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ENRIQUE KEKE ARBULÚ: El artífice de la primera operación a corazón abierto en el Perú

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1464

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  • Hace más de treinta años, un hombre revolucionó la seguridad social y encumbró al Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo como un referente en el norte del país.
  • Decenas de médicos fueron capacitados en el extranjero a costo cero, gracias a la gestión de Arbulú Aguinaga al frente del entonces Instituto Peruano de Seguridad Social – IPSS.

A sus 86 años, Enrique Arbulú Aguinaga, o simplemente Keke para los amigos, es una de las voces más lúcidas en Lambayeque. Agricultor y empresario constructor, supo abrirse camino en una época donde la digitalización era una quimera y lo que valía era la palabra y la honradez. Uno de los hitos más destacados a lo largo de su trayectoria fue haber presidido el Consejo de Administración del extinto Instituto Peruano de Seguridad Social – IPSS, hoy el Seguro Social de Salud – EsSalud, cuya experiencia recoge Expresión en una entrevista exclusiva con él.

Enrique Arbulú Aguinaga nació en 1940. Es ahijado de Almanzor Aguinaga Asenjo, hermano de su madre y padrino de bautizo de él. Está casado con Susana Burga Seoane, con quien tiene tres hijos (dos mujeres y un varón), fruto de quienes hoy es un feliz abuelo con seis nietos. Amante de Pimentel, vive actualmente en el balneario donde creció de chico y cuya playa sale a trotar todas las mañanas.

Una experiencia, una decisión

Keke Arbulú relata que la propuesta de asumir la presidencia del Consejo de Administración del Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo le vino de Luis Castañeda Lossio, quien por entonces en los noventa era presidente Ejecutivo del Instituto Peruano de Seguridad Social.

“No me costó tomar la decisión cuando me propusieron el cargo. Fue inmediata, ya que yo había visitado antes el hospital para ver a una persona que estaba internada y sentí indignación por la calidad de atención que allí daban. Recuerdo que una madrugada me desperté a las 2:00 a.m., me vestí y fui al hospital y realmente era una cosa indignante. Me dije a mí mismo que no quisiera que algún día yo o alguien de mi familia tenga una emergencia y termine en ese corral, porque eso no era un hospital. Recorrí los baños y todos apestaban, las camas de los enfermos daban pena, las enfermeras dormían en las sillas. Es algo que nunca me olvidaré”, cuenta.

Fue así que Arbulú Aguinaga llamó a Luis Castañeda y le dijo que aceptaba su propuesta. De esa forma, se convirtió en el presidente del primer Consejo de Administración del Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo, mediante la R.P.E. N°104-PE-IPSS-91.

Diagnóstico desalentador

Menciona que el diagnóstico inicial de lo que encontró en el hospital era desalentador. Los desagües, por ejemplo, que en aquella época eran de fierro, estaban podridos, lo cual generaba constantes colapsos. El hospital tampoco contaba con luz de forma permanente. Se usaban velas y los doctores tenían que operar con linternas.

“Yo tenía la experiencia de que mis hijos habían nacido en el extranjero, en Estados Unidos, donde los hospitales son lujosos. Tú entras a un cuarto y es como si estuvieras en un hotel de cinco estrellas”, cuenta Enrique Arbulú, quien pudo contrastar la realidad del Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo con la de otros nosocomios de afuera.

Cambios trascendentales

Fue así que los primeros cambios en el hospital empezaron desde la infraestructura. Se hizo la renovación total del sistema de alcantarillado y se adquirió un gran motor, el mejor que existía entonces en el mercado internacional, a fin de que se garantizara la luz para todos los procedimientos en el hospital.

“Le agarré mucho cariño también al área de Cocina. Cuando yo llegué, disculpando, era un asco. No era una cocina para enfermos. Tuvimos que cambiar todos los utensilios, las ollas, todo se cambió”, cuenta Arbulú, quien se preocupó así por las necesidades del personal de servicio, abandonado durante muchos años.

En cuanto a los medicamentos, impulsó un sistema para garantizar que el abastecimiento del depósito principal nunca esté por debajo del 50 % y se garanticen los fármacos a los asegurados.

“Yo averigüé cuáles eran las medicinas que necesitaba el hospital y se adquirieron. Hacía que todos los medicamentos que salían desde el área central se censaran durante el día para que ese porcentaje de abastecimiento del depósito principal no baje del 50 %. Hoy existe desabastecimiento porque el personal no sabe qué se acabó. Yo impulsé un sistema innovador para la época, de modo que cuando el stock llegaba al 50 % inmediatamente se reponía. Siempre estuvo al máximo”, recuerda.

Operaciones que salvaron vidas

En paralelo con las mejoras estructurales que se emprendieron en el hospital, también se mejoró la parte médica. Uno de los logros que él destaca fue la realización de las cirugías laparoscópicas, las cuales eran inéditas en Sudamérica. El único país donde se estaban realizando era en Chile, motivo por el cual -a enterarse de esto- mandó a cuatro médicos a especializarse al país sureño para que replicaran lo aprendido en el Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo.

Pero lo que sin duda más resalta de su gestión al frente del nosocomio fue la realización de la primera operación a corazón abierto en el Perú, la cual se hizo en el Almanzor gracias a una decisión suya.

“Yo tenía un pariente ‘Harper Hospital’ de Detroit (Estados Unidos), que era el hijo del doctor Agustín Arbulú Neyra, famoso cardiólogo. Este pariente mío era el segundo al mando en ese hospital, así que fue al primero a quien llamé. Le dije «mira, estoy dirigiendo este hospital acá en Chiclayo y me gustaría hacer una operación a corazón abierto aquí». De inmediato me dijo «primo, me has llamado en el mejor momento. Yo te doy la mejor capacitación que pueda haber. Mándame a tus mejores médicos que acá van a tener alimentación, capacitación y estadía. Lo único que le va a costar al Hospital Almanzor es el pasaje de ida y vuelta»”, recuerda.

Cuenta que cada uno de los grupos de médicos que envió a capacitarse a Estados Unidos estuvo cuatro meses. Regresaron e hicieron la primera operación a corazón abierta en Chiclayo y el Perú, la cual fue un rotundo éxito. A partir de entonces se programaron más cirugías y llegaban incluso pacientes desde Ecuador a operarse.

Sin embargo, un hecho ensombreció este hito. Revela que en aquel entonces hubo una orden de la Seguridad Social para que este hecho, tan importante para el país, no fuera comentado con ningún medio de comunicación, por lo que al día siguiente de la primera operación ningún diario ni canal de televisión local contó lo sucedido.

“En ningún periódico usted encontrará el día en que se hizo la primera operación a corazón abierta desde Lambayeque. No sé quién fue el que no permitió que se hiciera ninguna publicación al respecto. Fue una tarea linda la que se hizo, pero salí desilusionado. La envidia es horrible. Finalmente, estos médicos que mandé a capacitar gratuitamente terminaron yéndose a hospitales de Lima. Tampoco continué más tiempo al frente del Consejo de Administración. Estuve poco menos de dos años y ya no quise más. Esa situación me indignó”, devela.

Hoy, que la Seguridad Social es ampliamente cuestionada por la deficiente atención, cuenta que él no necesitó de presupuestos adicionales para realizar todos los cambios que hizo, pues en aquel entonces todos los hospitales del Seguro contaban con un presupuesto fijo. Hubo un control estricto en el uso de los recursos y se hizo gestión para no incurrir en gastos mayores como fue con el caso de las capacitaciones gratuitas en el extranjero.

Reflexiones de vida

Finalmente, Enrique Arbulú reflexiona sobre lo rico que es el Perú, pero la decadencia en la que se encuentra la formación en principios y valores, ámbito que él evidencia en la política.

“Hoy usted encuentra muy poca gente con principios y valores. Todos ven la política para solucionar sus problemas. Es una verdadera desgracia. Creo que nos falta un presidente con carácter y que realice cambios radicales”, manifiesta.

Por ahora, Arbulú disfruta de su familia y de lo cosechado a lo largo de su vida. Amante de los caballos, cuenta con un criadero de caballos de paso, donde más de cincuenta equinos conviven y son reconocidos en los principales concursos a nivel nacional e internacional. Y Pimentel, desde luego, sigue siendo su lugar seguro.

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