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Columnista - Semanario Expresión

Abogado

 

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI

Escribe Freddy R. Centurión González para la edición N 1110

Altivo, desmesurado, vehemente, Alan García (1949-2019) ha sido uno de los personajes más complejas y controvertidas de nuestra historia republicana. Su figura no deja a ningún peruano indiferente, sea a favor o en contra. Su trayectoria bien merecería un libro, o ya para nuestros tiempos, una serie de Neftlix: su ascenso en el Partido Aprista al que revitalizó, el verbo florido en las campañas electorales, el logro histórico de la Presidencia que no alcanzó el legendario Haya de la Torre, las dos presidencias tan opuestas entre sí, las denuncias de corrupción, los procesos judiciales, la fuga novelesca, el retorno apoteósico, el paulatino declive, la estrepitosa derrota de 2016, hasta llegar a la mañana del pasado miércoles, cuando frente a la perspectiva de una prisión preventiva (institución de naturaleza excepcional, que en los últimos tiempos, se está convirtiendo en la regla), eligió poner fin a su vida.

Con su muerte, se extingue la acción penal contra su persona, aunque en el proceso aún en investigación, no dejará de aparecer su nombre. Habría sido deseable verlo comparecer, sin humillaciones innecesarias teniendo en cuenta la investidura que ocupó en dos oportunidades, para que respondiese por los presuntos aportes irregulares a sus campañas políticas, para que pudiese luego salir con la frente en alto y borrar el estigma de la prescripción de las acusaciones de su primera administración. Sin embargo, las declaraciones de Barata (cuyo contenido podremos conocer a plenitud en los próximos días), nos brindarán mayores datos que nos permitirían formar un juicio más imparcial sobre la decisión final de Alan García.

Pero habría también que contar con el factor psicológico para comprender dicha decisión. Ante la avalancha mediática, el cerco alrededor del expresidente se había estrechado paulatinamente desde noviembre pasado. No debió dejar de afectarlo el rechazo a su pedido de asilo. El hábil político que fue García, pareció desorientado frente a la indignación ciudadana que, con o sin razón como veremos en unos días, lo veían como el principal exponente de la corrupción en el Perú. Su oratoria, digna de la cultura política del siglo XX, era inútil en medio de la política de las redes sociales: basta con ver cómo sus publicaciones en Twitter eran contestadas y rebatidas. En sus últimas entrevistas se lo veía triste, y por momentos con la voz quebrada. La carta leída por su hija en su funeral, indicaría que el suicidio era una opción en la que Alan García había pensado mucho. La víspera de su muerte, ya sabía que se venía una prisión preventiva. No tenía escapatoria, estaba solo frente al inminente escenario de ser encarcelado. ¿Qué habría pasado por su mente antes de decidir cerrar, por mano propia, su paso por la vida? Quizá algún trauma vinculado a la temprana ausencia de su padre, debido a la prisión por su militancia aprista, generó que la cárcel fuese para él, un temor invencible. Optó por la salida que creyó más digna, en un juicio subjetivo, difícil de compartir: antes de ser expuesto públicamente, enmarrocado, humillado, mejor era apurar el trago amargo y hacer caer el telón sobre el escenario.

La desconfianza en la figura pública de García ha llegado a tal punto, que para muchos es difícil creer en su muerte, y no dejan de circular bulos e infundios sobre una eventual fuga, con argumentos endebles frente a la fría lógica. Es de lamentar los comentarios crueles, las burlas, los memes sobre la muerte del expresidente en las redes sociales, así como también es de lamentar el aprovechamiento político (aunque era inevitable dado el personaje) de este drama, exponiendo innecesariamente a la familia y prolongando en cierto modo su dolor. Más allá de la opinión sobre si su último acto fue valiente o cobarde, Alan García fue un ser humano con sus luces y sombras, y es la historia la que dará su juicio final, un juicio imparcial e implacable. Y de ese juicio, nadie puede escapar.

Freddy R. Centurión González
Fecha 2019-04-25 16:19:10