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AVENIDA ANDRÉS AVELINO CÁCERES: VECINOS VIVEN ENTRE EL DESORDEN VEHICULAR Y LA BULLA

Escribe: Alessandra Núñez Hidalgo
Edición N° 946

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Siendo las seis de la tarde, en las puertas del centro comercial Real Plaza, hacia la avenida Andrés Avelino Cáceres, en el pueblo joven Muro, se inicia una ola de ruidos constantes, mezcla de cláxones, gritos y música a todo volumen que proviene de los taxis mal estacionados, esos que esperan a sus próximos pasajeros.

 

Al llegar la noche, los vecinos de la cuadra dos saben que el desorden y el caos frente a sus casas está por iniciar. De pronto toda la pista comienza a congestionarse sin dar espacio a ningún transeúnte, lo choferes inician la carrera y sin darse cuenta el tráfico se apoderó de la entrada al centro comercial.

 

Un chofer desesperado por avanzar inicia el primer sonido tocando el claxon sin tener en cuentra si quiera que su acción, probablemente, no le brinde el espacio que necesita para poder arrancar. Aturdido por el sonido, otro chofer continua haciendo lo mismo, propiciando el enojo y un coro de carros, que sin movilizarse, solo generan ruido.

 

En esta calle se encuentran tres paraderos de empresas de taxis, además de aquellos taxistas informales que no pierden la oportunidad para ir a trabajar hacia ese lado del centro comercial. Aunque las normas indican que solo pueden estar estacionados tres carros por cada paradero formal, en la avenida Cáceres la fila ocupa toda la cuadra. Lo que es peor, ambos carriles.

 

Los taxistas de las empresas alegan que no pueden dejar espacios libres en la pista porque al hacerlo llegan choferes ajenos a su línea que se cuadran en la misma fila, que ellos han establecido como su paradero, quitándoles posibles pasajeros.

 

“La razón de nuestras quejas es por la bulla que hacen todos los choferes. Se supone que este paradero es legal, pero en realidad no hay ningún papel que lo respalde. Todos tienen derecho a trabajar. Sin embargo, deben hacerlo de manera ordenada, no respetan ni el crucero peatonal, cuadrándose sobre él, sin dejarnos cruzar adecuadamente la pista”, se queja Eriko Ríos Fuentes, residente de la zona.

 

Hasta antes de iniciar el año, un policía que se encargaba de retirar a aquellos taxistas que no pertenecían a ninguna de las empresas, logrando mantener un poco el orden. Los propietarios explican que el efectivo era contratado por los mismos choferes para cuidar que otros no les quitaran los clientes.

 

“Tienen constantes peleas por las carreras, encima los choferes de la misma línea se cuadran en la vereda hacia el lado de nuestras casas dejando solo un pequeño espacio por donde podemos transitar. Toda la bulla empieza a partir de las seis de la tarde de lunes a viernes, porque los fines de semana empiezan entre las tres y cuatro de la tarde”, continua Eriko Ríos.

 

“No hay nadie que controle, esto es tierra de nadie. Aparentemente, no todos tienen los papeles regularizados, porque cuando surge un operativo, que es muy de vez en cuando, solo se quedan unos cuantos taxistas y aquellos a quienes los cogen en frío. Queda la calle casi vacía y es el único momento en el que se puede ver orden, pero ves a todos estacionados a partir de la tercera cuadra, una vez que todos se fueron, regresan”, explica Liliana García Ríos, vecina del pueblo joven.

 

Más allá del desorden vehicular, exactamente en la primera puerta del centro comercial, hacia el lado de la calle Cáceres, se ha formado un pequeño mercadito de ambulantes al igual que en el restos de entradas del local.

Estos informales, ofrecen desde juguetes, churros hasta cancha y hamburguesas, y que solo aumentan el caos al estar amontonados entre la marea de autos.

 

Al llegar la noche, cuando la primera puerta es cerrada y la congruencia de gente ha bajado, se pueden observar las veredas, jardineras y pista de la cuadra dos con una gran cantidad de basura amontonada en las esquinas, papeles en el suelo, envolturas y desperdicios de alimentos.

 

Ya el reloj marca la media noche, los carros ya no se encuentran amontonados hacia ese lado, si no que se han mudado casi finalizando la cuadra, cerca de la entrada del estacionamiento del Real Plaza, donde la calle es más oscura y los choferes pueden ocultarse para miccionar, sin tener en cuenta que ahí está la casa de la Maruja Mayra Chero.

 

Al amanecer, cuando Maruja y su esposo, Luis Alberto Arteaga, salen de su hogar para iniciar sus actividades diarias, son sorprendidos por un terrible olor a orín. Cansados de que no sea la primera vez, ya no encuentran con quien quejarse, sin contar que no pudieron descansar con tranquilidad por la bulla de aquellos taxistas.

 

“Si bien es cierto toda esta zona es comercial, aquí seguimos viviendo familias con niños y ancianos, y necesitamos calma. Pienso que el centro comercial debe poner vigilancia afuera para sacar a todos estos taxistas, que ni siquiera tienen en cuenta que esta es zona rígida, y es por esta razón que cuando llega la policía todos vuelan”, comenta Alberto Arteaga.

 

Vuelven a ser las seis de la tarde y cuando ya son casi las ocho el crucero peatonal se encuentra invadido taxis y ninguna regla de tránsito es respetada. Las personas que salen del Real Plaza o que llegan, cruzan la calle esquivando carros y gente, mientras esperan seguir contando con la suerte de no ser atropellados.

 

“No respetan al peatón, además de cortar el crucero peatonal, a ellos no les interesa nada y por pelearse tocan tanto los cláxones que ellos mismos se aturden y comienzan a insultarse. No importa que la gente tenga que pasar por 20 centímetros de espacio entre carro y carro. Si uno se dirige a ellos de buena manera te toman como tonto, sino se ponen agresivos”, añade Eriko Ríos.

 

Liliana García es empresaria y futura madre, su casa está ubicada casi a mitad de la cuadra dos. Hay veces en las que ella no puede encontrar otro horario para llegar a casa con algo de mercadería en un taxi y no tiene otra opción que esperar dando una vuelta extra mientras la calle se descongestiona un poco para estacionarse frente a su puerta y bajar con las compras.

 

Cuando esto no sucede, el carro que la moviliza se ve obligado a dejarla más lejos, dificultando el traslado de los paquetes de mercadería.

 

A unas cuantas puertas de la casa de Liliana vive Fiorencia Abanto, quien tiene un hijo con discapacidad, por cuyas necesidades mandó construir una rampa frente a su puerta que le permita movilizar la silla de ruedas. Sin embargo, son más la veces en las que se ha visto obligada a pedir ayudar para alzar la silla, debido a que algún taxi ha ocupado el acceso.

 

“Siempre se estacionan frente a nuestra puerta, sin respetar que ahí está la bajada, nos hemos quejado muchas veces con los policías, incluso uno de ellos nos recomendó pinchar las llantas del auto colocando clavos, porque no le harían caso. No entiendo cómo es posible que me pidan hacer ese daño en vez de implementar una sanción”, cuenta Fiorencia.

 

Cuando el fin de semana llega, los vecinos saben que todo el alboroto iniciará más temprano, pero esta vez no solo será bulla de los carros hasta las 12 de la noche, sino que también escucharán música hasta altas horas de la madrugada, hasta que puertas de la discoteca de Rústica al fin cierren.

 

“Uno al final se termina acostumbrando a la bulla, que ya ni cuenta se da, pero no es el caso. Yo estoy por tener un bebé y Real Plaza debe tener un departamento de responsabilidad social que se haga cargo de este tipo de situaciones, ya que ellos obtienen un ingreso. Deben tener en cuenta que acá hay personas que vive desde antes que ellos llegaran”, expresa Liliana García.

 

Hace unos meses, la música no provenía solo de las instalaciones del Real Plaza, sino que frente a la primera puerta del centro comercial, en la calle Cáceres, se había instalado una discoteca ‘Valentino’s’, que fue motivo de constantes denuncias por parte de los vecinos por el exceso de volumen.

 

A pesar de todas las quejas presentadas y que las autoridades asistieron en reiteradas ocasiones y lograban cerrar el local de manera temporal, nada de esto era respetado por los propietarios, que sin mayor remordimiento arrancaban el papel de la puerta puesto por la municipalidad y daba atención al público. Para fortuna de los habitantes de esta zona la discoteca no logró tener el éxito necesario como para continuar manteniéndose económicamente.

 

Muchas son las quejas de estos vecinos, desde la contaminación por basura hasta la bulla y desorden vehicular que ocurre a diario, delante de ellos y sin poder tomar algún tipo de acción. Cansados de quejarse y sin esperanza en las autoridades, ellos esperan que pronto se tomen cartas en el asunto. 

 respuesta de JOS脡 HORNA el 2018-05-31.

Un caso muy delicado, no obstante, completamente legal. es obvio que Inversiones Stop inici贸 un proceso de amparo contra resoluci贸n judicial; es decir, contra la resoluci贸n que emiti贸 la Corte Suprema que declar贸 nula la concesi贸n, proceso que por cierto, lo va perdiendo en DOS INSTANCIAS y que est谩 a la espera de lo que, en 煤ltima instancia, diga el TC. Es poco creible, que la autoridad portuoria no se haya enterado del caso, pues el Gobierno Regional es parte proceso constitucional (del amparo). En este contexto, pueden suceder dos cosas, primero que el TC declare improcedente o infundado el recurso de agravio constitucional de Invversiones Stop, y ah铆 qued贸; segundo, es que les d茅 la raz贸n, anulando la resolucion emitida por la Corte Suprema. En este 煤ltimo caso, la Suprema tendr铆a que emitir un nuevo fallo con las recomendaciones del TC, y esperar un nuevo veredicto. Ante un pronunciamiento de la Suprema, est谩 vez, favorable a Inversiones Stop, s贸lo cabr铆a iniciar por parte del Gobierno Regional un proceso de 芦amparo contra amparo禄 a fin de obtener un fallo final. Todav铆a queda un largo camino que recorrer, pero, corresponde a la poblaci贸n y prensa estar atentos para que nuestras autoridades interpongas las acciones legales oportunamente.

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