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EL CARNAVAL UNA CELEBRACIÓN NACIONAL: SINCRETISMO Y BASE COMUNITARIA

Escribe: Pedro Alva Mariñas (*)
Edición N° 1438

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Nos resulta relativamente fácil, relacionar la celebración del día del campesino, con la festividad de San Juan, con el Inti Raymi y llegar hasta la “fiesta de la cosecha” de tiempos prehispánicos. Pero en otros casos esta relación es más complicada y se resuelve el problema con la mención de “celebración tradicional”. Otro desafío es precisar si la celebración se generó de manera independiente por las poblaciones originarias o acaso fueron impuestas por las poblaciones venidas de Europa. La colonialidad es una marca complicada.

En el caso de la celebración del carnaval en el Perú nos preguntamos ¿Es posible entroncarlo con alguna celebración panandina en tiempos prehispánicos?. En base a una somera pesquiza documental  afirmamos que es posible que se entronque con la celebración andina del fin de  un ciclo de lluvias que facilita la siembra de las parcelas, chacras y fundos. Lo anterior rige también para la zona de costa que recibe las primeras descargas de aguas que garantizan la siembra.

El carnaval popular peruano tiene una base comunitaria, los pueblos y comunidades lo celebran en su propio territorio, se basan en una acción colectiva, en un entusiasmo desbordante y que, en algunos casos deciden celebrarlo en la capital provincial o departamental cuando se encuentran con una convocatoria amigable, articuladora de alguna instancia del Estado, en particular de las municipalidades. Esta base comunitaria explica la fuerza, la vitalidad, la persistencia del carnaval. Es visible en el caso de Cajamarca en la que la fuerza de los distritos animan el carnaval provincial y éstos terminan fortaleciendo la celebración central en Cajamarca. Algo parecido se aprecia en el carnaval – Pukllay que se celebra en Andahuaylas y que es considerado como la mejor expresión del carnaval de los pueblos originarios.

El carnaval y la ley

Los gobiernos nacionales y subnacionalels han tenido una acción contradictoria frente al carnaval, en un largo periodo decidieron prohibir algunos de sus “excesos” y luego decretaron su eliminación como celebración popular. Esta actitud llegó al extremo cuando Manuel Prado, presidente del Perú, emitió un decreto (1958) que prohibió la celebración del carnaval en todo el Perú. En el caso de Chiclayo el gobernador político (prefecto) Glicerio Villanueva (2008) parece que volvió a prohibir la celebración del carnaval “los juegos de carnavales, las yunsas y los bailes en la vía pública” a fin de “proteger la integridad física de los pobladores”, según nota de Andina.

El resultado fue el debilitamiento general de esta celebración; sin embargo en otros lugares se generó una resistencia activa que se tradujo en más carnaval todavía. Recordamos que por los años 60 – 70 en los carnavales de Cajamarca se solía cantar una copla que ilustra bien este tensión: “Manuel Prado ha decretado, que no haya carnaval, y el pueblo le contesta … cállate viejo animal”.

En las última décadas se ha iniciado un proceso de involucramiento activo de algunas municipalidades en la celebración del carnaval en sus jurisdicciones, lo que puede generar un cambio de actitud del Estado. Esto es evidente en el caso de las municipalidades provinciales del departamento de Cajamarca y más recientemente de las municipalidades de Ferreñafe, J.L.O, Pacora, Jayanca. El Gobierno Regional de Lambayeque está tratando de montar una tercera celebración regional del carnaval basado en la fuerza expresada en algunas provincias y distritos.

La legislación peruana, con la lentitud de la que hace gala ha dado algunos pasos para formalizar al carnaval. La ley N° 27667 (15/02/2002), decreta “Declárese el Carnaval de Cajamarca como fiesta nacional”. Proyectos de ley que declaraban a Cajamarca como capital del carnaval peruano fueron archivadas por ser competencia exclusiva del Ministerio de Cultura. Otro tímido avance se da con la resolución viceministerial del 27/06/2017 que resolvió “Declarar patrimonio cultural de la nación a la copla y contrapunto del carnaval de Cajamarca”.

Ante este vacío legal, la Municipalidad Provincial de Cajamarca expidió la resolución N° 833 – CMPC. (10/04/2023) que decreta “Artículo 1°.- Declarar a Cajamarca como patrimonio cultural de la nación y denominar a Cajamarca como la capital del carnaval peruano y la fiesta más alegre del Perú.

Ilustrando la tensión histórica gobierno – carnaval recordamos una copla irreverente del carnaval cajamarquino de los años 1960 – 1965 “Manuel Prado ha decretado, que no haya carnaval y la gente le contesta: ¡cállate viejo animal!”.

Estamos ante toda una tendencia de recuperación del carnaval como masiva celebración del pueblo sobre la base de su sentido comunitario, genuino, de esparcimiento, de diverdidad, de rebeldía y aceptando los componentes de la modernidad que considera pertinentes y poniendo límites a los intentos de elimarlo, de manipularlo o de convertirlo en un simple espectáculo mercantil o de lucimiento personal.

(*) Instituto de Desarrollo Regional – INDER 

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