Desde hace algunos años, en el Perú se habla sobre el boom inmobiliario. Lambayeque no ha sido la excepción a esta situación. Chiclayo, particularmente, ha tenido un crecimiento exponencial, lo cual ha alentado a que cada vez más empresarios incursionen en este rubro. Uno de ellos es Miguel Pérez Yuyes, gerente general de Avitare Grupo Inmobiliario, quien conversa con Expresión respecto al desarrollo de este sector.
“El déficit en viviendas siempre se va a dar. Siempre hay requerimiento de viviendas y de proyectos inmobiliarios. Se ha desarrollado un buen trabajo en todo este año. El sector ha respondido bastante bien y las expectativas se han cumplido”, indica.
Boom inmobiliario
Pérez Yuyes indica que hoy ya no puede hablarse de boom inmobiliario, pues eso ocurrió hace cuatro años, cuando sí hubo una alta aceptación de parte de la población para este tipo de proyectos. Indica que hoy la población es un poco más cauta a la hora de elegir, lo cual no lo ve con malos ojos, pues ahora hay más opciones, más competencia.
“Ese boom, esa explosión de las inmobiliarias que vendían y vendían mucho, eso ya bajó. Ahora hay una suerte de competencia y me parece súper chévere, porque ya la gente toma la mejor opción, no la primera que se le presente, así que el boom como tal ya no existe, pero igual el rubro inmobiliario sigue siendo sostenible en avance y crecimiento”, menciona.
Expansión
Pérez Yuyes refiere que la misma necesidad hace que Chiclayo se expanda, siendo las rutas de crecimiento la vía a Piura (Mórrope), la salida a Ferreñafe y la salida a Lima (de Chosica hacia Reque). En el caso de Pimentel -acota- ya casi no hay más espacio para viviendas, pues prácticamente la zona urbana está pegada a Chiclayo.
“Se están desarrollando buenos proyectos en toda la ruta a Reque. Incluso en la Vía de Evitamiento, por donde está Nuestra Señora de la Paz, también se han vuelto muy potentes los proyectos. Definitivamente, expansión hay, requerimiento de proyectos inmobiliarios hay, pero deben ser trabajados de forma muy responsable”, indica.
Agrega que Chiclayo debería crecer con viviendas de manera vertical, es decir, con edificios de más pisos, sin embargo, esa labor se vuelve imposible debido a las condiciones del suelo.
“Al crecer en altura, crece la densidad de la población. Y para eso se necesita una estructura urbana, un acondicionamiento urbano de calles y pistas que nosotros no tenemos. Chiclayo no está preparado para edificios de gran envergadura, porque necesitaríamos que la calle San José sea de doble ancho, lo mismo que la avenida Balta, es decir, una reestructuración total de las vías de comunicación. Y eso está bastante lejano”, afirma.
A su juicio, “Chiclayo se quedó estancado en el tiempo”, dado que ciudades cercanas como Piura y Trujillo tienen grandes avenidas y edificios de gran altura. “Somos un pueblo, cuando uno regresa de otras ciudades se queda con ese sinsabor de por qué Chiclayo no puede ser así”.
Excesiva tramitología
De otro lado, el empresario refiere que, si en algo puede ayudar el Estado a este rubro es en aligerar la excesiva cantidad de permisos y la dilación del tiempo para obtener los mismos. Refiere que muchas veces cuando algún permiso llega a manos de los regidores, estos por desconocimientos lo rechazan.
“Hay mucho entrampamiento, los expedientes se mandan a las municipalidades, son analizados por profesionales, arquitectos e ingenieros, pero cuando llegan a los regidores, que son personas que no tienen conocimiento al respecto, los rechazan. Eso pasa muchísimo”, señala Pérez Yuyes, quien añade que también los permisos con Epsel y Electronorte demoran demasiado, tiempo que luego se transforma en dinero y que los golpea como empresarios.
Señala que a través de la Asociación de Desarrolladoras, Constructoras e Inmobiliarias - ADCI, trabajan constantemente para encontrar mecanismos que hagan más fluido el otorgamiento de permisos. Indica que, si bien existen Textos Únicos de Procedimientos Administrativos – TUPA, los plazos no se cumplen.
“El TUPA solo queda en el papel, porque conseguir una factibilidad de agua te puede tardar un año, hay gente a la que le ha tomado hasta dos años conseguir una factibilidad de agua y con la luz igual. Eso a nosotros los empresarios nos cuesta, porque al no entregarle al cliente la documentación completa muchas veces terminan desistiendo de la compra, devolviendo el dinero, y eso es muy nocivo para el flujo de caja”, advierte.
Resalta que el empresario inmobiliario puede establecer como plazo de entrega de un proyecto tres años, porque en el cálculo considera que los permisos pueden tomarle dos años más un año adicional ante cualquier eventualidad, pero aún así -luego de los tres años- no obtener la documentación final para dársela al cliente.
“Tengo independizaciones que debieron salir hace un año y hasta ahora no salen porque definitivamente hay burocracia e intereses particulares que no permiten avanzar con esta documentación. El tiempo que demore en salir un proyecto va a estar amarrado a la cantidad de hectáreas, tipo de producto (habilitación urbana, lotización, independización, construcción de vivienda) y a la burocracia”, apunta.
Precisa que quien siempre asume toda la responsabilidad frente al comprador es la inmobiliaria, nunca el Estado. Cuenta que hay proyectos que son de Techo Propio que empiezan a vender sin código. Esto no significa que a la larga el proyecto no lo vaya a obtener, pero -debido a lo complicado que es- las inmobiliarias se ven obligadas a empezar la venta y en el camino ir tramitando el código.
“Si uno se pone a chequear, la mayoría de empresas que se dedica a vender Techo Propio no tiene código, está en trámite, pero se ven obligadas a salir a vender, porque sino cómo hacen, tienen que avanzar”, señala.
Informalidad en el sector
En tanto, el empresario refiere que el sector inmobiliario tiene un 40 % de informalidad, lo cual perjudica no solo a los formales, sino también a los mismos compradores, quienes muchas veces son víctimas de estafas.
“A la hora de adquirir un lote o una casa el comprador debe ver que la empresa sea formal, que esté debidamente registrada, que las cuentas sean a una persona jurídica. Tiene que existir una legalidad, que la documentación sea la adecuada. Tiene que existir un contrato formal, el cual debe estar debidamente legalizado, debe haber escrituras públicas. Yo le invoco a la persona que está pensando en comprar un lote o una casa a dudar si el vendedor te pide que abones, pero te da cualquier cuenta personal o si no te lleva siquiera a conocer el proyecto”, exhorta.
Aclara que en el rubro inmobiliario sí se compensa la oferta con la demanda y existe espacio para todas las empresas. Sin embargo, hace la salvedad en el caso de las lotizaciones, donde incursionan personas naturales que venden sus terrenos sin que sea parte de un proyecto inmobiliario.
“Allí sí es complicado porque, como no tienen costos operativos ni administrativos, sus costos son muy bajos y las comisiones que les pagan a sus vendedores son altas. Pero gracias a Dios la gente está tomando consciencia a la hora de comprar y cada vez más sabe a quién comprar y si su proyecto es viable o no”, enfatiza.
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