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PENSAR EN EL 4 DE OCTUBRE

Escribe: Rosa Chambergo Montejo
Edición N° 1450

El próximo 4 de octubre, los peruanos volveremos a acudir a las urnas para elegir a nuestras autoridades regionales y municipales. Será una nueva jornada democrática que, más allá de colores políticos, simpatías personales o promesas de campaña, representa una enorme responsabilidad ciudadana. En Lambayeque, esta decisión será especialmente trascendental porque la región enfrenta desafíos urgentes que ya no pueden seguir postergándose.

La experiencia electoral nacional del pasado 12 de abril dejó en muchos ciudadanos una sensación de frustración, incertidumbre y desencanto. El país fue testigo de una campaña marcada por enfrentamientos, propuestas superficiales y escasa discusión técnica sobre los problemas de fondo. Hoy, cuando nos acercamos a una nueva elección, corresponde aprender de aquella experiencia y comprender que el voto no puede ejercerse con ligereza, impulsividad ni indiferencia.

Las elecciones regionales y municipales suelen ser consideradas, equivocadamente, de menor importancia que una elección presidencial o congresal. Sin embargo, son precisamente las autoridades locales y regionales las que tienen una incidencia directa y cotidiana en la calidad de vida de la población. Son ellas las responsables de ejecutar obras, gestionar servicios básicos, promover inversiones y garantizar condiciones mínimas de desarrollo para millones de ciudadanos.

Por ello, el elector lambayecano debe mirar más allá de la propaganda y de las promesas grandilocuentes. Debe analizar con serenidad quiénes tienen capacidad de gestión, solvencia moral, equipos técnicos preparados y, sobre todo, una verdadera visión de desarrollo para la región.

Lambayeque no puede darse el lujo de seguir perdiendo tiempo. Nuestra región arrastra enormes brechas sociales y económicas que requieren autoridades capaces y honestas. La pobreza sigue golpeando a miles de familias; muchas comunidades continúan esperando acceso adecuado a agua potable, alcantarillado y servicios de salud dignos. Existen carreteras deterioradas, infraestructura insuficiente y proyectos largamente anunciados que permanecen paralizados o entrampados por incapacidad política y burocrática.

Uno de los grandes desafíos es impulsar infraestructura de desarrollo que permita a Lambayeque consolidarse como un eje estratégico del norte peruano. Obras emblemáticas, como el Terminal Portuario Regional, no pueden seguir siendo únicamente discursos de campaña repetidos elección tras elección. La región necesita autoridades con liderazgo y capacidad de articulación para concretar proyectos que generen competitividad, empleo y oportunidades.

Asimismo, es indispensable fortalecer las condiciones para atraer inversión privada. Lambayeque posee un enorme potencial en agroexportación, comercio, turismo y servicios. Sin embargo, para aprovechar esas ventajas se requiere seguridad jurídica, planificación territorial, infraestructura moderna y estabilidad institucional. Ningún inversionista apostará seriamente por una región donde predominen la improvisación, el desorden y la corrupción.

Precisamente, la corrupción sigue siendo uno de los males más destructivos para el desarrollo regional y local. Durante años hemos visto cómo recursos públicos terminan diluyéndose en obras inconclusas, sobrecostos, licitaciones cuestionadas y redes de intereses particulares. Cada acto de corrupción significa menos hospitales, menos colegios, menos pistas y menos oportunidades para la población. Elegir autoridades cuestionadas o sin transparencia equivale a condenar nuevamente a Lambayeque al atraso y la desconfianza.

Otro tema que exige atención inmediata es la inseguridad ciudadana. La delincuencia ha dejado de ser un problema aislado para convertirse en una amenaza permanente para las familias, los emprendedores y los trabajadores. Los ciudadanos necesitan gobiernos locales y regionales que trabajen coordinadamente con la Policía Nacional, fortalezcan la prevención y recuperen espacios públicos seguros. No bastan discursos de mano dura; se requieren estrategias serias y sostenidas.

El turismo también merece una mirada estratégica. Lambayeque posee un patrimonio histórico, cultural y gastronómico privilegiado. Sitios arqueológicos reconocidos internacionalmente, tradiciones vivas y una identidad cultural única deberían convertir a la región en uno de los principales destinos turísticos del país, todo ello impulsado por la Ruta de León. Pero ello exige inversión en infraestructura, seguridad, promoción y servicios de calidad. El turismo no solo fortalece nuestra identidad, sino que también genera empleo y dinamiza la economía regional.

La ciudadanía tiene el deber de informarse antes de votar. Es momento de empezar a revisar trayectorias, escuchar propuestas viables y exigir debates serios. No podemos seguir premiando la improvisación ni dejarnos llevar por campañas basadas únicamente en marketing político, regalos o frases populistas.

La democracia exige ciudadanos responsables. El voto no es un trámite ni un acto automático; es una herramienta de decisión que define el rumbo de nuestras ciudades y regiones. Cada elector debe preguntarse qué tipo de autoridades necesita Lambayeque para enfrentar los próximos años y quiénes están realmente preparados para asumir semejante responsabilidad.

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