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FRANCISCO RELUZ BARTURÉN: “Las actitudes de uno y otro partido deben serenarse para pensar por el Perú”

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1207

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El filósofo y educador universitario Francisco Reluz Barturén habla sobre la necesidad de reconciliar al país, tras el proceso electoral presidencial, y precisa que para llegar a un punto de entendimiento las fuerzas políticas deben tener disposición para ceder y alcanzar objetivos comunes.

En la primera vuelta, ocho de cada 10 peruanos no tuvieron a Pedro Castillo y Keiko Fujimori como primera opción para la presidencia del país. ¿Ganar la segunda vuelta con votos prestados hace complicado el camino del diálogo y unidad entre los actores políticos?

Mi impresión es, efectivamente, la de votos prestados. Quien gane la elección, quien se confirme como presidente o presidenta del Perú, no la va a tener fácil y, lo más importante, es abrir el camino del diálogo, ver las posturas distintas y trabajar por un solo ideal, que el compromiso sea el Perú.

El diálogo, más que una buena intención, es una necesidad. El Perú somos todos, somos todas las sangres, todos los estratos económicos. Quien gobierne lo hará no solo para el 50 o el 49 % de la población, lo hará para todos, y todos debemos sentirnos comprometidos con el país.

A veces se entiende que en momentos de euforia política afloran los fastidios e incomodidades, porque cada quien tiene derecho de manifestar sus ideas, eso es entendible, sobre todo en una situación de tanta división. Sin embargo, es importante el llamado a la serenidad. Cuando una persona está ofuscada no piensa, se impulsa a decir cualquier cosa. Eso de alguna manera es aceptable dentro de las actitudes humanas, pero ahora lo prioritario es serenar los ánimos.

Gane quien gane se necesita pensar y reflexionar, pero con la cabeza fría. Las actitudes de uno y otro partido deben serenarse para pensar por el Perú.

¿Cómo se debe entender a la reconciliación?

Reconciliación viene de conciliar, conversar para ponerse de acuerdo. Cuando uno se pone de acuerdo debe tener voluntad para ceder. Si se llega a una mesa de acuerdo con planes intransigentes, la conciliación no es posible.

La conciliación y el acuerdo deben estar en función de los objetivos que nos trazamos. En este caso, el objetivo fundamental es salir de los problemas concretos que tiene el país: la pandemia, las desigualdades económicas, las grandes brechas de inclusión y la reacción en cadena que ha acentuado la problemática nacional.

Debemos tener puntos en común, responder qué queremos lograr y cuando decimos qué queremos lograr nos sentamos a dialogar como peruanos. Debemos fijarnos más en los puntos en común y tratar de conceder, de ceder. Si existen actitudes de intransigencia por una u otra manera de pensar o ideología, simplemente no podrá ser posible alcanzar la reconciliación.

Lastimosamente en la historia de nuestro país se ha dado siempre la practica de no ser transparente en la mesa, de ejercer un doble discurso, de establecer la falta de claridad. Lo que en estos momentos debe primar son metas en común, transparencia y la voluntad de no ser intransigente con la postura que se tiene.

Teniendo en cuenta que los políticos suelen tener un plan b que sintoniza con sus propios intereses personales y de grupo, ¿en política es posible llegar a una verdadera reconciliación?

Como filósofo y educador, siempre pienso en optimismo. Si queremos salir de los problemas, los planes b y c que cada tendencia pueda tener deben estar en función de la solución de las necesidades del país y no de los intereses personales o partidistas.

Si estamos en función de los intereses personales o partidistas, hemos fracasado, no se daría realmente con transparencia cualquier posibilidad de diálogo. En el país estamos cansados de la corrupción, pero también de ideologías extremas. Mitad del país no quiere ideologías extremas, mitad del país no quiere corrupción. De hecho, la población demanda vivir en paz, en comunidad, resolver nuestros problemas sociales, políticos y económicos. Todos los peruanos de a pie necesitamos trabajar, vivir tranquilos, realizarnos, y nuestros gobernantes lo que tienen que hacer es dar las pautas para llegar al bienestar.

Cuando un presidente gobierna, no lo hace para una élite. Cuando un presidente gobierna, no es para una ideología, se gobierna para todo un país, para quienes votaron o no por él y esa debe ser la consigna del próximo gobernante.

¿El Perú es un país herido?

Todos los países tienen sus propios problemas, sus propias heridas por sanar, pero recordemos que todo cuerpo tiene sus propias defensas y las heridas pueden curarse. ¿De qué depende? De que tengamos buenas defensas. ¿Qué son las defensas? El trabajo de los peruanos de a pie. Los honestos somos más, los que pensamos en un país tranquilo y no dividido somos más. La fuerza y la reserva ética del país es la que debe primar. Todo esto representa a los glóbulos blancos, a las defensas de este organismo herido.

Los intelectuales y los obreros debemos establecer criterios comunes. Somos un país herido, ciertamente, pero también fortalecido, un país que tiene identidad forjada en el fuego, en la dificultad y eso nos hace grandes. Si hemos salido de situaciones como el terrorismo, si hemos salido de situaciones de pobreza extrema e hiperinflación, entonces sí podemos superar la crisis actual.

Tenemos que trabajar en común por mantener fuerte, pujante y con vida al país. Tenemos que unir nuestras fuerzas para trabajar en función del país.

¿Y es posible asumir que Pedro Castillo y Keiko Fujimori encarnan a los liderazgos que el país necesita para curar sus heridas?

Debido a la falta de cultura política y de compromiso ciudadano en el país, siempre los que nos han representado, lastimosamente, no han sido los más idóneos; varios de ellos se han servido de partidos políticos como vientres de alquiler, pero sin tener ideas claras. Más se han dado situaciones de oportunismos políticos que liderazgos auténticos.

Sin embargo, las cosas se dan y ya no vale llorar sobre la leche derramada. Los tenemos aquí, y los equipos que ellos pueden liderar y las personas que cumplimos roles laborales tenemos la responsabilidad de exigir y formarnos más en cultura política.

En mi opinión, ninguno de los dos representa el tipo de liderazgo que se necesita en el país, y prueba de ello es que han alcanzado su ubicación en la elección del domingo último con votos prestados, por eso es necesario que partir de esta experiencia los peruanos aprendamos a elegir a quienes nos representarán.

La derrota es una posibilidad abierta para ambos candidatos. ¿Cree que existe disposición para aceptarla?

No la veo. Pasa que a veces las personas pensamos que al perder, perdemos todo. Debemos aprender que cuando se pierde se gana experiencia. Esa actitud nos falta en nuestra idiosincrasia nacional, pensamos que perder siempre es malo y por eso a veces queremos tener la última palabra ya sea con un grito o lanzando una piedra. Cuando se pierde y se es consciente, también se gana.

Quien no gana una elección debe retornar a sus cuarteles de invierno para forjar un mejor liderazgo. Cuando se es consciente de lo que realmente aspira la población, con metas concretas, se abre una enorme posibilidad para reflexionar sobre ello, analizar las fallas, aprender y mejorar.

¿A quién le corresponde impulsar el proceso de reconciliación una vez se tenga al ganador o ganadora de las elecciones presidenciales?

Debe haber instituciones que tengan el liderazgo ético y moral para impulsar esos puentes hacia a la reconciliación, y no me refiero únicamente a las instituciones eclesiásticas, también se necesita de organizaciones del fuero civil. Estas deben liderar y establecer las pautas para fijar puntos de encuentro y encaminarnos a la reconciliación nacional.

Las iglesias, los colegios profesionales y otras organizaciones sociales deben asumir esta tarea.

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