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SIN AGUA NO HAY SALUD: HERENCIA DE LA CORRUPCIÓN EN LAMBAYEQUE

Escribe: Daniel Gustavo Vera
Edición N° 1179

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  • ¿Cuánto impacta la mala ejecución de las obras de saneamiento básico?

 

Lambayeque, el segundo departamento más pequeño del Perú, se ubica en una zona desértica con permanentes problemas para el abastecimiento de agua. Cuenta con cinco valles, de los cuales solo dos ríos tienen caudal regular: el Zaña, ubicado al sur, y el Chancay, en la parte central del territorio, cuyo cauce se beneficia con las aguas del sistema hidráulico Tinajones. La población es de un millón 197 mil habitantes y solo el 82 % de las viviendas se abastece de agua potable por red pública, (INEI 2017). Entre el 2008 y el 2011 hubo millonarios presupuestos para resolver la brecha, pero la corrupción, en unos casos, o la deficiente ejecución de los proyectos, han condenado a sus habitantes a vivir con un suministro limitado o inexistente.

 

De acuerdo a la estadística 2019, de la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento de Lambayeque – EPSEL, entidad que abastece a 26 localidades de los 38 distritos del departamento, ciudades como Chiclayo reciben, en promedio, 16 horas continúas de agua potable. Empero, existen zonas bajo administración de la empresa en las que solo hay media hora de servicio al día. Lo más grave sucede en lugares en los que existiendo red pública el suministro se realiza con cisternas de la propia EPSEL, el gobierno regional o las municipalidades.   

 

Millones sobre millones

Durante el segundo gobierno aprista, entre el 2008 y julio del 2011, Lambayeque fue uno de los departamentos más beneficiados con la trasferencia de recursos para las obras de saneamiento.

De este modo, el programa “Agua para todos”, del Ministerio de Vivienda, se convirtió en una verdadera locomotora de inversión pública, pero los planes no resultaron tan efectivos como se esperaba.

En el quinquenio de Alan García Pérez se entregó aproximadamente 800 millones de soles para obras de agua y alcantarillado en Lambayeque, más de 220 millones de dólares americanos al tipo de cambio actual. Sin embargo, el gobierno de García dejó recursos presupuestados y en la administración de Ollanta Humala Tasso la cantidad de dinero dado para el saneamiento llegó a mil 125 millones de soles, 300 millones de dólares.

Nunca antes, en la historia del departamento, creado en 1874, se había destinado tal cantidad de recursos. La oportunidad fue única, pero no aprovechada, al menos no con fines beneficiosos para la población. La corrupción se coló por todos lados. Los siguientes son algunos de los casos más emblemáticos.

 

Caudal negro

La municipalidad de Santa Rosa, en manos apristas, recibió en el 2009 20 millones de soles para ejecutar un proyecto de mejoramiento y ampliación del sistema integral de saneamiento básico, aun cuando el expediente técnico había sido aprobado con 10 millones como valor referencial. La obra debió beneficiar a 12 mil familias.

La gestión del entonces alcalde, Andrés Palma Gordillo, declaró en emergencia el servicio, lo que permitió una contratación rápida, saltándose los endebles controles de la Ley de Contrataciones del Estado. Palma concluyó su mandato en el 2014, se convirtió en consejero regional, y la obra nunca se terminó.

Se construyeron cuatro laguas de oxidación frente al único terminal pesquero del departamento, no se ejecutó la conexión del fantasmal tanque elevado construido y las tuberías quedaron a medio instalar en las calles.

El mismo año, el municipio de Pítipo, también con alcaldía aprista, recibió recursos para la obra de saneamiento. La contratación fue similar a la de Santa Rosa. El alcalde Manuel Valverde Ancajima pagó el total del presupuesto (10 millones de soles), por trabajos no concluidos. Mil 300 familias resultaron perjudicadas.

Valverde quiso ser gobernador regional en dos ocasiones (2010 y 2014), en la segunda postulación Palma lo acompañó como aspirante a vicegobernador.

El caso de Pípito se judicializó. Sin embargo, aún no se puede instalar el juicio oral, a más de seis años de iniciado el proceso. ¿La razón? Uno de los procesados llegó al Tribunal Constitucional con una acción de amparo que aún no se resuelve. Mientras el TC no se pronuncie, el caso seguirá paralizado.

En el 2011, la Municipalidad Provincial de Chiclayo recibió 28 millones de soles para una obra de saneamiento en el casco central. Fue tal la corrupción y deficiente ejecución, que el Ministerio de Vivienda decidió paralizar la obra y retirar los 16 millones de soles que aún faltaba trasferir. El proyecto se inició en el gobierno de Roberto Torres Gonzales, hoy preso por otros delitos, pero la obra no se concluyó.

El Organismo Técnico de Administración de los Servicios de Saneamiento – OTASS, que intervino EPSEL en el 2017, informó hace dos años que había 28 proyectos de agua y desagüe que debían pasar a su administración, pero estaban paralizados, en arbitraje, judicializados o mal hechos. Todos se financiaron con “Agua para todos”. ¿Dónde están? En Lambayeque, Zaña, Mórrope, Salas, Picsi, Pimentel, Oyotún, Olmos, Pueblo Nuevo, José Leonardo Ortiz, Pátapo, Monsefú, San José, Nueva Arica, Santa Rosa, Chiclayo y Lagunas.

 

Agua y salud

El acceso al agua no solo tiene que ver con la calidad de vida, sino también con la garantía de la salud pública. La pandemia por el Covid-19 ha puesto sobre la mesa la permanente problemática del agua potable en Lambayeque, pues una de las principales medidas de protección individual radica en el lavado constante de manos, así como la desinfección de insumos, enseres, prendas y espacios, para lo que se necesita el recurso, carente o inaccesible. En el departamento, son más de 29 mil los casos confirmados de coronavirus y más de dos mil 700 fallecidos, al 10 de noviembre.

Pero el asunto del Covid-19 es solo una perla más en el collar de problemas que se relacionan con el agua potable. La desnutrición crónica infantil es permanente. No consumir agua potable genera Enfermedades Diarreicas Aguas – EDAS, y estas producen desnutrición. En los menores de cinco años, la desnutrición es irreversible.

En el 2018, la Estrategia Regional de Alimentación y Nutrición Saludable de la Gerencia Regional de Salud de Lambayeque estimó que el 16.6 % de los habitantes del departamento tenía desnutrición. En el 2017 la cifra era del 27.6 %, mientras que el 42.3 % presentaba anemia.

Eso en términos generales, porque si se analiza localidad por localidad el drama es mayor: en Incahuasi, uno de los tres distritos altoandinos, con severos problemas de pobreza, pobreza extrema y falta de servicios básicos, la anemia alcanza al 65.3 % de los niños.

Salud reporta que los mayores índices de desnutrición infantil están en Incahuasi, Cañaris, Mórrope y Salas. En estos pueblos hubo recursos millonarios para la ejecución de programas de saneamiento básico.

No contar con agua potable por cañerías obliga a las familias a comprar o abastecerse de las cisternas públicas, de acequias o pozos, y almacenar el líquido por días. Ahí es cuando aparecen otros monstruos: el dengue, la zika o la chikunguña, cuyo vector se prolifera en recipientes de agua limpia.

A septiembre de este año, Lambayeque registró 562 casos de dengue (GERESA).

La falta de acceso al agua potable tiene una estrecha relación con la salud de la población, por lo que la corrupción existente en los proyectos de saneamiento básico ha puesto en jaque la vida misma de las personas.

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