El Perú atraviesa una de las coyunturas políticas más inestables en su historia contemporánea, a menos de tres meses de las elecciones generales del 12 de abril de 2026, luego de años de tensiones políticas, crisis de gobernabilidad y percepciones de inseguridad en la ciudadanía, el país atraviesa un ambiente caracterizado por una gran incertidumbre en las elecciones, división entre los partidos y una profunda desconfianza ciudadana hacia sus instituciones. No solamente se determinará quién tendrá el cargo más alto del Estado con los resultados de este proceso, sino que además se definirá la dirección de la política pública en asuntos clave como la economía, la seguridad, el trabajo y la lucha contra la corrupción; en este escenario, el elector peruano se encuentra ante una elección crucial: seguir con los mismos patrones políticos establecidos que no han producido soluciones duraderas o elegir la renovación con nuevas propuestas y líderes emergentes.
El escenario actual revela una nación fragmentada y extremadamente exigente: por un lado, la economía persigue indicios de estabilidad; por el otro, los ciudadanos expresan inquietudes serias acerca de la calidad de la oferta política, la claridad del proceso y la habilidad de los candidatos para tratar con problemas fundamentales, este panorama demanda un examen minucioso y crítico que sobrepase los nombres de los candidatos, enfocándose en las dinámicas económicas, políticas y sociales que verdaderamente determinarán estas elecciones en la percepción colectiva del Perú.
Percepción ciudadana: desconfianza y desafección
La escasa confianza de la ciudadanía en los candidatos y en el sistema electoral es uno de los aspectos más notables de este proceso electoral, aproximadamente el 8 % de los peruanos confía completamente en que las elecciones de 2026 se desarrollen bien, mientras que cerca de la mitad de la población muestra una credibilidad muy baja en el sistema político, según encuestas recientes. Esta desconfianza generalizada no aparece de la nada: es una consecuencia de muchos años de escándalos de corrupción, interinatos presidenciales sucesivos y del sentimiento de que se priorizan los intereses individuales sobre el beneficio colectivo en la política.
Una indecisión electoral significativa es el efecto directo de esta desilusión, según los datos de las encuestas, más del 56 % de los ciudadanos no ha decidido aún su voto o piensa votar en blanco o viciado, una cifra que es mayor al total de apoyos a cualquier candidatura particular. Este fenómeno, en lugar de ser temporal, muestra que el electorado se siente desconectado de las narrativas políticas convencionales y, en numerosas ocasiones, ha decidido manifestar su rechazo a la oferta actual en vez de apoyarla.
Fragmentación política y ausencia de liderazgos consolidados
En el panorama electoral peruano de 2026, hay una diversidad de candidatos y ninguno de ellos logra obtener cifras significativas en intención de voto, los últimos sondeos indican que los primeros puestos de preferencia presidencial apenas llegan a cifras de un solo dígito, lo que revela la existencia de un electorado dividido y sin alternativas claras que promuevan decisiones firmes entre los votantes.
Esta dispersión no solo diluye el voto de la ciudadanía, sino que además fortalece la idea de que la política en Perú está desprovista de líderes carismáticos o programas coherentes, capaces de formular una visión del país que supere las circunstancias actuales, es una propuesta en la que muchos nombres se repiten; algunas figuras vienen de organizaciones políticas tradicionales y otras surgen sin un fuerte apoyo social.
Economía, seguridad y criminalidad: preocupaciones prioritarias
Los temas que más preocupan a la ciudadanía, más allá de las encuestas y los resultados electorales, tienen que ver con la economía, la corrupción y la seguridad, de acuerdo con las encuestas de opinión, los asuntos que inquietan más a la población peruana son:
ü La inseguridad en la ciudadanía como un tema predominante.
ü La idea de que la economía criminal (narcotráfico, minería ilegal, extorsión) tendrá un impacto en los resultados electorales y en las políticas públicas venideras, el 78 % de los habitantes de Perú estima que es probable que estas economías empleen recursos ilegales para incidir sobre los resultados.
ü La exigencia de planes nítidos en términos de empleo, desarrollo económico y mejora de la calidad de vida.
Estos indicadores demuestran que los votantes esperan soluciones concretas a problemas específicos, no discursos vacíos o fórmulas retóricas que no se convierten en políticas públicas efectivas.
Un electorado joven e indeciso con potencial clave
Es relevante destacar la implicación de los jóvenes en este proceso, según las encuestas, el grupo de indecisos es especialmente fuerte en los jóvenes entre 18 y 24 años, con cifras que sobrepasan el 50 % en ciertas zonas; este segmento del padrón electoral es fundamental, pues constituye una masa crítica capaz de influir en los resultados, impulsada por anhelos de transformación y representación política genuina, así como por exigencias socioeconómicas.
El proceso electoral peruano de 2026 se presenta como uno de los más difíciles y complicados en años recientes:
ü La alta indecisión y la dispersión del electorado indican que los votantes todavía no encuentran propuestas que se alineen con sus verdaderas aspiraciones.
ü La desconfianza hacia la política y los partidos tradicionales continúa predominando en el sentir de la ciudadanía, lo cual da lugar a nuevas figuras o coaliciones no convencionales.
ü Los candidatos no pueden pasar por alto los desafíos que representan las inquietudes sobre la seguridad ciudadana y la posible intervención de economías delictivas en el proceso electoral.
ü Finalmente, aunque existe desafección, la alta intención de participación electoral indica que la ciudadanía todavía cree en la democracia como instrumento de cambio.
Para que las elecciones de 2026 no sean simplemente una rutina repetitiva, sino una auténtica ocasión para la renovación democrática, es crucial que:
a) Los partidos políticos y sus candidatos hacen propuestas concretas, realistas y que se relacionan con los desafíos que la ciudadanía enfrenta en la vida diaria (como el empleo, la educación, la corrupción y la seguridad); b) Se promueva una agenda de reforma política que disminuya la fragmentación de los partidos y fomente una mayor coherencia programática entre las propuestas electorales; c) La ciudadanía se entere de manera activa sobre discusiones y propuestas, sobrepasando los niveles de desinformación reportados en varias encuestas y d) Las organizaciones civiles y los medios de comunicación promuevan foros públicos abiertos donde se puedan contrastar programas gubernamentales y perspectivas sobre el futuro del país.
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Docente USMP - FN
Correo: bagnerss3@gmail.com
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