La región Lambayeque enfrenta un escenario paradójico marcado por el crecimiento de sus recursos fiscales, pero condicionado por profundos retrocesos en competitividad, salud, educación y seguridad ciudadana. La evaluación técnica de los principales indicadores macroeconómicos y de gestión pública revela que, si bien la región cuenta con oportunidades para diversificar su economía y consolidar proyectos estratégicos, el próximo gobierno regional asumirá el reto de saldar brechas sociales históricas y transformar el aparato productivo.
“Al analizar el peso de Lambayeque en la economía nacional, observamos que la región aporta el 2,4 % del Producto Bruto Interno (PBI) país, ubicándose en el puesto 13 a nivel nacional. Sin embargo, entre los años 2016 y 2025, el PBI regional aumentó 1.78 veces, una cifra que sitúa a Lambayeque en el puesto 21 en cuanto a dinamismo de crecimiento frente a otras regiones del país, muy por debajo de economías como Apurímac, que creció 3.66 veces, Moquegua con 3.29, Tacna con 2.49, Ica con 2.47 o Cajamarca con 2.12 veces. En el periodo acumulado entre 2021 y 2025, la economía real lambayecana registró una expansión de 9.6 %, con fluctuaciones anuales de 15.4 % en 2021, 2.2 % en 2022, una caída de -3.7 % en 2023, y recuperaciones de 4.8 % y 6.3 % en 2024 y 2025, respectivamente. Pese a esta dinámica, el PBI per cápita regional representa apenas el 59 % del promedio nacional”, explica Jesús Salazar Nishi, presidente del Instituto de Desarrollo Industrial Sostenible – IDIS.
Informalidad y sectores
Refiere que el crecimiento económico sostenido en las últimas décadas ha sido el motor indispensable para reducir la pobreza, pero la informalidad se mantiene como el límite más severo para alcanzar un desarrollo con equidad.
“En Lambayeque, 9 de cada 10 negocios operan dentro de la informalidad empresarial, lo que equivale al 90.6 %, mientras que 8 de cada 10 trabajadores se desenvuelven en condiciones de informalidad laboral, alcanzando el 74.8 %. Sin empleo formal e institucionalidad en los negocios, el bienestar social no podrá consolidarse de manera duradera”, anota el también expresidente de la Sociedad Nacional de Industrias – SNI.
En términos de estructura productiva, precisa que se observa un preocupante desbalance sectorial entre 2016 y 2025. Mientras sectores como Construcción (+0,9 pp), Servicios (+0,8 pp) y Comercio (+0,6 pp) ganaron terreno, la Manufactura (-1.6 pp), el sector Agropecuario (-0.7 pp) y la Minería (-0.1 pp) perdieron peso.
“Esta pérdida de peso industrial es crítica para el encadenamiento productivo regional. La Manufactura es el sector con mayor efecto multiplicador en la economía: moviliza S/69 en insumos por cada S/100 producidos. En comparación, Servicios moviliza S/43, Comercio S/35 y la Agricultura tan solo S/28.5 en insumos por cada S/100. Debilitar la industria implica restar capacidad de generación de valor agregado a la región”, indica el representante gremial.
Por otro lado, informa que la canasta exportadora regional evidencia una altísima concentración. El 99.30 % de las exportaciones de Lambayeque corresponden al sector agroexportador. El Índice Herfindahl-Hirschman (HHI) alcanza un valor de 9.86 en 2025, lo que confirma una elevada vulnerabilidad y concentración en pocos productos. La oferta se divide principalmente en un 83.5 % de productos no industrializados o de procesamiento primario y apenas un 16.5 % de envíos con mayor nivel de transformación.
“El caso del arándano es ilustrativo: mientras el arándano fresco cotiza entre US$4.75 y US$7.5 por kilogramo, el arándano en jugo incrementa su valor de 2.4 a 2.6 veces, el deshidratado de 5.5 a 6.0 veces, y la extracción de nutracéuticos de arándano eleva su valor comercial entre 16.0 y 23.3 veces. La industrialización de nuestros recursos agrícolas representa una ventana de oportunidad indispensable”, señala.
Pérdida de competitividad
En materia de competitividad regional, el Índice de Competitividad Regional (INCORE) al 2026 ubica a Lambayeque con un puntaje de 5.6 sobre 10, situándose en el puesto 9 de las 25 regiones del país. Si bien la región muestra ligeras mejoras puntuales, ha perdido tres posiciones respecto al sexto lugar que ocupaba en el año 2021. Este retroceso se explica por caídas drásticas en pilares fundamentales entre 2021 y 2026: el pilar Laboral cayó 12 puestos, Infraestructura descendió 8 puestos y Salud retrocedió 7 posiciones.
“Aunque se registraron avances en Entorno Económico (+3 puestos) e Instituciones (+14 puestos), y Educación se mantuvo sin variación de posición, el deterioro de los servicios básicos para el ciudadano afecta seriamente el atractivo de la región para la captación de inversiones”, sostiene Salazar Nishi.
En el sector Salud, el panorama muestra alertas sanitarias sumamente graves que exigen atención inmediata. Respecto al 2021, la prevalencia de anemia en niños de 6 a 35 meses aumentó en 11.8 puntos porcentuales, alcanzando una tasa del 39.9 % en el último registro. La desnutrición crónica en menores de cinco años creció alarmantemente en 55.4 puntos porcentuales, afectando al 14.3 % de la población infantil. Asimismo, la cobertura de vacunación esquemática completa en menores retrocedió en 22.5 puntos porcentuales, cayendo al 69.1 %. En contraste, los indicadores de mortalidad materna cayeron en 68.4 %, ubicándose en 10 muertes por cada 100 000 nacidos vivos, y la mortalidad neonatal disminuyó en 16.4 %, alcanzando 7.1 por cada 1000 nacidos vivos.
En cuanto al recurso humano médico, Lambayeque dispone de 3.07 médicos por cada 1000 habitantes, lo que ubica a la región en el quinto lugar nacional, ligeramente por encima del promedio del país que registra 2.9 médicos por cada 1000 habitantes, aunque aún lejos del nivel de Lima Metropolitana que registra 4.56 médicos. “Estar cerca del promedio nacional no es suficiente cuando la infraestructura sanitaria de contención primaria padece graves deficiencias”, sostiene Jesús Salazar.
En el ámbito de la Educación, los resultados del Ministerio de Educación al 2025 revelan una preocupante brecha en los niveles de aprendizaje satisfactorio. En cuarto grado de primaria, solo el 29.6 % de los estudiantes de Lambayeque alcanza un nivel satisfactorio en Lectura, cifra distante del 48.8 % obtenido por Moquegua. En segundo año de secundaria, este indicador cae en la región al 14.6 %, mientras Moquegua registra 31.1 %. La situación en Matemática es igualmente crítica: en cuarto de primaria únicamente el 25.1 % de los alumnos alcanza el nivel satisfactorio, frente al 54.4 % de Tacna, y en segundo de secundaria la cifra se desploma al 9.1 % en Lambayeque, muy por debajo del 27.7 % de Tacna.
“Esta crisis en el aprendizaje está directamente vinculada con el deterioro infraestructural de las escuelas. El 62.7 % de los colegios en Lambayeque carece de acceso simultáneo a los tres servicios básicos de agua, desagüe y electricidad, lo que representa un aumento de 0.8 puntos porcentuales respecto a 2021. Además, el 60 % de las escuelas públicas, equivalente a cerca de 2000 planteles educativos, requiere trabajos urgentes de reparación o reconstrucción total”, manifiesta.
En infraestructura vial, Lambayeque mantiene un elevado déficit en vías pavimentadas. El 79.2 % de las carreteras en la región no están asfaltadas. Al examinar las competencias por niveles de gobierno, la red vial vecinal bajo jurisdicción de las municipalidades presenta un 98.2 % de carreteras no asfaltadas. La red vial departamental, cuya responsabilidad directa recae en el Gobierno Regional de Lambayeque, registra un 69.1 % de vías sin asfaltar. Por su parte, las carreteras nacionales administradas por el MTC muestran un 14.4 % no asfaltado.
En seguridad ciudadana e institucionalidad, el deterioro entre 2021 y 2025 es transversal. Las cifras oficiales reportan un incremento vertiginoso de 209.5 % en la tasa de homicidios en la región, acompañado de un aumento del 30.8 % en los índices de victimización. A la par con el incremento de la violencia y el miedo, la confianza ciudadana en la Policía Nacional del Perú cayó en 38.3 % en la región.
Gestión pública
En relación con el desempeño institucional, el Índice de Gestión Pública Regional (IRGP) al 2024 ubica a Lambayeque en el sexto lugar nacional con un puntaje de 0.68. Entre 2019 y 2024, la medición de calidad de la gestión pública regional aumentó un 25.9 %, impulsada por mejoras en tres de los cuatro pilares evaluados: Salud, Educación e Instituciones.
Sin embargo, Salazar Nishi refiere que existe una marcada desconexión entre la disponibilidad presupuestal y el cierre de brechas. Entre 2016 y 2025, el Presupuesto Institucional Modificado (PIM) del gobierno regional se duplicó, creciendo 2.13 veces. A pesar de contar con mayores recursos financieros, las deficiencias sociales persisten. Un ejemplo crítico provisto por el propio gobierno regional señala que el 97.8 % de los establecimientos de salud del primer nivel de atención presenta una capacidad instalada inadecuada. “Lambayeque requiere reestructurar sus patrones de gasto, incrementando sustancialmente la inversión pública de capital y conteniendo los gastos corrientes ineficientes”, anota.
Añade que la administración regional entrante heredará una abultada cartera activa de proyectos. Existen actualmente 568 inversiones activas registradas con Código Único de Inversiones (CUI), que acumulan un valor total superior a los S/9.9 mil millones. Un dato determinante para el planeamiento fiscal es que el 90.7 % del valor de toda esta cartera corresponde a proyectos cuyo avance físico y financiero es inferior al 25 %. Dentro de esta cartera destacan tres megaproyectos que demandan un presupuesto de S/2.09 mil millones: la construcción del Corredor vial Eten–Pomalca–Picsi por S/977 millones, las obras de regulación y riego del valle del Zaña por S/695 millones, y la edificación del complejo deportivo de competencia por S/417 millones.
“Para transformar de manera integral la matriz económica regional hacia el desarrollo sostenible, es imprescindible implementar un proyecto estratégico de largo alcance. Este plan debe basarse en el impulso a una estructura productiva más diversificada y con mayor valor agregado, la atracción de inversiones hacia el complejo productivo y logístico de Puerto Eten, y el fortalecimiento sustantivo de la eficiencia en la gestión gubernamental regional”, enfatiza.
De ejecutarse de manera rigurosa estas medidas de política económica y de gestión durante la gestión regional 2027-2030, Lambayeque lograría metas cuantitativas de alto impacto al cierre del ciclo quinquenal. En primer lugar, la tasa de pobreza regional disminuiría del 14.5 % registrado en 2025 a un 10.5 % al cierre de la gestión. En segundo lugar, el valor del PBI regional se incrementaría de S/27 092 millones en 2025 a S/39 000 millones para el término del periodo 2027-2030, impulsando una tasa de crecimiento estimada del 12.3 %. Finalmente, el PBI per cápita de los lambayecanos registraría un salto cuantitativo, pasando de S/19 742 en 2025 a S/28 000 hacia el año 2030.
“El desafío de Lambayeque ante el nuevo proceso electoral radica en superar el cortoplacismo y sentar bases sólidas para el desarrollo industrial, la infraestructura productiva y la equidad social. Es momento de asumir compromisos técnicos para construir juntos el desarrollo sostenible que la región requiere”, finaliza.
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