En entrevista exclusiva con El Comercio, el expresidente de la Federación Peruana de Fútbol – FPF, repasa el camino a Rusia 2018, su compleja relación con Ricardo Gareca, Juan Carlos Oblitas y Agustín Lozano, y el calvario judicial que lo llevó a pasar más de 500 días en prisión preventiva. Con un libro autobiográfico bajo el brazo, Edwin Oviedo asegura que hoy vive en paz, aunque no descarta volver algún día al fútbol para repetir la hazaña que devolvió al Perú a un Mundial después de 36 años.
Edwin Oviedo Picchotito era, sin duda, una de las figuras más visibles del fútbol peruano entre 2015 y 2018. Bajo su presidencia, la Federación Peruana de Fútbol logró lo que parecía imposible: clasificar a un Mundial tras más de tres décadas de ausencias. Sin embargo, aquella gloria pronto se vio ensombrecida por un proceso judicial que lo llevó de las portadas deportivas a los titulares policiales.
“En esos meses duros, después de haber ido a un mundial, me preguntaba por qué pasó esto. Pasé, como digo en uno de los capítulos de mi libro, ‘de héroe a villano’. Mediáticamente me sentenciaron sin tener la oportunidad de defenderme”, relata. Su detención en diciembre de 2018, en el marco del caso Cuellos Blancos, marcó un antes y un después en su vida.
Para Oviedo, la prisión preventiva fue un golpe demoledor no solo en lo personal, sino también para su familia: “Mi familia sufrió muchísimo, porque es el apellido el que embarran. Salí enmarrocado en televisión, fue durísimo. Cuando escuché la absolución del juzgado de Trujillo sentí que volvía a nacer. Lloré mucho. Era como liberarme de un peso inmenso”.
En total, pasó más de 500 días encarcelado. Asegura que durante ese tiempo recibió presiones para incriminar a políticos y fiscales a cambio de beneficios, pero se negó: “Me decían que iba a pasar Navidad en mi casa si denunciaba a determinadas personas. Nunca acepté. Yo vengo de una familia humilde, pero con principios y valores. Preferí quedarme en prisión, pero con dignidad”.
Hoy, lejos de la dirigencia, intenta procesar esa experiencia. Su libro autobiográfico busca ser, según explica, “la oportunidad de contar mi verdad, de dejar testimonio de lo que sucedió y de cómo la justicia puede arruinarte la vida sin una condena firme”.
Ricardo Gareca, el técnico que marcó una era
Si hay un nombre que marcó el regreso de Perú al mundial fue el de Ricardo Gareca. Y Edwin Oviedo no duda en reconocerlo. “Cuando asumí la FPF en 2015, yo quería profesionalizar la institución. Fue Juan Carlos Oblitas quien me sugirió a Gareca. Con los resultados a la vista, puedo decir que le hace mucha falta a la selección”.
Recuerda con claridad la primera negociación con el entrenador argentino: “Yo quería estabilidad y le propuse un contrato que abarque Rusia y Qatar. Pero Gareca me respondió: ‘Solo por Rusia, porque sí creo que podemos clasificar’. Tenía una fe tremenda”.
Esa confianza se tradujo en hechos. Pese a los malos resultados en 2016, algunos directivos pedían su salida. “Nunca renunció, al contrario. Tuvo valentía en los momentos más duros e incorporó a jóvenes en la Copa América Centenario. Eso fue clave”, afirma Oviedo.
El expresidente de la FPF está convencido de que, de haber continuado, Perú habría clasificado al Mundial de Qatar 2022: “No tengo ninguna duda. Vi de cerca cómo trabajaba y cómo sacaba lo mejor de cada jugador. Gareca logró algo enorme: devolver la esperanza a un país entero”.
Para él, el cariño que la gente guarda hacia el técnico no es exagerado. “La gente no se equivoca. Con Gareca llegamos al puesto 10 del ránking FIFA. Eso es mérito puro”.
Hoy, cuando la selección atraviesa uno de sus momentos más bajos, Oviedo lo resume con dureza: “Hemos quedado penúltimos. Eso duele”.
Lozano y Oblitas
El nombre de Agustín Lozano, actual presidente de la FPF, aparece una y otra vez en el relato de Oviedo. Durante su gestión, Lozano era su vicepresidente. Hoy, la relación es distante y marcada por diferencias profundas.
“Si no fuimos a Qatar, no fue por Gareca ni por los jugadores, fue por un tema dirigencial. El responsable es Agustín Lozano”, sostiene. Aun así, recuerda que en aquel momento decidió no confrontarlo: “El objetivo era llegar al mundial. Ni los egos ni las peleas podían desviarnos de ese norte. Muchas veces tuve que poner la otra mejilla. Clasificar era más importante que cualquier disputa interna”.
Su relación con Juan Carlos Oblitas es distinta. Reconoce que hubo tensiones, especialmente cuando este reclamó premios en momentos inoportunos, pero rescata su rol como director deportivo. “Juan Carlos fue importante dentro de la estructura. Lo que cuento en el libro son hechos reales, nada más”.
Incluso recuerda un episodio que hoy considera simbólico. “Antes de la renovación de Gareca, nos reunimos en su departamento. Estaban Oblitas, García Pye, Matute y todo el comando técnico. En ese encuentro, Juan Carlos me dijo: ‘De los tres presidentes que tuve —Delfino, Burga y tú—, el mejor fuiste tú’. Yo le pedí que lo repitiera para que Gareca lo escuchara. Esa confianza fue vital para firmar”.
Pese a las diferencias, insiste en que no existe un quiebre irreconciliable. “Si veo a Oblitas lo voy a saludar, no tengo ningún inconveniente. Él también fue gestor de la clasificación”.
Prisión y un libro para contar su verdad
El capítulo judicial de Oviedo ocupa buena parte de su testimonio. En diciembre de 2018, fue detenido en medio de transmisiones televisivas que lo mostraban esposado. Aquella imagen, dice, fue una condena anticipada.
“En la justicia peruana te pueden armar casos y destruir reputaciones. Fui un medio para intereses ajenos. Eso quise contar en mi libro: cómo alguien puede pasar de ser presidente de la FPF, llevando al Perú a un mundial, a convertirse en villano mediático de la noche a la mañana”.
Recuerda que escribió una carta desde prisión relatando las presiones para incriminar a inocentes. “Sabía que eso me iba a mantener encarcelado, pero preferí no manchar mi nombre”.
Más allá de lo personal, subraya el impacto en su entorno familiar: “¿Quién repara el sufrimiento de mi familia? Fueron más de 500 días en los que arriesgué mi vida en plena pandemia, con procesos injustos encima. La justicia no puede abusar de esa manera”.
El libro, asegura, no busca revancha, sino memoria. “Quería dejar constancia de lo que pasó. Que cada lector saque sus conclusiones. Yo ya me siento en paz”.
¿Regresar o no?
Hoy, Edwin Oviedo está enfocado en sus negocios privados, especialmente en el sector azucarero. Pero no descarta volver al fútbol en algún momento. “Estoy pasando momentos buenos, después de todo lo vivido. Pero si Dios me da la oportunidad de volver a la federación, sería un honor. Uno nunca sabe”.
Eso sí, aclara que no lo mueve la ambición personal. “Nuestra gestión trabajó con un solo objetivo: llevar a la selección al mundial. Cuando se anteponen los intereses personales, los resultados no llegan. Esa es la gran lección”.
Sobre su propia gestión, prefiere que sean los hinchas quienes juzguen. “Ellos pueden calificar lo que hicimos. Yo solo sé que logramos algo que quedará en el corazón de los peruanos: la clasificación después de 36 años”.
A la gestión de Lozano, en cambio, responde con frialdad: “Como hincha estoy apenado. Hemos quedado penúltimos. Es doloroso”.
Respecto a posibles sucesores en la dirigencia, evita dar nombres, pero deja una recomendación: “Lo único que sugiero es que quien decida el futuro de la selección no anteponga sus intereses personales”.
El cierre de la entrevista tiene un tono conciliador. “No tengo rencores. Si veo a Oblitas lo saludo. Y a Gareca, siempre le estaré agradecido. Ricardo le hace mucha falta a la selección”.
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