Desde la Gran Muralla China, símbolo de una civilización milenaria, el empresario lambayecano Olivio Huancaruna Perales, actual vicepresidente de la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque, comparte una profunda reflexión sobre los aprendizajes que deja su viaje al gigante asiático, un país que, según afirma, “ha sabido combinar disciplina, apertura económica y respeto por la inversión para alcanzar un desarrollo ejemplar”.
Huancaruna Perales, reconocido exportador y referente del sector agroindustrial, viaja por cuarta vez a China, país que visitó por primera vez en los años ochenta, cuando aún se percibían los rezagos del sistema socialista. “En ese tiempo, China mostraba pobreza y limitaciones propias de una economía cerrada. Hoy, en cambio, uno se encuentra con un país absolutamente distinto, pujante, moderno y líder en el mundo. Lo que ha cambiado es su visión económica”, explica.
Ideología y libertad económica
Desde su experiencia, el empresario sostiene que la clave del éxito chino ha sido mantener una estructura política de ideología comunista, pero con una economía de mercado abierta y libre, donde la mayoría de la población participa de actividades empresariales, industriales y de servicios. “Es una economía socialista solo en discurso político, pero con una práctica capitalista. El Estado ha dejado que la gente emprenda, que se capacite y compita en igualdad de condiciones”, afirma.
Olivio Huancaruna subraya que esta libertad económica ha sido fundamental para que el país se convierta en potencia mundial. “Los críticos del capitalismo suelen calificarlo como un sistema salvaje, pero la realidad demuestra que es el único camino que permite a los pueblos desarrollarse. El capitalismo responsable, regulado y productivo, es la base del progreso humano”, declara.
Según el empresario lambayecano, “China enseña que el éxito no está en la ideología, sino en la capacidad de combinar reglas claras con libertad para producir y competir”. En su opinión, “muchos países de América Latina no han sabido aprender de este modelo, aferrándose a discursos populistas o ideologías que detienen el desarrollo, como ocurre en Venezuela, Cuba o Nicaragua”.
Disciplina, orden y respeto
Otro aspecto que destaca Huancaruna Perales es la disciplina social y el respeto ciudadano que caracterizan a los chinos. “Aquí la gente cumple las normas, respeta el espacio público, trabaja con energía y compromiso. No hay inseguridad, no hay basura en las calles, no hay improvisación. Todo funciona bajo un orden que es parte del espíritu nacional”, comenta.
El empresario reconoce que ese orden proviene también de un sistema político fuerte, con decisiones que pueden parecer autoritarias, pero que garantizan continuidad en los proyectos y respeto por el bien común. “En nuestras sociedades, la falta de autoridad y la desobediencia permanente frenan el desarrollo. En China, las normas se cumplen porque todos entienden que el progreso depende de la responsabilidad colectiva”, sostiene.
Durante su estancia, Olivio Huancaruna ha visitado diversas ciudades y zonas rurales, observando tanto la infraestructura moderna como los esfuerzos de las autoridades por equilibrar desarrollo y sostenibilidad. “Han logrado armonizar el crecimiento industrial con la protección ambiental. La limpieza y el orden son admirables; cada detalle, desde las autopistas hasta los parques, refleja respeto por la naturaleza”, enfatiza.
Turismo, cultura y lecciones
El empresario también subraya el potencial cultural y turístico de China, que considera una experiencia educativa en sí misma. “Cada viaje es una lección de vida. No se trata solo de hacer negocios, sino de aprender observando. Aquí todo está diseñado para el visitante: los teleféricos, los museos, los espacios naturales, todo pensado para que el turismo sea una experiencia ordenada y enriquecedora”, comenta.
Comparando con el Perú, Huancaruna Perales reflexiona sobre la necesidad de potenciar el turismo cultural en Lambayeque. “Así como los chinos valorizan el té como símbolo nacional, nosotros podríamos hacer lo mismo con nuestros productos locales y saberes ancestrales. Tenemos artesanos, agricultores, comunidades con tradiciones únicas que podrían convertirse en experiencias turísticas sostenibles si existe visión y organización”, propone.
Educación, mentalidad y liderazgo
Huancaruna considera que el verdadero desafío del Perú está en la educación y en la mentalidad de sus líderes. “Nuestro atraso no es económico, es educativo. Nos falta visión, constancia y conexión con el mundo”, señala. En su opinión, “la formación de los profesores y autoridades debería incluir experiencias internacionales. Nadie puede gobernar bien si no conoce cómo funcionan los países desarrollados”.
El empresario comenta que uno de los aprendizajes más valiosos que deja este viaje es el valor de la educación global. “Quien no aprende otros idiomas, especialmente el chino, está condenado a quedarse atrás. El futuro está en Asia, y debemos preparar a nuestros jóvenes para conectarse con ese mundo”, advierte.
Como ejemplo, comparte una experiencia personal: “Mi hijo viajó a China desde joven, y esa experiencia le abrió la mente. Hoy se ha graduado, y eso demuestra que invertir en educación internacional tiene resultados duraderos. Viajar enseña, forma y transforma”.
Reflexión sobre el liderazgo y la corrupción
Huancaruna Perales no evita referirse a temas sensibles como la corrupción y la falta de dirección política en el Perú. “En China, la corrupción está severamente castigada. Aquí nadie se atreve a aprovecharse del Estado porque hay consecuencias reales. En cambio, en nuestros países, muchos líderes llegan al poder y olvidan el bien común. Se dejan dominar por intereses familiares o partidarios”, lamenta.
Para él, el desarrollo requiere liderazgos con visión, decisión y sacrificio. “No hay progreso sin autoridad moral. Quien dirige debe estar dispuesto a tomar decisiones firmes, aunque sean impopulares, siempre que sean correctas”, sostiene.
Lección para el Perú y el norte del país
Desde su experiencia empresarial y personal, Olivio Huancaruna considera que el mayor aprendizaje de China es su capacidad de proyectar un futuro colectivo. “Ellos no piensan solo en el presente, sino en las próximas generaciones. Cada política, cada obra, cada innovación tiene un propósito a largo plazo. Eso es lo que necesitamos en el Perú: planificación y continuidad”, afirma.
El empresario cree que Lambayeque podría beneficiarse enormemente si adoptara una visión similar. “Nuestra región tiene todo: talento humano, recursos naturales, cultura, ubicación estratégica. Pero sin disciplina, sin educación y sin un liderazgo coherente, todo se desperdicia. China nos enseña que el desarrollo se construye con orden, trabajo y respeto mutuo”.
“Estos viajes no solo son oportunidades de negocio, son experiencias que despiertan el espíritu. Ver lo que un pueblo puede lograr cuando se une por un propósito común te inspira a seguir aprendiendo y a creer que también podemos hacerlo. El desarrollo no es un milagro, es el resultado de la educación, la disciplina y la constancia”, enfatiza.
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