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LEONOR SAAVEDRA DE RIVERA: "SER UNA EDUCADORA ES LO MíS MARAVILLOSO QUE ME HA OCURRIDO"

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1025

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Es una convencida que la disciplina y el orden de hace 37 años, no se asemeja a la educación moderna. Como escolar, asimiló la enseñanza que se impartía en el Colegio Nuestra Señora del Rosario, la que puso en práctica cuando se convirtió en maestra.

  

“Recordar es volver a vivir, pero volver a vivir esos gratos y hermosos momentos que me tocó como alumna del colegio Nuestra Señora del Rosario y como profesora y directora del centro educativo Rosa Flores de Oliva. Esas imágenes de mi vida nunca los borraré de mi mente, las que tengo presente a cada instante”, trajo a la realidad la pedagoga Leonor Saavedra de Rivera, ex profesora y ex directora rosaflorina.

 

Uno de sus recuerdos más latentes es que por espacio de 33 años y medio fue la directora del  colegio Rosa Flores de Oliva, plantel donde ha dejado sus más grandes recuerdos de vocación profesional, y lugar donde volcó todos sus conocimientos y preparación profesional como educadora egresada de la universidad Católica del  Perú.

 

Leonor Saavedra de Rivera evoca que estando al frente del colegio Rosa Flores de Oliva, buscó siempre la forma de hacer una institución propia para el mismo colegio; es decir, que cada profesor, alumno y padre de familia se identifique con el centro educativo, buscando una propia identidad y que las personas que lo rodean se sientan orgullosos de ser rosaflorinos.

 

Recuerda que el colegio Rosa Flores de Oliva fue creado el 15 de mayo de 1946, mediante Resolución Suprema Nº 1040, pero el plantel funcionaba en la ciudad de Lambayeque. Sin embargo, 11 años después, fue trasladada a la ciudad de Chiclayo, en atención a que el mayor número de alumnos procedían de la capital de la amistad, donde se instauró la enseñanza técnica.

 

“El colegio  fue edificado con el apoyo de todas las unidades del centro educativo. En esta tarea jugó un papel importante la Asociación de Padres de Familia –APAFA-, que me permitió destacar su trabajo honesto y honrado. Todos unidos, profesores, padres de familia y comunidad, trabajamos muy duro para levantar el centro educativo en el lugar donde actualmente se encuentra”, sostiene la educadora.

 

Añade que desde el inicio de actividades, el colegio Rosa Flores de Oliva tenía un prestigio y en poco tiempo se había convertido en el número uno de la región  e incluso, las actividades culturales y de proyección a la comunidad se coordinaban – en ese tiempo- con las autoridades del colegio militar Elías Aguirre.

 

“Como no recordar los concursos de marinera, los que eran coordinados por la profesora de baile, Blanquita Tirado, quien era la encargada de preparar a las alumnas en danzas, especialmente en marinera, así como realizar las coordinaciones con las autoridades educativas del Colegio Militar, cuyos alumnos llegaban al plantel para ser parejas de las alumnas y concursar”, sostuvo.

 

La profesora Leonor Saavedra de Rivera evoca también que desde el año de 1,972, el colegio Rosa Flore de Oliva se convierte en secundario mixto de menores y adultos, con la categoría educativa de científico humanista y técnica, teniendo como sede principal el Paseo del Deporte, entre las urbanizaciones Santa Elena y José Quiñones Gonzales,

“En aquella época, el dinero que se manejaba era de gran responsabilidad y cada centavo que se tenía o recolectaba, era invertido en infraestructura y cultura, con miras del bienestar del educando. Éramos un ejemplo, el colegio Rosa Flores de Oliva brillaba por todos lados, y los dineros se manejaban y utilizaban con mucho cuidado. Que recuerde, nunca –durante mi gestión- tuvimos una queja o denuncia sobre pérdida, apropiación o mal uso del dinero del Estado y de los padres de familia”, recalcó.

 

DISCIPLINA

La profesora Leonor Saavedra de Rivera – ahora- se muestra muy preocupada por el cambio del programa educativo y la técnica de enseñanza en la educación tanto en el nivel primario y secundario.

 

“La técnica educativa y de educación que en la actualidad se emplea, es totalmente diferente a la que se utilizaba y ponía en práctica algunos años atrás. Los alumnos responden a los maestros, ya no existe la disciplina que existía antes, la autoridad que el maestro tenía en el aula se ha perdido en su totalidad, y aquí pongo puntos suspensivos porque no quiero seguir detallando las falencias que hoy en día se tiene en la formación de los menores en la educación”, acotó.

 

Es una convencida que la disciplina se ha pérdido no solamente en el colegio Rosa Flores de Oliva, sino en todo lo referente al nivel educativo escolar.

 

“Miren ustedes como están los colegios en la actualidad. Hace 37 años atrás, cuando me desempeñaba como directora del plantel, la disciplina era parte fundamental del desarrollo del colegio. Los lunes – inicio de la semana escolar- se rezaba el Padre Nuestro y el Ave María. Una vez culminada, con una disciplina única, las alumnas ingresaban a sus aulas para escuchar sus clases”, indica.

 

Evoca que parte de la formación académica y técnica de cada uno de los alumnos, existían los clubes de radio y periodismo, los clubes de matemática, de literatura, entre otras asociaciones de desarrollo académico interno de los escolares.

 

ESTRICTO CONTROL

Leonor Saavedra de Rivera recuerda también que la disciplina no solamente era para los alumnos sino para los educadores. Es más, ella misma se sometía a la disciplina del plantel; pues, llegaba antes de las siete de la mañana y se ubicaba en la puerta de acceso al colegio, para recibir a las alumnas y verificar las condiciones de aseo en que llegaban.

 

“Recuerdo que algunas llegaban con la blusa sucia, hacíamos que se pongan el mandil y en la hora del recreo estaban obligadas a lavar la blusa. A la hora de salida ya estaba seca, planchadita y bien limpiecitas se iban a su casa”, añadió.    

 

De igual manera, destaca que ante la ausencia o falta de una maestra en aula, automáticamente iba al salón de clases y empezaba el dialogo con las alumnas y luego se seguía con la clase del día.

 

“Como pedagoga, primero se tenía que entrar en confianza con los alumnos para luego explicar la clase. Eran momentos interesantes, porque en algunas ocasiones había algunas alumnas que tenían problemas en sus casas y era el momento oportuno para que ellas descarguen todo lo que tenían y buscar una solución al problema. Esas clases son inolvidables”, señaló la educadora.

 

EL UNIFORME

Otro factor que siempre se tomaba en cuenta era que la falda tenía que estar cinco centímetros debajo de la rodilla, los zapatos bien limpios, las medida en su altura normal y bien limpias.

 

Sigue relatando que al ingresar a las aulas, lo primero que se observaba era la limpieza. “Mi frase era: así como está el aula, es como ustedes viven en sus casas y eso no lo podemos permitir. Ustedes se están formando para ser personas de bien y si no asimilan todo lo que se les está enseñando, somos malos maestros”, indica.

 

Agrega que ni bien culminaba de pronunciar la última palabra, las escolares estaban recogiendo todo tipo de papelito que se encontraba en el piso o sobre la carpeta, para ser depositada en el tacho de basura. El piso estaba rojito y brilloso, la mota en su lugar. Esos tiempos eran muy buenos, había orden, control obediencia  y disciplina.

 

MEMORIAS

Recuerda que en una ocasión, cuando ya era directora del colegio Rosa Flores de Oliva, recibió la llamada telefónica de una monja del colegio Nuestra Señora del Rosario, lugar donde hizo su formación escolar, y ésta le indicó que había pasado por el centro educativo y había observado que todo era silencio y no había alumnos en los pasadizos.

 

“La madre me dijo: como buena rosarina veo que estas cumpliendo con imponer la disciplina, he pasado por el colegio donde eres la directora y he notado que existe un orden como debe ser, y me felicitó”, indicó.

 

Recuerda que en sus tiempos de enseñanza académica escolar, existían maestras de calidad como, María Elena Lazo de Ocampo,  Beatriz Alva, Haydeé Amay, Margarita Muñiz, Flor de María Carbonel, Blanquita Alayo, con las que antes de ingresar al aula o después de salir de ellas, se daban las reuniones de coordinación para tratar cual o tal tema, así como problemas que se suscitaban dentro de la institución educativa, y donde todo el personal docente buscaba una solución al problema.

 

“Recuerda que hace 37 años atrás, cualquier profesor no era director del colegio o porque tiene un título profesional más. Los educadores más destacados y con trayectoria eran invitados a Lima donde tenían que concursar por la plaza, sosteniendo una serie de exámenes, y la que reunía o tenía la capacidad, era la que se le encomendaba el cargo. Yo fui una de ellas.

 

Inicialmente –antes de ser directora- fui la jefa de estudios del colegio Rosa Flores de Oliva. Llegar a ser directora del Rosa Flores de Oliva, fue un ascenso que lo gane con mi esfuerzo, nadie me dio el cargo de favor y mucho menos a dedo. Lo gané con dedicación, esmero y esfuerzo”, acotó.

 

Otra acción que recuerda del colegio Rosa Flores de Oliva, era que el personal auxiliar era muy estricto.

 

“Como no recordar a Nelly Monsalve, que tal rectitud que tenía. Había una particularidad en ella, se aprendía los nombres de cada uno de los alumnos y era implacable en el horario y ante una falta, el alumno tenía que ir al colegio acompañado de su padre, caso contrario ella visitaba la casa de la alumna”, resalta.

 

COMO ALUMNA ROSARINA

En otro punto de la entrevista, recuerda haber egresado en el año de 1944 del colegio Nuestra Señora del Rosario, fecha en que la mejor gracia para una mujer era estudiar.

“En ese tiempo no todas las mujeres teníamos el privilegio de estudiar. Aparte de la vida, mi padre me dio otro de los mejores regalos, que era el de estudiar”, sostuvo.

 

Pero eso no era todo. En el colegio había una gran motivación para las alumnas y era una competencia permanente. Los días viernes la madre directora premiaba con medallas a las mejores alumnas de la semana.  

 

“A las mejores alumnas se les entregaba la “medalla del saber” y la “medalla de la conducta”. Eso lo entregaban los días viernes para que las alumnas ganadoras la tengan en su casa y la muestren a su familia durante el fin de semana. El día lunes la traían y devolvían a la madre”, explicó.

 

Asimismo, destaca que el fervor religioso católico era admirable. El punto de reunión era la capilla, donde la madre tutora se sentaba frente al piano y tocada de una manera que a las alumnas las hacía sentir en el cielo.

 

Entre sus recuerdos en aulas del colegio Nuestra Señora del Rosario, evoca a la madre directora Imelda López, quien era recta, pero con una sonrisa en los labios que daba confianza a las alumnas para compartir situaciones académicas y hasta familiares.

 

“Todos los días salíamos a las 4:30 de la tarde. Nos entusiasmábamos en salir cuando el tren que provenía de Pimentel llegaba a Chiclayo y a su entrada a la ciudad hacía sonar su silbato. A los pocos minutos, la madre directora tocaba la campana que marcaba la salida”, señala.

 

Pero allí no quedaba todo. Relata que la madre directora se ubicada en la puerta del colegio, vestida con su capa negra, y desde allí divisaba toda la zona con el objetivo de mirar si alguna alumna se quedaba por el lugar. Posteriormente, caminaba por las calles con la finalidad de verificar si alguna alumna estaba paseando vistiendo el uniforme. Indica que el uniforme era sagrado.

 

LA DIRECTORA

“La madre Imelda López es la gestora del colegio Nuestra Señora del Rosario. Ella llegó un primero de mayo de 1918 y estuvo al frente del plantel hasta el mes de abril de 1948. Ella estuvo 30 años como directora y es una de las grandes pioneras del crecimiento del centro educativo”, refiere.

 

Revela que la madre Imelda López fue reemplazada por la madre Magdalena, quien a la fecha es una de las más recordadas, a quien le decían “la madre militar”, porque era muy estricta y estaba tras las alumnas para que cumplan con sus tareas escolares.

 

Leonor Saavedra de Rivera indica también que desde 1985 es la  presidenta de las ex alumnas del colegio Nuestra Señora del Rosario e incluso en la actualidad existe una asociación de rosarinas en el mundo, cuya sede se encuentra en Miami.

 

“En esta asociación existen más 500 rosarinas, las que están dispersas por el mundo y gran parte de los Estados Unidos, y seguro que para los 100 años del colegio, que será en el 2018, deberán estar en Chiclayo para participar de cada una de las actividades”, sentenció.

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