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AHORA POR QUIEN VAMOS A VOTAR?

Escribe Orestes Pantoja Hernández para la edición N 961

Corren las apuestas y también los dolores de cabeza.

 

Hay dos candidatos con programas idénticos y lógica neoliberal. La  diferencia es que uno se aferra al mito del “chorreo” y el otro al papel “populista” del estado.

 

Ambos ven al Perú como uno, lo que no les  permite entender y abordar fenómenos como la informalidad, inseguridad, pobreza, narcotráfico, crisis de la política tradicional, partidos “vientres de alquiler”, candidatos “outsiders”, o los violentos y recurrentes  despertares de las provincias y su contenido étnico.

 

Los contendientes en la segunda vuelta electoral son genio y figura de las formas no tradicionales de hacer política.

 

Por eso las recientes elecciones cierran el ciclo de los grandes partidos y de las complicadas estructuras ideológicas y programáticas, derrotados por la insurgencia del nuevo factor perturbador de lo tradicional: los informales.

 

Pedro Pablo Kuczinsky es un informal en la política y carece de un discurso ideológicamente ordenado, varios de sus más  prominentes seguidores vienen de otras tiendas, con locales hasta hace poco pertenecientes a otros partidos incluyendo  dirigentes.

 

El banquero e inversionista tiene, eso sí, renovada experiencia en el manejo de la cosa pública, pero es acusado de tener doble nacionalidad y para obtener la norteamericana tuvo explícitamente que renunciar a la peruana, salvo que la tenga de nacimiento, lo que no es creíble.

 

El candidato carece de una ideología explícita y no tiene programa que prospectivamente nos lleve a mirar el futuro, lo que si tiene es claras relaciones de negocios con probables inversionistas en el Perú.

 

Su papel en el desgraciado asunto del gas lo lapida como defensor de los intereses nacionales, estratégicos y geopolíticos del Perú.

 

EL FUJIMORISMO

Keiko Fujimori Higuchi lidera un no partido, no tiene ideología a presentar, hace política cuando se acercan las elecciones y como Kuczynski carece de una estructura orgánica, con locales, cuadros directivos permanentes, no tiene vida institucional y menos ideario y programa.

 

El exitoso proselitismo político del fujimorismo se basa en los diez años de gobierno de su padre -el encarcelado Presidente Alberto Fujimori Fujimori – que lo hizo con mano de hierro en circunstancias dramáticas para el Perú, por la violenta insurgencia político-militar de Sendero Luminoso, violaciones de los derechos cívicos, legales y humanos, la victoriosa guerra con Ecuador, uso de los servicios de inteligencia en tareas políticas y empresariales, la construcción de un nuevo estado con el neoliberalismo como bandera, despido de miles de trabajadores, pago de la deuda externa y la venta de los principales y más valiosos activos del país (minas, fábricas, puertos, aeropuertos, carreteras, inmuebles), etc.

 

Dicho eso los analistas tienen que explicar porque un número más que significativo de peruanos sigue la ruta que traza la hija primogénita, Keiko Fujimori Higuchi, quien en cada elección en la que participa obtiene guarismo impresionantes pese a la violenta y feroz campaña en su contra de la izquierda y de sectores ilustrados de las clases A y B.

 

Argumentar que el fenómeno se debe al clientelismo que añora los regalos  del gobierno de Alberto Fujimori y a las dádivas actuales, no resuelve el problema y es tan débil como pegar con mocos y babas.

 

A fines de los 80 el profesor de la Universidad del Pacífico, Carlos Amat y León, que fuera candidato a la Vicepresidencia por Izquierda Unida, acompañando a Alfonso Barrantes Lingán, escribió un magnífico ensayo sobre las tendencias electorales de los llamados “sectores populares” presentados estadísticamente como C y D.

 

Carlos Amat y León demostró con cifras en mano como votan indistintamente por uno u otro candidato, lo que revela sociológicamente desesperada búsqueda de quien les resuelva sus angustiantes problemas cotidianos.

 

Eso nos conduce a pregunta capital ¿los pobres en el Perú se interesan por los grandes diagramas políticos?, o simplemente la lucha por la supervivencia los hace portadores de  ideario y programa por soluciones inmediatas?, lo que nos lleva a pregunta como para ganar los “64 mil soles de Helen Curtis”, ¿los pobres se adscriben y apoyan los gobiernos autoritarios manirota con ellos o porque son partidarios de gobiernos fuertes?

 

Esas y otras cuestiones tienen que ser abordados para responderlas, de otra manera revelan mucho de prejuicio y menos de ciencia política.

 

LA DESIDEOLOGIZACIÓN DE LA POLÍTICA

La ideología como ordenada estructura de ideas que permite justificar la praxis política ha sido desalojada de los discursos y cuerpos políticos, incluyendo a la ideologizada  izquierda, cada día más afín a la social democracia que se derrumba en Europa, carcomida por la corrupción y los pactos políticos, aferrada a las cifras y estadísticas y por el abandono de la ética y los principios en la ruta del bienestar para todos y no solo para las empresas.

 

La política en el Perú no señala norte ni estación de llegada, penoso cuando nos aprestamos a celebrar doscientos años de independencia política de España y tenemos que hacernos  preguntas como ¿qué somos?, ¿dónde vamos?, ¿el estado que tratamos de dar vida corresponde a la formación social?, ¿por qué hay millones de peruanos que rechazan con los hechos la estructura jurídico política?, ¿por qué el oriente selvático nuevamente desea ser otro país e independiente?

 

Otra clamorosa carencia es el abordaje del drama del cual cada día somos más conscientes: la contradicción entre el estado y la nación, esta última multi cultural, multi racial, multi idiomática, etc,  en otras palabras el Perú es diverso y la estructura orgánica y jurídica del Estado debe reconocer y gestionar esa diversidad, o sea necesitamos otro estado, de otro tipo.

 

Para decirlo en palabras entendibles, los peruanos no somos iguales y las diferencias deben ser estudiadas y resueltas para fortalecer el futuro como parte del mundo andino, que incluye a Ecuador y Bolivia, porque hay voces muy sugerentes que vienen del gigante del norte vaticinando el fin de las experiencias republicanas en los tres países andinos cuya unidad será fagocitada por las contradicciones internas.

 

Orestes Pantoja Hernández
Fecha 2016-05-13 14:11:59