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EL CHICLAYO QUE NO SE VE: En el 188° aniversario de creación de la política

Escrito Rosa Amelia Chambergo Montejo (*)
Edición N° 1296

Para efectos corporativos, valen mucho los intangibles, la suma de valores y cultura organizacional que contribuyen a generar una buena reputación y con ello mayor éxito en el mercado.

Lo mismo se aplica para las ciudades. Las urbes también tienen intangibles, cualidades que no se pueden tocar, pero sí medir, sentir y con ellas lograr satisfacción. La amistad que el chiclayano prodiga a propios y extraños, es uno de esos intangibles, como también lo es la alegría de la gente, la creatividad, la resiliencia, la capacidad para emprender y sostener lo emprendido.

Nada de eso se puede ver, pero gran impacto tiene sobre el quehacer de los habitantes, pues día a día se fortalecen las relaciones humanas y el desarrollo en base a esos aspectos. Podemos concluir, entonces, que ese es el Chiclayo que no vemos.

Pero también forman parte de los intangible ciertas características que se han tornado muy propias de la sociedad chiclayana, al menos en las últimas décadas, y que nos pasan una factura muy alta. La apatía frente al interés común, la indiferencia frente al problema local, la inercia ante la incompetencia de las autoridades, todo ello no se toca, pero sí se siente y tiene impacto en nuestra vida como provincia.

Los resultados son el atraso, la falta de orden, de planificación, de limpieza y cuidado a la que, espero equivocarme, nos hemos acostumbrado como colectivo.

Lamentablemente, pese a los golpes que como provincia hemos recibido ya sea por la naturaleza o la corrupción de los que fueron elegidos para gobernar, no hemos logrado sacudirnos de esas taras que limitan nuestro progreso, siendo esta una tarea pendiente para todos, grandes y chicos, hombres y mujeres, ciudadanos y autoridades.

El Chiclayo que no se ve nos enrostra sus efectos cada vez que se acumulan toneladas de basura en las calles después de la limpieza pública; cada vez que el sistema de alcantarillado colapsa y nos cruzamos de brazos a ver el sucio espectáculo de las aguas contaminadas en las vías o dentro de las casas; cada vez que apreciamos con total normalidad cómo la vía pública se convierte en mercadillo de paso o cuando nos importa poco si la autoridad actúa con eficiencia y transparencia.

Nos golpea cuando observamos que no se cumplen los planes de gobierno y no decimos nada, nos castiga cuando escuchamos de la corrupción y simplemente asentimos como diciendo que es normal y que no importa que roben pero que hagan obra… nos posterga cada vez que permanecemos inactivos mientras la ciudad se sume en el caos y la pérdida de todo principio de autoridad y civismo.

Ojalá en un tiempo no muy lejano aprendamos que los verdaderos intangibles que nos suman son los que nos reafirman como ciudadanos, en toda la extensión de la palabra, porque el ciudadano no es sólo el que tiene DNI o acude cada cuatro años a votar para que no lo multen; el ciudadano es, sobre todo, el que se involucra, participa, activa, organiza, propone y, lo más importante, fiscaliza.

Que este 188° aniversario de la elevación de Chiclayo a la categoría de provincia, en medio de la difícil circunstancia que nos ha tocado vivir, sirva para reflexionar juntos sobre cuán involucrados estamos en la solución de los problemas que nos afectan a todos como colectivo, sin esperar a que sea la autoridad municipal la única que lo haga todo. Mejorar el Chiclayo que no se ve para tener un mejor Chiclayo que sí vemos, implica compromiso, diálogo y organización. Empecemos a construirlo.

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Directora / Editora

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