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LA ORDENANZA QUE DESORDENA

Escribe Jorge Chávez Pita para la edición N 1117

Luego de que el concejo municipal aprobara por mayoría la ordenanza para dar paso a la transitabilidad de vehículos de carga pesada en el casco urbano de Chiclayo, la sociedad civil organizada y los ciudadanos de a pie, en forma presurosa, han levantado su voz de protesta, fundamentalmente porque sienten que unos cuantos personajes llamados regidores, aprovechando su estatus de ser mayoría, aprobaron sin fundamentos técnicos y reales un documento extremadamente lesivo para el bienestar y la seguridad ciudadana.

Poner en práctica dicha ordenanza es como avivar el fuego en la pradera y exacerbar los ánimos de la ciudadanía, que desde ya cada vez son más altisonantes e inductivos a la confrontación, máxime si sienten que desde hace años tienen que cargar una mochila  plagada de propósitos deshonestos, indignos y arrebatos desmedidos de su bienestar y su dignidad, vapuleada y maltrecha en todos sus frentes.

Continuar con este desmedido propósito de acrecentar el desorden y el caos de la transitabilidad peatonal y vehicular en el eje central de nuestra ciudad, es como dar un salto al vació. El parque automotor año a año crece inexorablemente sin regulación alguna y en un total desorden, por lo que cabe plantearle al burgomaestre por qué dictar una ordenanza para desordenar lo que ya está desordenado.

La respuesta se cae de madura, porque a la luz de las evidencias prevalecen los intereses particulares y los apetitos de poder y soberbia, antes que el bienestar común y el derecho de vivir en una ciudad ordenada, atractiva y confortable, lo cual si hay un espíritu propositivo de identidad ciudadana es factible de alcanzar, mejorarla y sostenerla en el tiempo y no mostrar un ánimo de confrontar con el que se opone o denigrar a quien reclama y levanta la voz cuando sus derechos son conculcados y sus beneficios son arrebatados en forma beligerante y abusiva.

Todo extremo es malo, hay aún tiempo para emendar errores y estabilizar las emociones, todo es posible cuando hay un propósito de enmienda. ¿Por qué no optar por la concertación, el diálogo y la participación ciudadana? La insania daña, la arrogancia es un mal endémico, gobernar de espaldas al pueblo no suma, más bien resta.

Optemos por el bien común y la tranquilidad social, no hay más que hacer. ¡Decidámoslo! Nunca es tarde cuando se quiere enmendar lo que se hizo mal. El pueblo lo reconocerá en su real dimensión.    

(*) Consultor y especialista en Contrataciones del Estado.

              

Jorge Chávez Pita
Fecha 2019-06-13 15:37:59