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PER脷 EN LA ENCRUCIJADA: La inestabilidad se institucionaliz贸

Escrito Semanario Expresi贸n
Edición N° 1437

La reciente elección de José María Balcázar Zelada como presidente interino de la República —tras la destitución por el Congreso de José Jerí a menos de dos meses de las elecciones de abril— marca otro hito de una crisis política que parece no tener fin en nuestro país.

Balcázar, político de 83 años con una seria denuncia por parte de su ex orden profesional – Colegio de Abogados de Lambayeque- pero además con una larga trayectoria en el derecho y la política, fue elegido por la mayoría parlamentaria con 64 votos tras un confuso proceso en el Pleno. Por el cargo mismo de presidente del Congreso asume interinamente la Presidencia de la República hasta el 28 de julio, cuando asumirá el presidente o presidenta electa.

Lo que debemos entender de esta nueva designación es que no es una señal de estabilidad, sino la expresión más evidente de la institucionalización de la inestabilidad política peruana. En menos de una década, Perú ha tenido ocho presidentes —la cifra más alta desde la independencia— y la sucesión de mociones de vacancia, renuncias y destituciones ha erosionado la confianza en las instituciones públicas.

¿Qué lectura deja Balcázar?

Balcázar no representa una elección popular ni un mandato del electorado: su ascenso responde a negociaciones parlamentarias. Aunque fue elegido inicialmente por Perú Libre, renunció a esa bancada en 2022 y ha transitado entre bancadas de izquierda como Perú Bicentenario y, más tarde, en otros grupos.

Esto evidencia que la política peruana hoy gira más en torno a equilibrios legislativos y menos a proyectos de gobierno consistentes. El Congreso —tradicionalmente un contrapeso democrático— se ha convertido en el epicentro de decisiones que desarticulan el presidencialismo republicano y lo convierten en un tablero de ajedrez político.

Aunque Balcázar Zelada llegó por la lista de Perú Libre vinculada a Pedro Castillo, es engañoso decir que representa el retorno ideológico de ese proyecto. De hecho, él mismo tuvo distancias con Perú Libre y se apartó de su bancada en 2022, aunque luego volvió a acercarse a distintos colectivos de izquierda.

En la práctica, su presidencia interina nos lleva a preguntarnos si su elección configura un giro radical hacia la izquierda y, por lo tanto, una reinstauración de políticas estatistas o declaratorias ideológicas fuertes. Sin duda estamos ante un  actor político de izquierda acercándose a la radical, pero cuidando desde ahora que intentará preservar el orden institucional hasta las elecciones. Su elección creo no tiene la capacidad real para impulsar una agenda transformadora

Una parte crítica del país y de los mercados ve este relevo como una muestra más de una política que discute nombres y facciones antes que proyectos de país. Balcázar, además, carga con cuestionamientos personales importantes, incluida una larga investigación por presuntos delitos como cohecho, estafa y prevaricato, que hoy forman parte de la discusión pública.

Esto complica su legitimidad no solo ante una ciudadanía desencantada, sino ante inversionistas y actores económicos internacionales que buscan señales de estabilidad y un rumbo claro.

En lo económico, Perú ha demostrado una resiliencia sorprendentemente alta: crecimiento moderado, inflación bajo control y flujos de inversión relativamente estables, sobre todo en el sector minero, que sigue siendo el motor de nuestra economía.

Los mercados odian la incertidumbre. La falta de continuidad de políticas claras —tanto fiscales como estructurales— afecta decisiones de inversión, empleo y confianza empresarial.

El país no puede permitirse largos periodos sin hoja de ruta. Proyectos de infraestructura, reformas tributarias, diversificación productiva y generación de empleo formal requieren —más que discursos— estabilidad y dirección clara.

El sistema político fracturado y el turno constante de presidentes ponen en riesgo el acceso a financiamiento externo favorable y elevan las primas de riesgo, lo que encarece deuda y puede limitar nuestra competitividad.

¿Qué nos espera?

Balcazar Zelada puede garantizar la conducción institucional hasta las elecciones, evitando un vacío de poder.

Podría permitir que el proceso electoral continúe sin mayores sobresaltos y entrega el poder a quienes defienden opciones políticas distintas.

Podría evitar, por el momento, un golpe mayor contra el orden democrático.

Pero si como dicen los analistas ha sido puesto por el cerronismo -izquierda radical- tomará decisiones en pasillos sin respaldo popular. No aportará un proyecto de país ni una propuesta económica sostenible más allá de mantener el statu quo hasta julio.

La repetida crisis de legitimidad política seguirá sin resolverse, los ciudadanos podrían seguir votando sin conciencia ciudadana.

Perú en suspenso

La presidencia interina de José María Balcázar Zelada es un mal síntoma más que una solución. Nos ubica en un escenario donde la política consume a la política, donde las instituciones se desgastan más rápido de lo que construyen, y donde el rumbo nacional se pierde en las disputas internas antes que en el servicio al país.

Ahora más que nunca se hace urgente una reflexión de fondo: ¿Queremos reformar cómo se hace política en Perú o seguiremos repitiendo ciclos que nos consumen sin transformar?

La respuesta, que será este 12 de abril -sino pasa más de lo mismo- será la que determine si esta crisis termina siendo un punto de inflexión o simplemente un nuevo capítulo de la misma historia. Entre tanto me permito decir que yo no me siento representada por José María Balcázar Zelada, a quien 64 fulanos y fulanas de un cuestionado Congreso han elegido presidente del Legislativo y por tanto presidente interino del Perú.

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Editora / Directora fundadora.

 respuesta de Angela Chavez Prado el 2019-03-09.

Estoy interesada en su programa de voluntarios.

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