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Columnista - Semanario Expresión

Egresada MDGE/ Adm. de Empresas Universidad Privada UDEP

Egresada Diplomado Familia USAT

 

SIEMPRE NUESTRA VIDA DEBE SER UN PENTECOSTES

Escribe Claudia Ventura para la edición N 1116

Queridos lectores,  empecemos  aprendiendo qué es PENTECOSTES… es una festividad de carácter religioso que se celebra cincuenta días después de la Pascua, poniendo término al periodo pascual. Se celebra tanto en la religión judía como en la religión cristiana  y  lo celebramos este domingo 9 de junio en todo el mundo  siendo la vigilia sábado por la noche. Es la Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y Tú y YO somos apóstoles de Cristo. Se dice que estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.Hch2,1-14  Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida. Una vida cristiana madura, honda y recia, es algo que no se improvisa, porque es el fruto del crecimiento en nosotros de la gracia de Dios.  

Y desde allí podemos decir que:

-El Espíritu Santo nos ayuda a asimilar la doctrina de Cristo: La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Le manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su muerte y resurrección. (Catecismo, n.737).

Necesitamos una ayuda especial para poder ir formando nuestra conciencia moral, y esta ayuda viene del Espíritu Santo. El verdadero artífice de una conciencia bien formada es el Espíritu Santo: es Él quien, señala la voluntad de Dios como norma suprema de comportamiento, y derrama en el alma las tres virtudes teologales y los dones, suscita en el corazón del hombre la íntima aspiración a la voluntad divina hasta hacer de ella su alimento. En muchas ocasiones tenemos que echar mano de una ayuda superior, la del Espíritu Santo. Él puede doblar nuestro juicio para hacerlo coincidir con el de Dios.

- El Espíritu Santo no deja de venir a nosotros constantemente: Experimentamos muchas venidas del Espíritu Santo durante nuestra vida. Las más fuertes son cuando recibimos los sacramentos. Por medio de cada sacramento el “artífice de nuestra santificación”, el Espíritu Santo, va acabando su gran obra en nosotros, nuestra transformación en Cristo. Además Para el alma en estado de gracia, la voz de la conciencia viene a ser la voz del Espíritu Santo, que ante ella se hace portador del querer del Padre celestial. Nuestra vida debería ser un constante diálogo con el Espíritu Santo. Es imposible vivir la vida cristiana, cumplir con el principio y fundamento... sin esta colaboración con el divino Huésped del alma, el Espíritu Santo.
Hace falta –en cambio– que lo tratemos con asidua sencillez y con confianza, como nos enseña a hacerlo la Iglesia a través de la liturgia.

Entonces conoceremos más a Nuestro Señor y, al mismo tiempo, nos daremos cuenta más plena del inmenso don que supone llamarse cristianos
ya dice la canción que “Cuando rezamos, cuando cantamos, Nosotros somos un resplandor de luz  y allí en nuestro pecho vive y palpita el que murió en la cruz.  

Cuando el Señor habita en nosotros, siempre es Pentecostés, cuando el amor nos canta en la vida, siempre es Pentecostés.

 

Te animas a ser templo del Espíritu Santo de Dios,, demos el Primer Paso

Te dejo un mega abrazo musical 

 #yosoylaprincesadelrey

Claudia Ventura
Fecha 2019-06-07 13:29:46