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ASÍ OPERAN LOS QUE DEFRAUDAN AL ESTADO: ¿Por qué la corrupción no deja de crecer en Lambayeque?

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1235

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He querido titular este último artículo del año con una interrogante real y efectiva, porque necesariamente hay que ponerla en el tapete y colocarla en el contexto político gubernamental, como así también en el espectro gestor de las autoridades de las entidades adscritas al Poder Ejecutivo, gobiernos regionales y municipales, donde cunde la corrupción.

¿Qué significa corrupción?

Según el Diccionario de la Lengua Española, “corrupción” significa acción de corromper o corromperse.

Esta acepción, hoy por hoy naturalizada, origina el deterioro de valores, usos o costumbres – refiere el glosario -, los cuales mayormente se suscitan en las organizaciones, especialmente públicas, convirtiéndose esta en una práctica consistente en la utilización indebida o ilícita de las funciones en provecho de sus gestores, utilizando en este sentido un método inductivo a la comisión de delitos, que al ser identificados, reflejan el insano accionar de sus actores (corrupto y corruptor), cuando colusoriamente logran perpetrar actos ilícitos para apropiarse de los dineros estatales con total impunidad.

¿Por qué crece?

El flagelo pernicioso llamado corrupción, manifiesto en todo el aparato estatal, crece y se construye sostenidamente, fundamentalmente porque las autoridades de turno y los funcionarios públicos, operadores del acto corrupto, mutan cada vez más de la orilla de la honradez a la otra donde los espera la deshonestidad, claro está, con su adepto adjunto: el corruptor, para luego, en conjunto y sin reparo alguno, lograr apropiarse de los dineros del Estado.

En estos tiempos, incluso, aprovechándose del relajamiento de las normas de fiscalización y control durante la pandemia del Covid-19, que han limitado el accionar de los estamentos de control y supervisión, quienes se han concentrado en llegar después de que se cometieron los hechos de corruptela y no cuando este nacía, crecía y se reproducía como una sabandija.

Aunado a ello, el insuficiente accionar del titular de la investigación, en este caso el Ministerio Público y los encargados de impartir justicia como es el Poder Judicial, cuando subrepticiamente le abren las puertas de los penales a personajes que lideran organizaciones criminales corruptas, bajo el argumento premeditado de un exceso de carcelería o cuanto afán impere para poner en la calle a quien no debe de estar.

¿Cuál es el modus operandi?

El acto corrupto nace dentro de un ente gestor y ejecutor presupuestal, por lo tanto, mora y crece en ese ámbito de precariedad moral, liderado casi siempre por la máxima autoridad de turno y secundado por los operadores, que casi siempre resultan ser de su confianza, para concertar con el agazapado agente corruptor, quien sutilmente propone al corrupto el robo sistemático del dinero existente en caja bajo la modalidad de sobrevalorar precios para la adquisición de bienes, contratar servicios y ejecutar obras, direccionando los procedimientos de selección a cambio de una prebenda dineraria (el diezmo), que indefectiblemente proviene del presupuesto asignado para los fines que se persigue, los cuales son cercenados en desmedro de la calidad de lo que se pretende contratar y así el corruptor tenga los beneficios económicos, tan igual que el líder corrupto y sus séquitos impresentables.

Los niveles de corrupción en Lambayeque

En la última visita del Contralor de la República, Nelson Shack Yalta a nuestra región – como no podía ser menos – nos ha dejado perplejos y anonadados con la noticia de que Lambayeque se encuentra entre las tres regiones con más incidencia de corrupción en el Perú, noticia que por cierto nos causa estupor y pone en realce las malas costumbres vilmente armadas por los corruptos de la región.

Esto subyace marcando una diferencia sustancial con el resto de regiones del país, es tal cual, todo ello producto de las inmorales gestiones de ciertas autoridades gubernamentales, alcaldes y funcionarios públicos, por cuanto siendo estas desde ya ineficientes e ineficaces, están plagadas de articuladas organizaciones corruptas que no hacen sino colocarnos en el lugar expectante que hoy ocupamos en el ámbito nacional, para ser considerados como una de las regiones más corruptas del país.

Tal es así que las acciones de control realizadas por el ente controlador han calculado que solo entre los años pandémicos 2020 y 2021 en la región Lambayeque, más de un mil 300 millones de soles han ido a parar al bolsillo de gente deshonesta e inmoral, producto del cual hoy tenemos a un gobernador privado de su libertad (Anselmo Lozano), quien habría incurrido con sus funcionarios de confianza en delitos contra la administración pública, entre ellos, el delito de colusión, como así también su remplazante Luis Díaz Bravo, hoy en día sometido a un proceso de investigación por el mismo delito de su antecesor.

Así también, varios alcaldes e innumerables funcionarios públicos, quienes son sometidos a sendos procesos indagatorios devenidos de su actuar inmoral y  deshonesto, que les ha permitido direccionar cuanta contratación se les encargara, utilizando para tal fin el abuso y la arbitrariedad como regla definitiva, y de esta manera, recibir la dádiva persistente producto de haber concertado para favorecer al contratante previamente establecido.

¿Seremos capaces de parar la corrupción?

La fe es un don gratuito que nos dignifica y nos enaltece, entonces no hay que perderla, máxime si de lo que se trata es de ahuyentar la corruptela y maniatar a los que la operan, que por cierto no es nada fácil pero tampoco imposible de lograr, siempre y cuando la sociedad civil en su conjunto - sabedores o no de lo que hay que hacer - nos pongamos enfrente como buenos ciudadanos, para frenar los desmadres recurrentes de corrupción de manera inteligente y proactiva, que permitan frustrar el robo sistemático de las autoridades y operadores corruptos que, cuando no son fiscalizados por la mirada ciudadana, se llevan lo que no deben como viles ladronzuelos de esquinas oscurecidas.

Dicho todo ello, es totalmente cierto y eficaz que lo que es propio hay que cuidarlo y ponerlo a buen recaudo. En este caso, las cartas están jugadas y el reto está planteado, sobre ello los dichos populares atribuibles a nuestros antepasados, como, por ejemplo: “No hay peor ciego que el que no quiera ver”, o como bien puede ser “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”.

Hoy más que nunca son acepciones certeras, sabias y preponderantes, porque si queremos identificar al corrupto, lo podemos lograr y si el mal es duradero e irresistible, lo debemos curar y desaparecer en el espacio y el tiempo natural de su existencia malvada e inmoral. ¡No hay más!

Para luego, con derecho propio y el total conocimiento del hecho perverso, interponer las denuncias pertinentes contra los agentes indeseables e insanos (corrupto y corruptor) persistiendo en ellas hasta lograr su sanción y su convivencia en el espacio plagado de oscuridad, donde sus límites demarcados sean necesariamente los barrotes de fierro dulce acerado y los cerrojos y candados, fieles centinelas del morador que por sus acciones y pasiones inmorales tenga que habitar con razón aparente por haber hecho mal lo que debió hacerlo bien.

No puedo dejar de agradecer a la dirección de este medio periodístico y a todos los que componen Expresión por darme la oportunidad de ser parte de ellos y compartir mis apreciaciones y mis noticias semanales en lo que me toca, en este caso, la información fidedigna respecto a las contrataciones con el Estado en el ámbito regional y en algunos casos fuera de ella y, fundamentalmente, en lo que atañe a la lucha contra la corrupción. Por todo ello, solo me queda desearles una Feliz Navidad y decirles gracias. Muy agradecido y hasta pronto.   

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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.

 

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