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Todos a uno

Escribe: Rosa Amelia Chambergo Montejo (*)
Edición N° 1203

Que Pedro Castillo Terrones, el candidato a la presidencia de la república por Perú Libre, carece de preparación para asumir tan importante responsabilidad, no es un secreto. Su resistencia a decir quiénes conforman el equipo técnico que respalda sus propuestas, unas más incongruentes que otras, o las evasivas que da para no profundizar en sus reformas, evidencian la falta de solvencia política, tan necesaria para emprender el proceso de recuperación nacional frente a los efectos de la pandemia y el largo período de inestabilidad.

Sin embargo, como bien dice el viejo refrán: “Los pecados de otros no te hacen santo” y eso es lo que parece no entender la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori Higuchi.

El país entero recuerda con cierta amargura la retahíla de compromisos que la lideresa naranja asumió en el proceso electoral del 2016, cuando, entre otras cosas, se comprometió a respetar la decisión de los ciudadanos de no llevarla al sillón presidencial y fortalecer el sistema democrático, sin obstruccionismos ni blindajes.

Empero, en la práctica se vio lo contrario. Keiko Fujimori y su mayoría en el Congreso de la República son – como ella misma lo ha reconocido – artífices en buena medida de la inestabilidad política que mantiene en vilo al país hace cinco años y, en consecuencia, sus compromisos o la firma de documentos, en su persona, es un asunto cada vez menos creíble.

Sobre su equipo técnico, también es mucho lo que se puede decir. Keiko Fujimori ha mostrado con cierta satisfacción a personajes como Jorge Baca Campodónico y Carmen Lozada de Gamboa, ambos con un oscuro pasado en los años en los que el fujimorismo, autoritario y corrupto, hizo añicos la institucionalidad del país.

A Castillo se le cuestiona de todo a través de los grandes medios de comunicación capitalinos. Se le reprochan sus mensajes, sus acciones y sus cercanías, trato que – cada día con mayor desvergüenza – no se aplica para con Keiko Fujimori, quien – parafraseando lo que alguna vez dijo – no solo carga la pesada mochila de lo que fue la dictadura de su padre, sino su propia mochila, una por la que el Ministerio Público pide en su contra 30 años de prisión.

Lo que se ve hace un mes (desde el 12 de abril), es la suma de esfuerzos de todo tipo: mediáticos, empresariales y políticos, por ocultar los cuestionamientos que también pesan sobre la candidata de Fuerza Popular.

El pensamiento de Pedro Castillo es totalitario, radical y peligroso para el país. Eso, sin duda. Pero también resulta peligrosa la acumulación de poder y la concentración que Keiko Fujimori suma a su favor, considerando que un gobierno, cualquiera sea su ideología, necesita mínimamente la posición equilibrada y discrepante de los medios de comunicación. Sin embargo, hoy todos, al menos los grandes medios, han cerrado filas en su defensa y apoyo.

El tratamiento que se ha dado en los últimos días a acciones repudiables como la protagonizada por el ex candidato presidencial Rafael López Aliaga sobre dar muerte a Pedro Castillo y a Vladimir Cerrón, o la provocación y ataque de militantes fujimoristas a seguidores de Perú Libre en la Casa del Maestro, en Lima, son solo una muestra de cómo el equilibrio informativo se ha roto para aupar a una de las dos opciones en esta segunda vuelta.

Para quienes vivimos los años de la dictadura de Alberto Fujimori, desequilibrios de este tipo nos recuerdan al momento en el que los grandes medios nacionales tuvieron capturadas (con dinero de por medio) sus líneas editoriales, o a las intensas y cada vez más sucias campañas que se montaban desde el Servicio de Inteligencia – SIN, para atacar a los opositores del régimen, entre ellos el recordado demócrata Alberto Andrade Carmona.

Los días se acortan de cara al 6 de junio y es probable que lo que hoy vemos se intensifique, con la peligrosa posibilidad de que después de las votaciones no haya garantía de independencia y pluralidad para abordar lo que sucede en el país. Esto, claro está, desde la óptica de los medios que por su poder, cobertura y solvencia económica, llegan a la mayoría de peruanos.

Corresponde entonces pensar con criterio justo y claridad en el escenario próximo a partir del 28 de julio. Sea quien gane la presidencia del país, Castillo o Fujimori, recibirá un país dolido, que llora a diario a sus muertos, con miles de desempleados y nuevos pobres, pero sobre todo, fracturado, consecuencia de una turbulencia política que no se inició hace un mes, sino hace muchos años.

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Directora - Fundadora.

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