Basta llegar en días de FEXTICUM para entenderlo. El aire cambia. Huele a loche, ají paringo, a pan recién horneado, a chicha en alguna de sus decenas de sabores, a picarones, a espesado, a arroz con pato, a leña, a fiesta. La música aparece antes que uno la busque. Las calles se llenan de familias, visitantes, artesanos, cocineras, danzantes y viajeros que llegan con una sola certeza: en Monsefú se come bien, pero sobre todo se vive una experiencia costumbrista única en el mundo.
El FEXTICUM 2026 será una oportunidad para probar algo más que platos típicos. Será una invitación a entrar en una cultura. Porque la comida monsefuana no se presenta fría, distante ni decorativa. Llega servida con historia, con cariño y con esa generosidad norteña que hace que cada mesa parezca una bienvenida especial.
Quien pruebe unas panquitas de life o un arroz concolón con pato y su caballa salprecia no estará solo comiendo deliciosos potajes. Estará probando la memoria viva del territorio, nacida entre acequias, campos, cuerpos de agua, mar y familias que han sabido conservar sus sabores por generaciones hace cinco mil años. Quien pida cabrito con yucas encontrará un plato de fiesta, de celebración, de domingo familiar y de mesa grande que hasta el papa León disfrutaba el domingo cuando era obispo. Quien se acerque a los picarones descubrirá que Monsefú también sabe innovar: sabores de loche, guanábana, arándanos, salsas de frutas y nuevas combinaciones que muestran que la tradición puede seguir creciendo sin perder su alma.
En Monsefú, la comida no compite con la música, la danza, la artesanía o la fe. Se complementa. Por eso el FEXTICUM no es solo una feria gastronómica. Es una experiencia típica-cultural completa: se come, se escucha, se mira, se compra, se conversa, se baila y se recuerda. Es el lugar donde Monsefú muestra por qué puede llamarse, con orgullo, “Cuna del Sabor”, “Capital del Ritmo” y “Centro del Costumbrismo”.
La gastronomía peruana ha conquistado el mundo. Pero quien quiera entender de dónde nace una parte profunda de ese prestigio debe venir a Lambayeque, debe acercarse a Monsefú y debe sentarse a probar su comida en fiesta. Porque hay sabores que no se explican en una carta ni se aprenden en una escuela. Se entienden en el primer bocado.
El FEXTICUM 2026 será eso: una mesa abierta para el Perú y el mundo. Una celebración donde cada plato contará una historia y cada visitante podrá descubrir que Monsefú no solo alimenta. Monsefú abraza con sabores e historia del Lambayeque milenario que tenemos el deber de presevar.
Por eso, en 2026, la invitación es concreta: ¡Venga a Monsefú, viva el FEXTICUM y pruebe el sabor de un pueblo que convirtió su tradición en fiesta!
(*) Economista.
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