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¿Qué es para nosotros la Navidad?

Escribe: Rosa Amelia Chambergo Montejo (*)
Edición N° 1283

Son tiempos difíciles para el país, tiempos convulsos, de mucha inestabilidad y desánimo, sobre todo cuando nos toca ver el comportamiento de los llamados a liderar el desarrollo de la patria. Tiempos en los que pareciera que lo gris se extiende sobre los peruanos, como si lo vivido y padecido en dos años de pandemia no hubiera sido suficiente.

En medio de la tempestad, una luz de esperanza se mantiene viva en nuestros corazones y esa es el renacimiento de Jesús, en esta Navidad.

Su llegada, como hace más de 2000 años es la renovación de una promesa de salvación para los seres humanos, creyentes en la obra de Dios, a través del Espíritu Santo, y la entrega de su propio hijo, hecho hombre, para nuestra redención.

Siendo tiempos complejos para el Perú y la humanidad, el nacimiento de Jesús nos llama a afirmar nuestra fe, a abrir el corazón para recibir al niño nacido en un establo, en la más absoluta pobreza, y que debe reinar por siempre y para siempre entre nosotros.

El significado de la Navidad puede ser diverso según quien quiera celebrarla, pero todos vamos a coincidir en que es una oportunidad propicia para reencontrarnos, reconocernos, perdonarnos, hermanarnos y abrazarnos en paz y amor.

Es una oportunidad para mirar a nuestro interior y preguntarnos cuán preparados estamos para recibir al Salvador, mirar al prójimo y ver en él la tarea que Jesús nos encomendó, cuando dijo “Amaos los unos a los otros”; mirar en nuestro entorno más próximo y reflexionar sobre nuestras acciones como individuos y parte de un colectivo. Sin duda, nuestra clase política debería hacer este último ejercicio. Quizá así en algo mejore su accionar.

Valeria Joaniquet escribió hace mucho una lista de acciones para vivir de mejor manera la Navidad.

Esta empieza por “estar de mejor humor” y “ser más comprensivos”, que es algo que nos falta mucho como sociedad, pues nos ha ganado no solo la frustración y el enojo, también la indiferencia, la insensibilidad… la deshumanización.

También dice que una buena forma es “mirar de solventar las asperezas con personas cercanas”, invitación a deponer nuestras riñas y resentimientos. Como decía, si abrimos el corazón al Salvador, entonces podemos abrirlo también a quienes nos rodean.

“Agasajar y agradecer a los que nos rodean sin tener la obligación de cumplir con un acto señalado, sino en cualquier momento y de modo espontáneo”, es otra de las recomendaciones que nos deja, así como “poner la imaginación y la creatividad a trabajar y buscar un regalo simbólico o algo hecho por nosotros, en lugar de comprarlo”.

De un tiempo a esta parte nos hemos concentrado en la Navidad como una oportunidad comercial o material, olvidándonos que el verdadero agasajado es Jesús y que la razón de esta fiesta no está en los regalos, sino en dar amor.

Otros de los consejos son: “ver nuestra felicidad como una manera de acrecentar la de los demás, y no al contrario”, y “reforzar los vínculos con los seres queridos durante el día a día y abrirnos a conocer otras personas”.

Finalmente, “permitirse hacer/pensar/elegir desde el corazón y con conciencia, lo que realmente queremos todo el año, y por supuesto en navidades que es cuando resulta más complicado”.

Deseo que esta Navidad recobre para todos su verdadero sentido y que sea Jesús el centro de nuestra celebración. ¡Felices fiestas!

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Directora / Fundadora.

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