La mañana en la que monseñor Robert Prevost fue electo como sumo pontífice de la Iglesia Católica, el padre Paulo César Saavedra López, fraile agustino, se encontraba en una reunión del presbiterio de la vicaría de la Diócesis de Chosica. Con su computadora encendida, ayudaba al vicario a escribir los acuerdos que se adoptaban en la reunión, pero tenía también abierta una ventana con las incidencias del cónclave. Cuando salió el humo blanco, señal inequívoca del consenso para la elección del nuevo papa, avisó a todos los sacerdotes allí reunidos de la buena nueva. Inmediatamente, todos tomaron sus celulares y siguieron en vivo la transmisión. Al escuchar del cardenal protodiácono el anuncio en latín de «Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Robertum Franciscum», fray Paulo supo que nada volvería a ser igual.
“Por nuestra formación entendemos un poco el latín, por eso cuando escuché «Robertum Franciscum» dije que era monseñor Prevost. Lo único que hice en ese instante fue dar vueltas alrededor de la mesa de los sacerdotes quienes me decían: ‘Tú lo conoces, dinos quién es’. Entonces, les conté que era un religioso agustino como yo, obispo de Chiclayo y que hasta ese momento se desempeñaba como prefecto del Dicasterio para los Obispos”, relata el consagrado, quien señala que, aunque reconocía que su elección era probable, no imaginaba que esta se haría realidad.
Pontificado
Cumplido un año de su pontificado, fray Paulo Saavedra señala que el papa León XIV ha mantenido la impronta misionera propia de su ministerio como agustino, lo que ha hecho que su labor se distinga por la dedicación a los pobres y un mensaje de paz y cercanía.
Resalta también en el santo padre el orden para gestionar la Iglesia, sello que tuvo cuando se desempeñó como obispo y general de la Orden de San Agustín. Además, destaca su mesura y la búsqueda de la celebración en comunidad, algo particular del carisma agustiniano.
Tarea
Para fray Paulo Saavedra, esta labor pastoral del papa León XIV endilga una tarea a todos los fieles católicos peruanos, especialmente a los chiclayanos, pues el tener un sumo pontífice hecho de la misión en el Perú es un llamado a vivir en coherencia con lo que manda la Santa Madre Iglesia.
“Estaba en Lima y escuchaba que había más concurrencia en las iglesias con la elección del papa, pero creo que eso fue parte de la efervescencia que se vivió en el momento. Fue una cosa que se infló y luego se desinfló. Creo que el sentirnos orgullosos de tener un papa que ha nacido en cuanto a su misión en Chiclayo, más que un orgullo, tendría que ser una tarea. Es un llamado a toda la ciudadanía a vivir en coherencia, a alejarnos de la corrupción, a hacer las cosas bien”, apunta el religioso.
Refiere que él vivió en Chiclayo del 2014 al 2018, tiempo durante el cual conoció al entonces monseñor Prevost en su labor de obispo, pero ya lo conocía desde antes, pues cuando ingresó a la casa de formación en el 2003, el general de la Orden de San Agustín era Robert Prevost. Ahora que ha vuelto a vivir en Chiclayo, ve con pena que muchas cosas no han mejorado.
“Regreso después de ocho años a vivir en Chiclayo y encuentro las mismas cosas y, algunas, incluso peores. Entonces uno se pregunta qué es lo que sucede en el fondo. Sería bueno que los chiclayanos veamos la elección del papa como una tarea pendiente para crecer como cristianos y ciudadanos”, reflexiona.
Experiencia
De su experiencia con el hoy vicario de Cristo recuerda una visita que les hizo en el 2007 a quienes formaban parte de noviciado agustino. Allí el ahora papa los animó a la misión en diferentes partes del mundo y les resaltó que un agustino no pertenece a un determinado lugar, sino que es universal, del mundo.
“Me sentí muy inspirado por él, ya que manifestaba esa importancia de llevar el evangelio a todas partes. Nos hablaba de ir a Cuba, de ir al África, de ser misionero en este tiempo. Nos dijo que un agustino no es de un lugar, sino del mundo, que debe estar abierto a servir a Dios en cualquier lugar”, cuenta fray Paulo Saavedra, quien recuerda que el papa lo ordenó como diácono en el 2017 en la capilla del colegio San Agustín, hoy parroquia.
En esa línea, el consagrado llama a todos los laicos a avivar su fe, a recibir con frecuencia los sacramentos y vivir en oración. Expresa también su deseo de ser una sociedad más unida y no tan fragmentada como ahora.
“Tener un papa agustino nos invita a mirarnos con mayor esperanza como peruanos, como ciudadanos, compatriotas de una misma nación que necesitamos buscar el bien común. Es importante que demos ese viraje hacia la unidad. En nuestro himno decimos somos libres, seámoslo siempre, pero a veces lo entendemos como somos libres, hagamos lo que se nos dé la gana y no es así (…) Es importante que nos comprometamos todos a vivir en comunidad. Al final eso somos, peruanos que debemos unirnos unos con otros. Eso nos enseña el papa”, enfatiza.
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