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AFIRMA CARLOS PARODI: HACEN FALTA REFORMAS INSTITUCIONALES PARA QUE FUNCIONE EL MODELO ECONÓMICO

Escribe: Semanario Expresion
Edición N° 1442

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  • El reconocido economista refiere que no se han realizado las reformas institucionales necesarias para lograr el bienestar de la población.
  • A partir de la década del noventa se implementaron reformas económicas, mas no reformas institucionales.

Según estimaciones del Ministerio de Economía y Finanzas, al cierre del 2025 el Perú registró un crecimiento de 3.4 %, consolidando así dos años consecutivos de expansión económica. Eso, sin embargo, no se ve precisamente reflejado en el bienestar de la ciudadanía. Hasta antes de la pandemia por la Covid-19, el índice de pobreza era del 20.2 %, mientras que ahora se estima que se encuentra en 25.9 %.

Para Carlos Parodi, reconocido economista, profesor principal del Departamento Académico de Economía y miembro del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, esta situación no es responsabilidad del modelo económico, sino de la incorrecta aplicación del mismo, dado que no ha ido acompañado por verdaderas reformas institucionales.

Economía social de mercado

El especialista explica que el modelo de economía social de mercado consiste en un sector privado que produce (crea riqueza), genera empleo y paga impuestos; y un Estado que invierte esos impuestos en educación, salud, infraestructura, seguridad y vivienda, en especial para los más vulnerables.

Para que esto dé los resultados esperados es necesario que haya reformas institucionales que permitan que el Estado cumpla con sus funciones. No obstante, el Estado solo ha logrado reformas en materia económica.

Reformas en economía

Parodi señala que las reformas implementadas a partir de los noventa permitieron el tránsito hacia una economía basada en el mercado, la apertura hacia el exterior y a tener un Estado regulador. Así, se adoptaron algunas medidas como la liberalización comercial y financiera, las privatizaciones, la creación de entes reguladores, dotarle de independencia al Banco Central de Reserva del Perú y aplicar disciplina fiscal.

A finales del año 1989, por ejemplo, el PBI había caído en casi -15 %, indicador que fue recuperándose paulatinamente con el ingreso del nuevo gobierno. Según cifras del Banco Central de Reserva, la inflación durante el quinquenio de 1985 a 1990 llegó a 2.178.482 %, cifra que solo ha sido superada en Sudamérica por la Venezuela de Nicolás Maduro.

Para cambiar ese panorama, todas estas reformas fueron ejecutadas por la Presidencia y el Banco Central de Reserva del Perú con el apoyo de organismos multilaterales. La gestión fue tecnocrática y el impacto inmediato, lo cual permitió el crecimiento económico, pero que no se materializó en mayor bienestar.

Reformas institucionales  

Sostiene que las reformas emprendidas aumentaron la productividad y mejoraron el funcionamiento de la economía al actuar sobre la oferta, pero no se hicieron las reformas institucionales que se requerían para lograr un crecimiento sostenido con impactos sociales positivos.

A ello añade que la estabilización y las reformas no son lo mismo, por ello -aunque existe estabilidad monetaria- no se ha mejorado de manera visible en educación, salud, seguridad, vivienda e infraestructura.

“A medida que pasa el tiempo, disminuye el apoyo a las reformas, a menos que se muestren resultados concretos. La turbulencia financiera entre 1998 y el 2002, la del 2008 y la del 2020, sumada a la turbulencia política que vivimos desde el 2017, debilitan el apoyo y la posibilidad de seguir con reformas en la dirección promercado y apertura. Muchos asumen que las políticas existentes en ese momento fueron las culpables”, sostiene.

Señala que este tipo de reformas institucionales son conocidas también como reformas de segunda generación. Para llegar a estas suele haber una secuencia de hechos que le anteceden. Por lo general, el país experimenta un rápido deterioro en su situación económica, la población percibe que la crisis tiene sus orígenes en las políticas económicas previas y la profundización de la crisis crea la sensación de urgencia: algo hay que hacer, pero no seguir con lo mismo.

Es allí -explica Parodi- que el nuevo gobierno implementa las nuevas políticas, estrategias y comienzan las reformas. “Estas reformas implican un costo, pero asumirlo es mejor a que todo siga igual”.

Dentro de esas reformas de segunda generación se trata de elevar la competitividad y mejorar las condiciones sociales en salud, educación y otros servicios públicos. Aquí se pretende reformar la legislación laboral, la administración pública, la estructura organizativa del gobierno, la administración de justicia, la capacidad reguladora, la capacidad tributaria y, en suma, reestructurar las relaciones entre el gobierno central y los gobiernos subnacionales.

Trabas frente a las reformas

Parodi señala que un cuestionamiento recurrente al modelo económico de economía social de mercado es que las reformas no han funcionado porque el modelo no funciona. Sin embargo, para el economista, si el Estado no funciona, no existe modelo que funcione.

“Las reformas no fracasaron, sino que faltó completarlas y profundizarlas. Por ejemplo, faltaron las reformas tributarias y laborales. Las reformas toman tiempo en dar efectos y eso puede generar una fatiga reformista”, menciona.

Afirma que los objetivos iniciales de las reformas de primera generación se centraron en la estabilización macroeconómica, pero no en aspectos relacionados con la reducción de la pobreza y la desigualdad. “El real problema está en la implementación, sin una reforma institucional, las demás reformas son difíciles de sostener. Falta completar el modelo con una reforma del estado y sus instituciones para así atender a la población más vulnerable”.

Añade que el apoyo externo es clave para una reforma exitosa, pues existe una “luna de miel” al comienzo de los gobiernos reformistas antes de que crezca la oposición a las reformas. También es necesario que el gobierno tenga apoyo en el legislativo.

“El programa de reformas es promercado y de apertura al exterior, pero es más fácil implementarlas cuando la oposición es débil y fragmentada. Es clave tener un liderazgo y lograr un consenso social que sea impulsador de las reformas”, sostiene Parodi, quien agrega que es clave también tener un equipo económico coherente y unido.

“Las reformas exitosas colocan a economistas en posiciones de responsabilidad política. Suponen, además, un programa de rápida implementación, pues el «timing» es crucial. Pero, ojo, el reformista debe explicar qué hace, tener una comunicación efectiva”, manifiesta.

Finalmente, señala que las reformas son más fáciles de implementar si el partido o los partidos que pierden en la contienda electoral son compensados de alguna forma, esto es involucrándolos en el gobierno y no excluyéndolos por completo. También es clave tener un programa de apoyo social para amortiguar los costos iniciales de las reformas.

“La sostenibilidad se puede lograr acelerando el número de ganadores de las reformas”, apunta.

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  • El ingreso promedio mensual en Perú para la población ocupada a nivel nacional se sitúa alrededor de S/ 1765.90.

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