En una solemne y emotiva celebración eucarística inaugural del III Congreso FIC 2026, el obispo de Chiclayo, monseñor Edinson Farfán Córdova, dirigió un profundo y retador mensaje a la comunidad educativa franciscana. La misa de apertura, celebrada en el coliseo del Colegio Santa María Reina, anfitrión del encuentro, reunió a la superiora general, madre María Antonieta Gracia Carrizales, al Consejo General, así como a directores, maestros, pedagogos y especialistas provenientes de diversas regiones del Perú y el extranjero.
Bajo el nombre “Nuevas rutas de humanidad y esperanza desde el corazón de nuestros fundadores”, la cita académica y pastoral cobra una relevancia histórica especial al enmarcarse en el horizonte del octavo centenario del tránsito de San Francisco de Asís (1226-2026). Inspirado en las lecturas bíblicas de la liturgia, monseñor Farfán inició su homilía planteando una pregunta fundamental que debe interpelar el quehacer pedagógico actual: “¿Qué imagen del ser humano estamos transmitiendo a las nuevas generaciones y qué clase de humanidad estamos contribuyendo a construir desde nuestras instituciones educativas?”.
Una escuela para "todos, todos, todos"
Al profundizar en la profecía de Isaías y en la parábola evangélica del banquete de bodas, el prelado enfatizó que la propuesta cristiana para la educación se basa en la comunión y la apertura incondicional. En una sociedad marcada por divisiones y desigualdades, Dios prepara una mesa donde no cabe la exclusión.
"En un mundo herido, la iniciativa de Dios es invitar a todos. Como recordaba el papa Francisco: Todos, todos, todos. Queridos educadores, en nuestras aulas no podemos perder la esperanza; debemos ser testigos de que ningún estudiante queda fuera del horizonte del amor de Dios", exhortó el obispo.
Monseñor Farfán instó a los docentes a desarrollar una sensibilidad especial hacia la historia única que carga cada niño y joven. Detrás de cada rostro hay realidades complejas: crisis de identidad, dolor familiar o barreras de aprendizaje, pero también talentos artísticos y científicos por descubrir. Acoger la diversidad y atender prioritariamente a quienes enfrentan mayores dificultades es, según el pastor, la esencia del testimonio franciscano y el verdadero punto de partida de la esperanza.
Coherencia, libertad interior y el "vestido de boda"
Centrándose en las cartas de San Pablo y la enseñanza del Evangelio de Mateo, el obispo reflexionó sobre la madurez humana y la libertad interior necesarias para educar hoy. Evocando la célebre máxima de San Agustín —“Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”—, invitó a los maestros a cultivar el silencio y la interioridad para escuchar al Maestro divino.
No obstante, la homilía incluyó una advertencia directa sobre el peligro de la superficialidad formal. Recordando al invitado de la parábola que no llevaba el vestido de boda, monseñor Farfán señaló que los planes curriculares perfectos, la infraestructura moderna o los documentos institucionales de alta calidad no bastan si falta la transformación del corazón.
"La pregunta evangélica se dirige a la autenticidad de nuestra vida. ¿Qué vestido llevamos al banquete de la misión educativa? Debemos examinarnos permanentemente para ver si nos dejamos transformar por la gracia y el Espíritu Santo, vistiéndonos de caridad y fraternidad real dentro de nuestros planteles", cuestionó.
La persona humana y el desafío de la IA
Uno de los puntos culminantes de la homilía abordó los desafíos éticos y culturales de la era digital. El obispo de Chiclayo citó la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas, orientada a la custodia de la persona ante el avance vertiginoso de la inteligencia artificial.
Monseñor Farfán advirtió que la humanidad se halla ante una encrucijada decisiva: construir una "nueva Babel" autosuficiente, soberbia y dispersa, o edificar una ciudad donde Dios y el ser humano habiten juntos en armonía. De igual forma, citando la carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza —vincular a la diócesis chiclayana—, recordó que la tecnología debe ser siempre un instrumento al servicio de la persona y jamás un reemplazo de la calidez e intelecto humano.
"Las tecnologías deben servir a la persona, no sustituirla. El educador franciscano está llamado a desarrollar un juicio crítico, evaluando la técnica desde la dignidad humana, el impacto en las relaciones y su contribución al bien común", remarcó.
Llamado a la sinodalidad y a la acción concreta
Finalmente, el prelado instó a la asamblea a vivir este congreso como un ejercicio real de sinodalidad e implementación de las orientaciones eclesiales sobre la familia, los jóvenes y la educación. Pidiendo la intercesión de María Inmaculada, "mujer de la escucha y del sí pronto", animó a los educadores a buscar la "armonía de voces" en la diversidad de sus talentos.
Monseñor Edinson Farfán concluyó la celebración encomendando las jornadas de trabajo a la oración, con la confianza de que este encuentro internacional en tierras chiclayanas arroje propuestas concretas y transformadoras que sigan haciendo de la escuela franciscana un faro de humanidad, luz y verdad para la sociedad.
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