitarle ni una coma, para que Alfredo y Julio Ramón sigan conversando en nuestra memoria:
40 años después
“Me lo contó en la Embajada del Perú en Francia un día de julio en que la representación peruana había invitado solo a peruanos que residíamos en París para celebrar nuestra fiesta nacional y conversarnos las anécdotas peruanas del Perú.
Julio Ramón y yo nos contábamos entre los cientos de invitados que, aunque gustábamos de la soledad o los tragos distantes del mundanal ruido, no nos pareció mal la idea de alternar con recién llegados de nuestro añorado país o paisanos residentes que de cuando en vez veíamos en las pocas citas a las que acudíamos a probar nuestro tradicional pisco sauer. Además, fuentes de la embajada aseguraban que ni parisinos de París ni extranjeros en París estarían allí: sólo peruanos de pura cepa, mismo pisco puro de Pisco.
Apenas ingresados y tras la presentación de estilo, de lo protocolar se pasó a la salud y al ¡salud! de los invitados, entre ellos Julio Ramón y yo que nos empujamos un buen ¡salud!, como en nuestros mejores tiempos, a la vez que le hacíamos ¡salud! a todo el mundo, como en sus mejores tiempos.
Allí fue donde Julio Ramón la vio, muchísimos años después. Estaba imponente, con estilo propio dado por años y vida recorrida de grandes acontecimientos. Estaba allí, justo a gusto de Julio Ramón, que esperaba oportunidad para entablarle conversación y contarle lo que a mí me contó en esos brevísimos instantes que se inmortalizaron desde el momento en que la vio y lo que duró en mis oídos su alucinada historia, en la que parecíame verlo transportado a años ha, totalmente alucinado, además.
- Lo estoy viendo y viviendo justo como si fuera hoy, Alfredo- me dijo; agregando: ¡Y pensar que esto sucedió hace 40 años!
Lo dijo con profunda convicción. Como si lo que me contaba le brotara no tras haber vivido esta historia hace 40 años, sino estarla viviendo hoy.
- Aunque parezca una versión trillada y novelesca -me confió- la amé desde el primer momento en que la vi, pero nunca se lo pude decir.
Ella -quien años después iba a ser Miss Perú- nunca lo supo hasta que él, muchos años después que ella llegara a ser Miss Perú -es decir, hoy-, intentara contarle su epopéyica anécdota. Entonces, hace 40 años, ella, niña rica y bonita, lucía su mejor traje y espectaba un desfile de Fiestas Patrias, donde la mayor atracción era precisamente la marcha de los batallones que presentaba el colegio donde estudiaba.
Julio Ramón, flaco, desgarbado y con las románticas ilusiones del adolescente, solo tenía ojos y oídos para la joven. Solo alguna que otra vez la había visto, bien por el barrio o bien salir del colegio, en mancha con su collera a la que, como ella, no le importaban volver la vista ni detenerse en lo que dejaban atrás.
Se llamaba Mary Ann. Y Mary Ann ingresó a su imaginación y a sus poemas desde entonces y hasta muchos años después que fuera Miss Perú (cuyo triunfo Julio Ramón compartió en silencio); muchos años después que se casara (cuyo matrimonio le dolió en silencio); muchos años después que se divorciara (cuya separación la sufrió en silencio). Mary Ann estaba en cada una de las cosas que hacía.
Todo esto lo llevó a observar el marco que rodeaba a su doncella y dentro de este cuadro al negro alto y fornido que detrás del frágil pero esbelto cuerpo de la adolescente, descaradamente la “punteaba”. Julio Ramón no soportó la terrible afrenta. Le corroía tamaña ofensa que intentó detener de hombre a hombre.
Se creyó con todo el derecho de defender a su dama. Por ello llamó la atención al zambo, que no veía ni alto ni fornido, sí atrevido y audaz y al que, cuadrándolo como los verdaderos machos criticó su actitud y pidió explicaciones. Al verlo, escuálido y sin traza de ser lo que Julio Ramón creía era y podía ser, el mulato se interrogó en silencio: -Y éste... ¿de dónde salió?
Mary Ann nunca se percató y en ningún momento supo lo que pasó a su alrededor. Solo se mantuvo expectante al desfile mientras que tras ella un moreno alto y maceteado se trenzaba en desigual lucha contra un muchacho endeble al que le salía el espíritu del espíritu de lucha que llevaba consigo y que recibía golpe tras golpe, que sólo recién le dolieron en emergencia de un hospital cercano, donde quedó maltrecho y con el traje y partes del cuerpo rotas; menos el corazón ni la idea de su romántico y platónico amor.
Muchos años habrían de pasar para que la agraciada joven llegara a ser la representante de la belleza de la mujer peruana; y otros tantos para que el desaliñado chico que la amó desde que la vio, fuera el más famoso escritor peruano de cuentos de los últimos tiempos.
- ¿Eso pasó hace 40 años? -le dije, por decir algo en medio del vacío del momento que había quedado paralizado en el tiempo y el espacio.
- Hace 40 años -balbuceó, aún en el aire, Julio Ramón. Y, tras una breve pausa, agregó:
-He esperado 40 años para contarte esta historia mi hermano, con todos sus detalles, sus puntos y sus comas; y para decírselo a ella; que conozca quién fue su héroe, de entonces y de ahora, a pesar que año a año, de los 40 que han pasado, me ha sido difícil olvidar y seguirla amando a la distancia; a pesar de haberse casado, divorciado y sido objeto de mil y una historias truculentas de su mundo de señora y de reina.
¡40 años no es nada para los sentimientos que llevo dentro..., Alfredo; muy dentro..., Alfredo! -musitó Julio Ramón, sorbiendo la penúltima copa de vino de muchísimas otras que vendrían después-.
- ¡...Y es ahora o nunca! -solemnizó, luego de una larguísima pausa.
Se enderezó, acicaló su cuello y corbata, alisó su cabello, llenó su copa, tomó aire, se acordó que yo lo había bautizado como el “Agustín Lara” de la literatura; pensó que solo a unos pasos de él estaba su “María Bonita” de toda la vida y se dirigió -majestuoso- hacia su dama de honor de siempre.
Yo me hice a un lado.
- Señorita Mary Ann, o señora Mary Ann -le susurró-, permítame que le diga Mary Ann -se atrevió. He sido, soy y seguiré siendo su eterno admirador. Mis ojos estuvieron en usted desde siempre y toda mi ilusión, mi esperanza, mis sueños, giraron a su alrededor desde el momento en que la conocí. Nunca me atreví a acercarme a usted ni mucho menos a contarle la anécdota que quiero contarle y que con toda la fuerza de mi ardiente corazón he venido guardando y guardando hasta hacer de ella una explosión interna de mis encontrados sentimientos.
La ex reina de belleza, abrumada y confundida por la intempestiva declaración de Julio Ramón -a quien reconoció-, no supo qué responder y sólo agradeció el gesto levantando su copa para hacer un brindis. Esto, como que animó más a nuestro insigne escritor:
- Mary Ann, hace 40 años que la miro y admiro. Hace 40 años que vivo suspirando por usted.
- ¡Un momento! ¡Un momento! -lo interrumpió Mary Ann. ¡¿Está usted loco o su angustia a causa del vino le hace decir tonterías!?... ¡¡¡Para que lo sepa usted, hace 40 años yo no había nacido...!!!”.
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Periodista
Decano del Colegio de Periodistas - Período 2026-2027
En el Perú, la situación política y social es de nuevo incierta en medio del proceso electoral que coordina el Jurado Nacional de Elecciones, en este contexto, el país se enfrenta a la vez a tensiones institucionales, retos económicos y exigencias sociales que muestran la urgencia de fortalecer la gobernabilidad democrática. La economía peruana ha evidenciado una capacidad de resistencia destacada, pese a las convulsiones políticas que han tenido lugar en los años recientes; el Instituto Nacional de Estadística e Informática ha reportado que, en 2025, el país tuvo un aumento del PIB próximo al 3,3 %, este crecimiento fue promovido mayormente por la demanda interna y la actividad dinámica de sectores como el comercio, los servicios y la minería.
No obstante, el crecimiento de la economía no ha sido capaz de eliminar por completo las inquietudes sociales, la pobreza sigue siendo un problema importante: de acuerdo con cifras oficiales del INEI, en 2024, el 27,6 % de los habitantes de Perú (alrededor de 9,4 millones de personas) vivían en condiciones de pobreza monetaria; una de las grandes problemáticas del Perú actual es la diferencia entre el crecimiento económico y la persistencia de cuestiones sociales, se trata de un país con estabilidad macroeconómica relativa, aunque con una fuerte vulnerabilidad política y grandes desigualdades en términos sociales.
La inestabilidad política ha sido uno de los aspectos más notorios en el Perú en los últimos años, el país ha pasado por varias crisis institucionales, luchas entre las autoridades del Estado y cambios de gobierno en un lapso menor de diez años, la confianza de la ciudadanía en las instituciones se ha visto debilitada y el campo económico ha experimentado incertidumbre debido a esta situación. En un contexto político desfavorable, la economía peruana ha conseguido mantenerse con cierto dinamismo, lo cual resulta paradójico; según los reportes del Banco Central de Reserva de Perú, la inflación anual ha permanecido en el rango meta del banco central (entre 1 % y 3 %), alrededor del 1,7 % a comienzos del año 2026, esto pone a Perú entre las naciones con más estabilidad en precios en América Latina.
Además, los informes económicos indican que la actividad económica habría tenido un crecimiento de aproximadamente el 3% hacia finales de 2025, impulsada por el rendimiento del sector minero y por la mayor demanda interna; sin embargo, estos indicadores favorables coexisten con cuestiones estructurales que obstaculizan el progreso del país, la desigualdad en términos territoriales, la informalidad en el trabajo y las diferencias en los servicios básicos son algunos de ellos; pese a que el desarrollo económico ha posibilitado progresos significativos, todavía hay millones de peruanos que tienen problemas para conseguir un trabajo formal, una educación de calidad y servicios sanitarios apropiados.
Asimismo, la situación electoral suma un elemento extra de incertidumbre, si no se logra consolidar la institucionalidad democrática, varios estudios internacionales alertan que la confianza de los inversores podría verse afectada y el crecimiento económico podría estancarse, ciertamente, entidades internacionales han apuntado que el Perú tiene que fortalecer reformas estructurales para fomentar la productividad, elevar la calidad institucional y disminuir la informalidad si quiere mantener su crecimiento a largo plazo. En esta situación, las elecciones son no solo un procedimiento democrático para seleccionar a los dirigentes, sino también una ocasión para replantear las prioridades de la nación, el desafío principal consiste en establecer un acuerdo político que haga posible implementar políticas públicas sostenibles, con la finalidad de disminuir las diferencias sociales y fomentar una expansión económica inclusiva.
El Perú está en una etapa crucial, el país se enfrenta a retos estructurales que no pueden ser pasados por alto, aunque tiene bases macroeconómicas relativamente firmes, como un crecimiento moderado y una inflación controlada; la fragilidad de las instituciones y la persistencia de la pobreza, que impacta a más del 25% de los habitantes, demuestran que se requieren reformas profundas en el sistema político y económico, las elecciones son una oportunidad para progresar en este sentido, aunque también conllevan el riesgo de mantener las mismas dinámicas de enfrentamiento político si el debate público no se enfoca en propuestas específicas. Por lo tanto, la estabilidad que el país persigue no estará solamente ligada a los resultados de las elecciones, sino también a la habilidad de sus instituciones y de los ciudadanos para alcanzar consensos que hagan posible afrontar los retos del desarrollo.
Primeramente, es fundamental que el debate electoral dé prioridad a las propuestas enfocadas en solucionar problemas estructurales como la informalidad, la pobreza y las disparidades en infraestructura, las estadísticas del INEI evidencian que el crecimiento económico, por sí mismo, no basta para disminuir las disparidades sociales. En segundo lugar, es necesario que las instituciones estatales fortalezcan los procedimientos de rendición de cuentas y transparencia, para restaurar la confianza de los ciudadanos y aumentar la legitimidad del sistema democrático, es esencial una administración pública ética y eficaz. En tercer lugar, es necesario fomentar políticas económicas que estimulen la innovación, la productividad y la formalización del trabajo, estas acciones posibilitarán el mejor aprovechamiento del potencial económico de la nación y crearán oportunidades para los ciudadanos. Por último, el diálogo y la colaboración institucional deben ser los asuntos prioritarios que la clase política debe abordar, la habilidad de los líderes peruanos para alcanzar acuerdos y asegurar la estabilidad política en favor de la sociedad en su conjunto tendrá un papel crucial en el desarrollo sostenible del país.
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Coordinador de Economía y de contabilidad de USMP
Correo: esalazars@usmp.pe
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Es la pregunta que aproximadamente 8 millones peruanos mayores de 15 años se seguirán formulando en nuestro país, porque de acuerdo con la “Encuesta Nacional de Hogares sobre Condiciones de Vida y Pobreza” (Enaho), uno de cada tres peruanos no ha concluido la educación básica a la fecha. Esto significa que el 30 % de la población de 15 años a más tiene un atraso educativo que limita su desarrollo personal y oportunidades laborales. En el marco de la coyuntura país actual, alguno de los 36 partidos políticos que viene participando de las “Elecciones Generales 2026”, a través de sus planes de gobierno, ¿ha formulado una propuesta viable para abordar esta innegable y preocupante problemática social?
Si bien en todos los planes de gobierno de los partidos políticos que vienen participando de esta contienda política se mencionan propuestas sobre el sector educativo, ninguna agrupación partidaria de forma específica ha formulado planteamiento alguno para atender esta necesidad de la población. Incluso como parte de la campaña política, los candidatos tanto a la presidencia de la república como al congreso bicameral tampoco abordan de manera explícita la deserción escolar. Cabe precisar que el atraso escolar en el Perú alcanza el 17,2 % en zonas urbanas y llega al 57,1 % en zonas rurales. Huánuco, Cajamarca, Loreto y Ayacucho presentan mayor pobreza y menores logros educativos; en las dos primeras, por lo menos el 40% de la población mayor de 17 años no ha concluido la educación básica.
Causas e impactos del abandono escolar
En un informe publicado, en el 2015, por el Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL), titulado “¿Por qué los adolescentes dejan la escuela?”, las especialistas, Vanesa D’Alessandre y Marina Mattioli, sostienen que entre las principales causas del abandono escolar abarcan desde la organización de los sistemas educativos, el contexto social, la gestión escolar, la relación de los alumnos con los docentes, la economía familiar y las circunstancias individuales. Un dato igual de preocupante refiere que el Perú tiene una tasa de deserción escolar del 6.3 %, según cifras del Ministerio de Educación (Minedu).
Por otro lado, este mismo informe divulgado por el SITEAL resalta factores exógenos al sistema educativo vinculados con la interrupción de las trayectorias escolares. Desde esta perspectiva, cobran relevancia los aspectos referentes a la estructura socio-económica, política y cultural que dificultan la permanencia de los jóvenes en la escuela. Entre estos factores se mencionan las condiciones de marginalidad, pobreza, vulnerabilidad social; el prematuro ingreso al mundo laboral, la segmentación social, la inestabilidad económica, el mantenimiento de tasas de bajo crecimiento y el alto desempleo en las sociedades. Asimismo, las adicciones y el embarazo adolescente son mencionados también como factores asociados a los procesos de desescolarización.
El abandono escolar genera un impacto directo en la vida de una persona. En primer lugar, una menor escolarización disminuye el desarrollo de competencias escolares y para la vida en general. En segundo lugar, aumenta la brecha social ya que el abandono es más alto en hogares de bajos ingresos lo que perpetúa la pobreza monetaria, principalmente, entre las personas que no culminaron la escuela básica. En tercer lugar, existe una alta probabilidad de que aquellas personas que abandonaron los estudios para satisfacer sus necesidades de manutención personal y familiares trabajen de manera informal e incluso la vulnerabilidad o inestabilidad laboral los podría orillar a ser tentados por actividades ilícitas y organizaciones del mundo del hampa o delictivas.
Alternativas de solución
La deserción o retraso escolar es un problema social complejo que no solo requiere de una respuesta de política educativa, sino intersectorial. Por un lado, se necesita ampliar la cobertura actual del servicio educativo a través de los Centros de Educación Básica Alternativa (CEBA), que el Ministerio de Educación ya tiene implementado y cuyos estudios son equivalentes a la Educación Básica Regular (EBR). A pesar de la existencia de más de 1400 CEBA, la cobertura es insuficiente para la gran demanda, matriculando a menos del 3 % de las personas que no han culminado su educación, principalmente en zonas rurales. Muchos CEBA operan con infraestructura deficiente, similar a la escuela pública en general, lo que desmotiva la permanencia.
Por otro lado, urge realizar un trabajo articulado a nivel de los programas sociales del estado para motivar a las personas beneficiarias a retomar los estudios de educación básica; así, por ejemplo, los responsables de “Juntos”, “Cuna más”, “PAIS”, “Pensión 65”, “Llamkasun”, entre otros, podrían incorporar estrategias intersectoriales que incentiven la culminación de la educación básica para generar una verdadera transformación positiva en la vida de las personas que integran estas poblaciones vulnerables. Esta es una deuda social que históricamente mantiene nuestro país y que la actual clase política parece ignorar. Que la tantas veces mencionada ‘justicia social’ se empiece a concretizar devolviéndoles a millones de peruanos la esperanza de un mejor mañana, a través de la educación.
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(*) Docente universitario
Si hoy se observa el mapa de Medio Oriente, la sensación es la de un tablero en movimiento permanente. Misiles y drones cruzan algunos de los cielos más vigilados del planeta, las flotas se reposicionan en el Golfo y las cancillerías miden cada palabra antes de pronunciarla. Pero lo que ocurre no es un estallido repentino. La tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán es el resultado de décadas de rivalidad acumulada. Entender el momento actual requiere mirar atrás y seguir la lógica geopolítica que ha llevado a estos actores a este punto, incluso cuando el costo de una escalada es evidente.
El enfrentamiento tiene hoy dos polos visibles. Por un lado, la convergencia estratégica entre Washington y Tel Aviv; por el otro, la República Islámica de Irán. Sin embargo, el conflicto es más amplio que esa línea frontal. Durante años, Teherán ha tejido una red de aliados que en la región se conoce como el “Eje de la Resistencia”. En ella se encuentran Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano, milicias chiíes en Irak y Siria, y el movimiento hutí en Yemen.
Esta arquitectura le permite a Irán proyectar influencia más allá de sus fronteras sin entrar directamente en una guerra convencional. También convierte a Medio Oriente en un espacio altamente volátil, donde un episodio local puede escalar con rapidez.
Una rivalidad con raíces profundas
Las raíces de esta desconfianza se remontan a 1953. Ese año, un golpe apoyado por Estados Unidos y el Reino Unido derrocó al primer ministro iraní Mohammad Mosaddegh, quien había impulsado la nacionalización del petróleo. El poder del sah Mohammad Reza Pahlaví se consolidó con respaldo occidental, pero el episodio dejó una herida duradera en la memoria política iraní.
El escenario cambió de manera radical en 1979. La revolución islámica encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeiní derrocó al Sah e instaló un régimen que denunciaba la influencia occidental en el país. La toma de la embajada estadounidense en Teherán y la crisis de los rehenes sellaron la ruptura definitiva entre ambos países.
Durante las décadas siguientes, la confrontación se movió muchas veces en la sombra. Estados Unidos respaldó a Irak durante la guerra contra Irán en los años ochenta. Más tarde, el programa nuclear iraní se convirtió en el principal foco de disputa con Occidente.
En 2015, el acuerdo nuclear firmado entre Irán y varias potencias abrió un breve periodo de distensión. Pero la pausa terminó en 2018, cuando Washington decidió retirarse del pacto y reimponer sanciones económicas. La desconfianza volvió a crecer.
Otro punto de inflexión llegó en 2020 con el asesinato del general iraní Qasem Soleimani, uno de los estrategas militares más influyentes del país. Desde entonces, la rivalidad dejó de moverse únicamente en el terreno indirecto y pasó a una fase de fricción cada vez más visible.
La estrategia de los aliados armados
La red de aliados regionales es clave para entender la estrategia iraní. En términos militares convencionales, Irán no puede igualar la superioridad tecnológica de Estados Unidos e Israel. Frente a esa brecha, ha optado por construir lo que analistas llaman “profundidad estratégica”: una red de actores armados distribuidos en distintos puntos de la región.
Estos grupos cumplen varias funciones. Funcionan como elemento de disuasión frente a Israel en múltiples frentes, elevan el costo de un ataque directo contra Irán y mantienen a Estados Unidos ocupado en escenarios de baja intensidad.
Para Israel, en cambio, esta red representa una amenaza constante en su periferia. Para Washington, supone un desafío permanente al equilibrio regional y a la seguridad de rutas estratégicas.
El problema es que este sistema, diseñado en parte para evitar una guerra total, también multiplica los riesgos de error de cálculo. Cuando varios actores armados operan de forma simultánea, una escalada puede comenzar en un frente menor y expandirse con rapidez.
El impacto de la guerra de Gaza
La dinámica cambió de forma decisiva tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en Gaza. A partir de entonces, la región entró en una espiral de represalias cada vez más directas.
Durante 2024 se intensificaron los ataques selectivos, las operaciones encubiertas y los intercambios de misiles. La tensión pasó de la confrontación indirecta a episodios de choque más abiertos.
Al mismo tiempo, Irán enfrentaba un deterioro económico importante hacia finales de 2025. La inflación, la depreciación de la moneda y las protestas sociales golpearon al país. Sin embargo, lejos de moderar su política exterior, el régimen interpretó ese contexto como una señal de vulnerabilidad estratégica y endureció su postura.
Los intentos de negociación indirecta tampoco prosperaron. Las posiciones de las partes resultaron incompatibles y la confianza era prácticamente inexistente. El resultado ha sido un escenario donde la presión militar y la disputa diplomática avanzan en paralelo.
Una crisis con alcance global
En la fase actual, los intercambios militares se han vuelto más directos. Irán ha respondido con misiles y drones contra objetivos israelíes y contra instalaciones vinculadas a Estados Unidos en el Golfo. Washington, por su parte, ha reforzado su presencia aérea y naval para proteger a sus aliados y mantener su capacidad operativa en la región.
Pero la crisis también se refleja en el terreno diplomático. China ha criticado las operaciones occidentales y ha pedido su cese en foros multilaterales. Rusia ha adoptado una postura similar.
Las razones no son solo políticas. Pekín depende en gran medida del petróleo iraní, mientras Moscú observa en esta crisis una oportunidad para debilitar la influencia estadounidense en la región. De esta forma, el conflicto empieza a entrelazarse con la competencia entre grandes potencias.
Un equilibrio bajo presión
En el corto plazo, tres factores pueden influir en el rumbo de la crisis.
El primero es el desgaste militar. Estados Unidos e Israel mantienen una ventaja tecnológica, pero sostener operaciones prolongadas implica costos políticos y logísticos. Irán, en cambio, apuesta por saturar las defensas con drones y misiles relativamente baratos.
El segundo factor es el energético. Irán conserva una carta estratégica importante: su capacidad de afectar el tránsito por el estrecho de Ormuz y, a través de sus aliados hutíes, por el mar Rojo. Por estas rutas circula una parte significativa del petróleo mundial. Una interrupción prolongada tendría efectos inmediatos en los precios del crudo y en la inflación global.
El tercer elemento es la estabilidad interna iraní. Aunque la sociedad muestra signos de fatiga económica, la oposición sigue fragmentada. El verdadero centro de poder continúa siendo la Guardia Revolucionaria. Mientras esa estructura se mantenga cohesionada, el sistema político probablemente resistirá.
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(*) Politólogo | santacruzcarranza@gmail.com
Han transcurrido 25 años desde la implementación de la ley de cuota de género en el Perú y en las presentes elecciones la participación femenina sigue siendo relegada por los partidos políticos. Un análisis realizado por Congrezoo y la Red Micaelas revela que solo el 21.7 % de las candidaturas hábiles que encabezan las listas con el número 1 para las dos cámaras del futuro Parlamento son mujeres. En otras palabras, de cada diez listas para las cámaras de senadores o diputados, solo dos tienen a una candidata liderando con el número 1. Los otros ocho son varones.
Este resultado proviene de la revisión del total de las listas que los partidos presentaron ante el Jurado Nacional de Elecciones. Según el detalle, en la actualidad hay 1671 candidaturas hábiles con el número 1 para las elecciones que se celebrarán el 12 de abril de 2026.
De dicha cifra, solo 361 (21.7 %) son candidatas mujeres con el número 1. En cambio hay un bloque ampliamente mayoritario de 1310 (78.3 %) candidatos varones ubicados en el primer lugar de las listas. Esto evidencia una brecha persistente en la representación política.
En el Perú, las mujeres representan la mitad de la población. Sin embargo, esa proporción no se refleja en los espacios de poder y toma de decisiones.
La actual legislación electoral exige que las listas de candidatos se conformen de manera alternada entre hombres y mujeres. No obstante, la norma no obliga a que una mujer ocupe el primer lugar de la lista, una posición clave que suele aumentar las probabilidades de alcanzar un escaño.
Senado: solo el 17.2 % de mujeres lideran las listas
El próximo Senado será uno de los espacios con mayor poder y peso político en el país, por lo que se ha convertido en uno de los cargos más disputados por los partidos.
Para estas elecciones, bajo el sistema de distrito múltiple, se elegirán 30 senadores en 27 circunscripciones electorales: las 23 regiones del país, Lima Metropolitana, Lima Provincias, el Callao y los peruanos residentes en el exterior.
A pesar de la importancia de estos cargos, la presencia femenina en el primer lugar de las listas sigue siendo reducida y para el caso del Senado la situación es mucho más grave.
Según el análisis realizado, apenas el 17.2 % de las listas está encabezado por mujeres, mientras que el 82.8 % tiene a varones como número 1 para el Senado.
Senado por partidos: ninguno supera el 35 % de mujeres con el número 1
La ley obliga a los partidos políticos a intercalar varones y mujeres (o viceversa) en sus listas. Sin embargo, no se establece que la primera posición sea ocupada de igual manera.
Esto permite que la mayoría de partidos mantenga a varones como cabeza de lista. De acuerdo con el análisis, ningún partido supera el 35 % de mujeres con el número 1 en sus listas para el Senado, en la opción de distritos múltiples. Algunos llegan al extremo de no tener ninguna mujer en el primer lugar.
Ese es el caso del Partido de los Trabajadores y Emprendedores (PTE Perú), de Napoleón Becerra, que no registra ninguna mujer como cabeza de lista. Otros partidos, como Venceremos, País para Todos, Salvemos al Perú, Progresemos y Cooperación Popular, no alcanzan ni siquiera el 10% de mujeres como número 1.
Senado por ámbito: ninguna región supera el 33 % de candidatas mujeres como cabeza de lista
La brecha también se refleja a nivel de jurisdicciones. Las regiones con menor presencia de mujeres como cabeza de lista son: Lima Provincias (5.8 %), Puno (6.8 %), Junín (9.6 %), Apurímac (9.6 %) y Cajamarca (10.3 %). Y, en general, ninguna región supera el 33 % de candidatas mujeres con el número 1.
Senado distrito único: solo 5 mujeres frente a 30 varones
De los 37 partidos en contienda para el Parlamento, 35 presentaron listas nacionales al Senado por distrito único. De ellas, 30 están encabezadas por varones.
Solo cinco organizaciones políticas tienen a una mujer en el primer lugar de su lista nacional. Se trata del Apra, con Carla García Buscaglia; el Frente de la Esperanza 2021, con Elizabeth León Chinchay; Fuerza y Libertad, con Fiorella Molinelli; País para Todos, con Julia Príncipe, y el PRIN, con Rocío Chávez Pimentel.
Diputados: Solo 26.4 % de mujeres lideran listas
En la Cámara de Diputados, la participación femenina en el primer lugar de las listas es ligeramente mayor, aunque la diferencia con los varones sigue siendo muy amplia.
De las 821 listas inscritas, el 73.6 % está encabezado por hombres, mientras que solo el 26.4 % tiene a una mujer en el primer lugar. Esto significa que casi tres de cada diez listas están lideradas por mujeres. En estas elecciones se elegirán 130 diputados que integrarán la cámara baja del Congreso.
Diputados por partidos: solo uno alcanza la paridad
Entre las organizaciones políticas destaca el caso del Frepap, que es el único partido que alcanza la paridad en las cabezas de lista para la Cámara de Diputados, con 50 % de mujeres y 50 % de hombres. Sin embargo, al incluir la composición de sus listas para el Senado, este grupo político solo reporta un 34.6 % de candidatas mujeres con el número 1 para las dos cámaras.
En el otro extremo de la tabla, otras agrupaciones políticas muestran niveles muy bajos de representación femenina en la cabeza de sus listas.
El Partido Patriótico del Perú (PPP), liderado por Herbert Calle, tiene apenas 5.8 % de mujeres como número 1. También registran bajos porcentajes el Frente de la Esperanza 2021 (8 %), País para Todos (11.1 %), Obras (13.6 %) y Ahora Nación (14.8 %).
Diputados por ámbito: solo en una región hay paridad
A nivel regional, solo el Callao alcanza la paridad, con 50 % de listas encabezadas por mujeres (17 mujeres contra 17 varones). Pero una lectura integral, al incluir las candidaturas con el número 1 para diputados, conlleva a establecer que el promedio de mujeres en la primera ubicación es solo del 34.8 %.
En otras regiones, la presencia femenina en el primer lugar para la Cámara de Senadores es mucho menor. Es el caso de Cusco (13.7 %), Apurímac (14.8 %), Piura (15.1 %), Tumbes (15.3 %) y Lambayeque (15,6 %).
Ante estas cifras, la brecha de género en la representación política sigue siendo una deuda pendiente en el país. El primer lugar en una lista electoral suele ser una posición clave para alcanzar un cargo de poder. Aunque la normativa promueve la paridad en la conformación de las listas, para muchas mujeres aún resulta un desafío competir en condiciones reales de igualdad.
Senadores y diputados por regiones
La siguiente y última tabla refleja el consolidado de las candidaturas para senadores y diputados por región. Ninguna región supera el 35% de mujeres como cabeza de lista con el número 1.
Las cinco regiones con la más baja presencia de mujeres encabezando las listas son Apurímac (12 %), Cusco (12.9 %), Puno (13.1 %), La Libertad (16.4 %) y San Martín (16.6 %). Son los casos más extremos pero, en general, la participación femenina sigue siendo relegada en todas las regiones y esto se podría reflejar en la composición del próximo Parlamento, a menos que la ciudadanía opte por apostar por más candidatas mujeres que se encuentran en las siguientes ubicaciones de las listas.
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(*) Periodista de investigación.
(**) Informe periodístico colaborativo de los portales Micaelas.pe y Congrezoo.pe. Asistencia en la producción gráfica y edición: Wilber Huacasi.