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CARDENAL CASTILLO: “NECESITAMOS PACIFICAR AL MUNDO”

Escribe: Semanario Expresion
Edición N° 1442

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  • El primado de la Iglesia Católica llegó a Zaña para participar de las actividades por los 420 años de la defunción de Santo Toribio de Mogrovejo.
  • En su homilía, el cardenal hizo hincapié en la necesidad de evangelizar desde el conocimiento de la realidad de cada pueblo.

Escenario vivo de la memoria y la espiritualidad, Zaña vivió el último lunes una jornada de fe con la llegada del arzobispo de Lima y cardenal del Perú Carlos Castillo Mattasoglio, quien presidió los actos litúrgicos en conmemoración a los 420 años del deceso de Santo Toribio de Mogrovejo, elevado a los altares por la labor apostólica que realizó en el Perú, y particularmente en Zaña, donde reposan sus restos.

En ese marco, se realizó una romería hasta la tumba del santo español, pero de corazón peruano, que se encuentra en Zaña y una misa que fue concelebrada por el obispo de Chiclayo, monseñor Edinson Farfán Córdova. La actividad contó con la participación de diferentes autoridades políticas como la vicegobernadora regional Flor Saavedra López; la alcaldesa de Chiclayo, Janet Cubas Carranza; y el alcalde de Zaña, Aladino Mori Centurión.

“Hoy es un día muy especial, no solo porque hemos podido visitar la tumba de un santo tan prominente, sino porque visitando su tumba podemos comprobar que el señor tiene caminos inéditos para todos si es que nos dejamos guiar por él como creyentes. Nosotros como seres humanos podemos construir una forma de ser religiosos que corresponde a nuestras costumbres, pero lo novedoso en la fe cristiana es que el señor nos inspira a ir más allá de la costumbre, nos da un mundo nuevo y una esperanza. En nuestra experiencia de fe debemos responder a su llamado desde la realidad que vivimos”, señaló en su homilía el cardenal Castillo.

Dios en el prójimo

El purpurado destacó que el papa León XIV ha enseñado que para dirigirse a Dios no hay que mirar al cielo, sino a los ojos de las personas, dado que habita en cada historia de la gente, en sus problemas, en su realidad.

“Claro que Dios está en el cielo, pero ya tendremos tiempo de estar allí con él, mientras tanto busquémoslo en la realidad. Dios habita en medio de nosotros. Hay un pequeño bloque de católicos que no quieren entender que nuestra misión en este mundo es fundamental, que es Jesús quien nos dijo, a través de sus discípulos, que vayamos por todo el mundo a anunciar el evangelio. Y no se trata de cualquier anuncio, no se trata de agarrar de las orejas a la gente y decirle hazte católico, sino te vas al infierno. Esa época ya pasó”, resaltó.

Explicó que a partir del Concilio Vaticano II, en 1962, la Iglesia Católica cambió su forma de evangelizar y se volvió más cercana al pueblo. A partir de ese momento se tradujeron los textos bíblicos al castellano y se introdujo la misa del ‘novus ordo’ en vez de la misa tridentina que era celebrada exclusivamente en latín. De esta forma, indicó, los fieles en cualquier parte del mundo pudieron sentir que dios era suyo.

“Sentimos que dios era peruano, era limeño, era chiclayano, era zañero. Dios está cerca de nosotros, el Dios que reveló Jesús sigue presente y nos sigue llamando. No basta con cumplir los sacramentos, que de hecho son muy importantes, sino que debemos escuchar la palabra de Dios y compartirla. Jesús nos dejó su palabra para que pudiéramos confrontarla con las experiencias que atravesamos en nuestra vida. Por eso casi todo lo que tenemos en la biblia es narración, son consejos que dios da para nuestra vida”, manifestó.

La prédica del profeta

En otro momento, el cardenal Castillo trajo a colación al profeta Isaías, de cuya historia señaló que enseña que Dios revela su gloria, pero invita a verla con los pies bien puestos sobre la tierra.

“Si lo comparamos con la revelación de Ezequiel, él es llevado al tercer cielo y allí dios le revela su gloria de una forma rara y misteriosa. En cambio, Isaías es el profeta que anuncia al siervo sufriente con los pies bien puestos en la tierra. Emulemos los sentimientos de Jesucristo, quien siendo de condición divina no retuvo para sí su categoría de dios, sino que tomó la condición del siervo y se anonadó, muriendo como un esclavo y como el peor de los hombres, con la muerte de cruz”, relató.

Apuntó que ese despojo de sí mismo para servir es el camino que narra el profeta Isaías para superar el antiguo sacerdocio, ese que castigaba a quien no comulgara con la misma fe y estaba lejos de la idea de dios amor.

“Se supera el sacerdocio del Antiguo Testamento que siempre está anunciando un Dios que castiga, un Dios que maldice, cuando Dios solo bendice, solo ama, es solo amor y amor gratuito, un amor que no pone condiciones y que nos llama -por nuestro bien- a obrar bien y no destruirnos. Dios siempre está a la puerta y llama.

El reto de la Iglesia

Destacó que hoy los fieles católicos, pero sobre todo los peruanos y chiclayanos, tienen la gran responsabilidad de ponerse a la altura de lo que significa sostener con sus vidas lo que dice y hace el papa León XIV.

“No tenemos la responsabilidad de convertir en católicos a todos ni de imponer nuestra fe, pero sí de suscitar un país justo, hermano, capaz de hacer justicia en el corazón de la vida, especialmente de la gente que más sufre y así superar esa etapa aciaga donde la ignorancia, la petulancia, la arrogancia se ha apoderado de tantas personas de diversas zonas del país y del mundo. Tenemos el gran desafío de reeducarnos juntos para servir de forma inteligente, de retomar lo que hizo Santo Toribio de Mogrovejo”, precisó.

En esa línea, recordó que Santo Toribio de Mogrovejo realizó su misión evangélica en el Perú tratando de comprender primero que había pasado en este país, cuál era su realidad. En aquel entonces, siglo XVI, el Perú de 11 millones de personas se había reducido a solo 800 mil, debido a la huella de la colonización española que trajo nuevas enfermedades para las cuales los indígenas no contaban con anticuerpos.

“Si un español contagiaba a un indio de gripe, este se moría. Cuando Santo Toribio llegó encontró un pueblo muy disperso. Él tuvo que buscar a esas ovejas perdidas y reagruparlas, pero no como lo hizo el virrey Toledo que los conminó a unas reducciones a recibir doctrina y repetir y repetir lo que les enseñaban, sino que fue por cada pueblo buscando a los habitantes. Además, él hablaba quechua y aymara, tenía esa facilidad, por lo que pudo reunir a los pocos ayllus antiguos que quedaban”, mencionó.

Señaló que es altamente probable que la costumbre de poner cruces en los cerros haya venido de Santo Toribio de Mogrovejo, puesto que él entendió que la gente adoraba a los cerros porque de la cima de estos brotaba el agua y -lejos de considerarlos como idólatras- les explicó que esos cerros habían sido puestos por el padre celestial.

“La gente dijo entonces vamos a poner la cruz en el cerro porque en el medio de este se encuentra el padre. Esa pedagogía, ese modo de enseñar teniendo en cuenta la idiosincrasia, los problemas de la gente, nos hace ver que nuestra misión debe estar a la altura del momento actual que vivimos (…) Necesitamos volver a nuestra humanidad y una de las grandes tareas del papa León es predicar que todos debemos desarmar a la sociedad, buscar una paz desarmada, porque necesitamos pacificar el mundo”, expresó.

Finalmente, llamó a los fieles católicos peruanos a ser la fortaleza y el respaldo del camino eclesial que desarrolla el papa León XIV, quien sirvió con profunda devoción en la Diócesis de Chiclayo cuando ejerció como obispo. 

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