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FE, JUVENTUD Y ESPERANZA: Estudiantes del Colegio Beata Imelda brillan en el Encuentro Nacional MJDIC Lima 2025

Escribe: Zanini Barreto Vania Hariz, Castro Cabellos Andrea Celeste
Edición N° 1421

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Jóvenes representantes de nuestro colegio vivieron una experiencia transformadora que renovó su fe y fortaleció sus lazos de hermandad con estudiantes de todo el Perú.

Un viaje que comenzó con expectativas se convirtió en una experiencia que marcará para siempre el camino espiritual de cuatro estudiantes del Colegio Beata Imelda: Andrea Celeste Castro Cabellos, Fiorella del Pilar Tesén Julón, Vania Hariz Zanini Barreto y Stephania del Carmen Celis Cortez; quienes tuvieron el privilegio de representar a nuestra institución en el Encuentro Nacional MJDIC 2025, organizado por la Congregación Dominicas de la Inmaculada Concepción en la ciudad de Lima.

Este importante evento congregó a jóvenes de todos los colegios pertenecientes a la Congregación a nivel nacional, creando un mosaico humano que abarcó desde la I.E. Las Capullanas de Sullana hasta estudiantes de Cusco, pasando por representantes de Huancayo, Trujillo, Cajamarca,

Arequipa y Lima. “Descubrimos que, a pesar de nuestros diferentes orígenes, compartíamos intereses y valores comunes; pero, sobre todo, nuestra unión en un sentimiento compartido: nuestro amor a Dios”, expresó una de nuestras estudiantes, resumiendo el espíritu que caracterizó estos días de convivencia desde la espiritualidad dominicana.

Entre los momentos más significativos del encuentro destacó el aprendizaje sobre la vida del Beato Pier Giorgio Frassati, cuya dedicación al prójimo y sacrificio por el bien de su comunidad inspiró profundamente a nuestras representantes. “Su modelo de llevar consuelo y alegría a los más necesitados lo convirtió en un modelo a seguir para mí”, compartió una de las participantes.

El programa incluyó actividades que combinaron formación espiritual con momentos de alegría y fraternidad. El concierto de música religiosa juvenil se convirtió en uno de los puntos culminantes. ”Cantamos, oramos, bailamos, reímos y en medio de esa alegría, descubrí que la espiritualidad también puede celebrarse con entusiasmo”, relató emotivamente una de nuestras estudiantes.

Pero no todo fueron momentos de celebración masiva. Los instantes de intimidad también dejaron huella profunda. El almuerzo compartido se convirtió en símbolo de fraternidad: “Una mesa larga, muchas voces, y un mismo espíritu de fraternidad. “Y los momentos de silencio y oración en la capilla ofrecieron el espacio necesario para la reafirmación íntima del camino espiritual de cada participante. “Esta experiencia renovó mi fe, fortaleció mi devoción y me inspiró a continuar mi camino como una verdadera peregrina de esperanza”, confesó una de las jóvenes, palabras que reflejan el impacto transformador que tuvo este encuentro en su vida espiritual.

Este encuentro demostró que la fe se construye en comunidad, que las diferencias enriquecen el diálogo espiritual, y que cada joven tiene una historia que merece ser escuchada y compartida.

Nuestras representantes han regresado no solo como embajadoras de esta experiencia transformadora, sino como verdaderas semillas de esperanza que continuarán germinando en nuestra comunidad educativa.

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