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USO Y ABUSO DE LA AUTORIDAD CONFERIDA

Escribe Jorge Chávez Pita para la edición N 1119

Desde el inicio del mandato de algunas autoridades locales somos testigos de una gama de actitudes envalentonadas, desproporcionadas e irracionales. Por un lado vemos a una de ellas enfrentarse no solo a quien se le opone, sino a su entorno familiar, y en el otro extremo, muy a su estilo, obsesivamente defender a unos y denunciar a otros.

Estas actitudes, desde ya lindantes con la intolerancia y el desatino, no hacen sino exacerbar los ánimos y distraer la agenda gubernamental del desarrollo y la proactividad para encarar la problemática de la desigualdad y el logro del bienestar ciudadano, sobre todo en lo que atañe a la inseguridad, que acomete cada día aprovechándose de estas aberrantes actitudes confrontacionales.

El hartazgo y la indefensión han contaminado el día a día convivencial, los ánimos caldeados y las actitudes matonescas se han empoderado y han acaparado el lugar donde la razón debe prevalecer preponderantemente. Somos coterráneos por naturaleza, pero a la hora de interactuar y buscar el bien común somos todo lo contrario, nos oponemos a cuanto propósito haya que oponerse a pesar que este sea lícito y propositivo para encontrar el bienestar que siempre buscamos alcanzar.

El abuso de autoridad es un delito tipificado como tal en el Código Penal, por ende debería ser juzgado y castigado, pero esto, en la realidad, difícilmente se puede lograr, por cuanto este se encubre con el manto de la autoridad extrema y la impunidad, incluido el adorno absoluto del aprovechamiento del cargo para hacer uso y abuso del mismo.

Dicho todo ello, si el principio de autoridad debe de prevalecer en todo orden de cosas, es necesario e imprescindible sustraerse de las reacciones flemáticas e inoportunas, tomando al toro por las astas – claro esté -, sometiéndose a la reflexión y al ánimo conciliador y de esta manera conseguir la interoperatividad funcional que impida el desborde de la autoridad conferida y el arrebato desmedido que concluya con una reacción ilógica e invasiva al respeto mutuo y la colaboración solidaria en aras de lograr el resultado, que de una manera tal, nos permita alcanzar el propósito de vivir en paz, oyendo lo bueno y desoyendo lo incierto y lo deshonesto.

El abuso no es más que un arrebato de la conducta humana, lesiva en su contexto natural. Por el contrario, conciliar e interactuar formal y con respeto mutuo, es digno y propositivo a alcanzar las metas trazadas en favor del pueblo que los eligió y que espera el resultado ofrecido y largamente añorado, es decir, vivir bien, en armonía y solidariamente unidos, todo ello en los extremos y formas de una vida digna e inclusiva en el lugar que nos toque actuar y convivir.

Cerremos filas ante tanta confrontación y los despropósitos irracionales, las animadversiones son lacerantes, dañan y debilitan, la autoridad es necesaria guardando formas, respetando honras y derechos fundamentales. El resto sobra. El orden y la jerarquía deben imperar.          

(*) Consultor y especialista en Contrataciones del Estado.

Jorge Chávez Pita
Fecha 2019-06-27 17:18:53