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JORGE YARROW: EL MAESTRO EGREGIO DE LAMBAYEQUE

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1025

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En Lambayeque, el nombre de Jorge Yarrow Carrasco se asocia inmediatamente con la educación, pero pocos conocen que la participación pública de este reconocido hombre de letras y de leyes no se inició en las aulas, sino rodeado de maquetas y planos al lado de un gran visionario del Perú, el arquitecto Fernando Belaunde Terry.

 

La vida de este ilustre chiclayano está marcada por pasajes históricos. Su abuelo fue  William Yarrow, ingeniero inglés llegado al Perú con la misión de trabajar en la instalación de las líneas férreas que conectaron a Puerto Eten con Chiclayo, y su padre, José María Yarrow, un próspero hombre de negocios que instaló una casa comercial en el centro de la ciudad y participó en los albores del aprismo en Lambayeque.

 

Nació en diciembre de 1927 y estudió la primaria en el colegio Juana Alarco de Dammert, propiedad de las hermanas Bulnes, al que acudían los hijos de las familias acomodadas de la ciudad. Por aquel tiempo Chiclayo era un centro comercial de agitado movimiento, dinamizado principalmente por la industria azucarera de las haciendas de Cayaltí, Pucalá, Pomalca y Tumán.

 

ENSEÑANZA PERPETUA

La secundaria la cursó en el Colegio Nacional de San José, en los viejos salones del local ubicado al lado de la desaparecida Iglesia Matriz. “En el San José sentí que me hicieron”, afirma Jorge Yarrow, quien fue alumno del alemán Karl Weiss y aprendió los hábitos de aquel modelo educativo que hoy tanto se añora.

 

“Entrabas vestido con el uniforme caqui y mostrando las uñas. Hasta ahora tengo las uñas cortas y limpias, y traigo los zapatos limpios. Solo así ingresabas”, comenta.

 

Estuvo entre los jóvenes pioneros de la aviación con planeadores que impulso Weiss en las pampas de Reque, una verdadera aventura para la época, de la que también recuerda la formación cuasi militar que se les daba en el colegio.

 

“Antes salir hacíamos la formación y todos muy ordenandos, y había una rivalidad con la Escuela de Artes y Oficios (el Politécnico Pedro Labarthe), aunque siempre ganábamos”, dice entre risas.

 

VIENDO Y ESCUCHANDO

Concluyó la secundaria en 1945 y de inmediato manifestó su interés por estudiar medicina, pero a insistencia de su hermano mayor postuló a la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ingresó a los 16 años y obtuvo 17 puntos en el examen, calificación que le permitía también ingresar a la Universidad Mayor de San Marcos.

 

“Mi hermano me preguntó dónde quería estudiar y le dije que en San Marcos, porque ahí estaban mis amigos conocidos del San José. Me dijo que no, que estaba careciendo de la capacidad de extender mis conocimientos y de humanizar con los demás, que la universidad era un sitio que engrandecía. San Marcos tenía una fama enorme y la católica también, pero de pitucos, y a esa me mandó. Llegué a Lima sin conocer. Yo le había dicho a mi hermano que no quería ir a la católica, que ahí estaban los Wiesse, los de Osma… gente de plata. ‘¿Usted quiere seguir toda su vida siendo chiclayano, con las costumbres de su pueblo, tomando chicha? ¿Entonces para qué vas a la universidad? La universidad es el lugar donde uno se engrandece o se pudre’, me dijo”, recuerda.

 

Las palabras que marcaron para siempre la vida de Jorge Yarrow también fueron pronunciadas por su hermano: “Aprende viendo y escuchando”, y así llegó a la universidad católica.

 

Anécdotas de su estadía en la casa de estudios es que un buen día fue llamado por el portero, quien le indicó que en adelante sería llamado por “su apellido compuesto”, “Yarrow y Carrasco”.

En la católica, estudió Letras, y al mismo tiempo cumplió su sueño de formarse en San Marcos, donde estudió Derecho.

 

“Nunca dejé de ser chiclayano y nunca tampoco dejé que me vacilen los grandazos, los de plata. La cordialidad de esos amigos no la encontré en ningún otro lado. Estudié con gente muy adinerada, hijos de familias pudientes de Lima, pero muy amable. Era un criollazo, jugaba pelota con los chinos, leía mucho y me las sabía todas. Recuerdo que mi hermano me decía: ‘Nunca te dejes dominar, ni en el pensamiento ni en la acción’. Nunca me dejé”, cuenta.

 

LA VIVIENDA SOCIAL

El gobierno de José Luis Bustamante y Rivero creó en 1946 la Corporación Nacional de la Vivienda a iniciativa del joven arquitecto Fernando Belaunde Terry, con quien Jorge Yarrow llegó a trabajar en la planificación de las unidades vecinales que se construyeron en Lima y Callao y se convertirían en modelo de urbanización. Participó directamente en la proyección de la Unidad Vecinal N° 3, ubicada en la Avenida Colonial.

 

Durante ese tiempo compartió también con los arquitectos Santiago Augurto Calvo y Manuel Valega Sayán, con quienes colaboró en la proyección de la unidad vecinal de Mirones, Angamos, Miraflores y Matute, todas orientadas a la población de medianos recursos.

 

“Belaunde era un tipo muy correcto, me llamaba por mi segundo nombre: Milton. Nos llamaba para ver los proyectos y pedía sugerencias. Un día me llamó y le sugerí que toda unidad vecinal debía tener un espacio de recreación dedicado a la juventud, también que se organicen las juntas de vecinos para la administración de los edificios y se busque el desarrollo de un sentido de comunidad. La socialización de los proyectos fue mi trabajo”, rememora.

 

Estando en Chiclayo, Jorge Yarrow escribió un artículo sobre la vivienda social que fue uno de los primeros que se publicó sobre el tema. Quisieron acusarlo de infidencia, pero la confianza de sus superiores le permitió sortear con tranquilidad el impase.

 

También trabajó de cerca con Violeta Correa de Belaunde, con quien trabó una estrecha amistad. De la Corporación de la Vivienda pasó al Instituto de la Vivienda.

 

LAS UNIVERSIDADES

En San Marcos fue director del Instituto de Estudios Superiores, a través del cual se realizaban actividades para unir a la universidad con la gente humilde. En la “Decana de América” dictó la cátedra de Filosofía y mantuvo fuertes lazos de amistad con otros destacados personajes como el chiclayano Armando de la Flor Valle, a quien acudió junto a un grupo de lambayecanos para pedir la creación de una universidad para el departamento.

 

“Armando fue presidente de la Cámara de Diputados entre 1960 y 1962, a él acudimos. Un día, faltando cinco minutos para la 12 de la noche, cuando la sesión ya iba a terminar, dijo: ‘Señores, hay dos proyectos acá: uno para que la Corporación de la Vivienda se legalice y el segundo para la creación de una universidad de Chiclayo’. Aprobado. Esa noche celebramos hasta el día siguiente”, rememora.

 

Así se logró, el 12 de abril de 1962, la creación de la Universidad Nacional de Lambayeque con la Ley N° 14052, siendo impulsores de la norma un grupo de codepartamentales entre los que figuraba Jorge Yarrow, Miguel Oneto García y Alejandro Gonzales.

 

Años después junto a Cristóbal Campana y Teodoro Rivera Ayllón le tocaría oponerse al cierre de la universidad.

 

“Mi primo Carlos Urbano Balarezo (quien era prefecto de Lambayeque), me llamó para decirme que se había tomado la universidad y que los militares tenían la orden de no dejar pasar a nadie. Tomé una bandera, nos encarajamos, tomamos un sorbo de pisco y los tres caminamos hacia los soldados. Rastrillaron sus armas. Justo en ese momento Cristóbal Campana dijo: ‘¿Quieren matarnos? Mátennos carajo, porque matarán a los educadores de sus hijos’. Abrieron paso y nos dejaron pasar”, cuenta.

 

En 1970 Jorge Yarrow volvería a tomar protagonismo en un hecho vinculado a la educación superior. Formó parte de los gestores de la unificación de la Universidad Nacional de Lambayeque y la Universidad Agraria del Norte.

 

En ese afán, mientras caminaba al lado de Alejandro Leguía, Genaro Barragán Muro y Miguel Oneto, por el distrito de Lince, en Lima, encontraron un monumento, se acercaron, leyeron el nombre del héroe, luego su biografía y así propusieron que la nueva casa superior de estudios se llame Pedro Ruiz Gallo.

 

La gestión se concretó en marzo de ese año, con el Decreto Ley N° 18179.

 

HOMENAJES

En el 2003, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos reconoció como Profesor Emérito a Jorge Yarrow, sumándose a la larga lista de instituciones que lo han distinguido por su amplia labor educativa y producción intelectual.

 

El Ministerio de Educación le otorgó las Palmas Magisteriales, la Universidad de Chiclayo, casa superior donde fundó la Facultad de Ciencias de la Comunicación, lo declaró “Profesor Excelente” y “Amauta Universitario”.

 

Yarrow Carrasco complementó su formación profesional en la Universidad de Miami Coral Gable y en la University Brithis of Columbia de Canadá. Es doctor en Humanidades, Ciencias Antropológicas y en Literatura, así como Doctor en Educación. Además, realizó estudios de postgrado como Analista en Comunicación Social en la Universidad Católica del Perú y de Relaciones Públicas en San Marcos.

 

Ha recibido también la Medalla de Oro al Maestro otorgada por la municipalidad de Chepén, la Medalla de la Cultura dada por el Instituto Nacional de Cultura y la Medalla a la Investigación Universitaria concedida por la Municipalidad Provincial de Chiclayo.

 respuesta de Elsa Samillan Perez Vargss el 2019-03-25.

interesante historia y poca difundida..No solamente politicos,sino tambien GRANDES PROFESIONALES LAMBAYECANOS.que sus primeras letras las aprendieron en el Colegio de las Hnas. Bulnes :JAD. y en. el Coleg.Nacional San Jose. .

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