Resulta recurrente, o mejor dicho una costumbre, que los gobiernos de turno asignen grandes cantidades de dinero, cuando se trata de paliar en parte los daños causados por fenómenos naturales imprevisibles, como son sismos de gran magnitud, las previsibles y cíclicas precipitaciones pluviales y producto del fenómeno El Niño, así como los daños recientes generados por un ciclón inesperado llamado Yaku; es decir, el régimen de turno, gasta a discreción y sin control cuando el daño está causado, como si de esta manera costumbrista estaría pretendiendo encarar el problema, bajo el manto de una declaratoria de emergencia, que si de algo sirve, es para generar más corrupción.
Días atrás, el poder Ejecutivo anunció la aprobación presupuestal de un mil 500 millones de soles con la finalidad de adquirir bienes y contratar servicios que permitirán contrarrestar los embates y los daños que podría ocasionar el tan anunciado fenómeno El Niño, cuando este ya está causando estragos producto de las lluvias torrenciales que se vienen dando, principalmente, en la parte norte del país, sin que por ejemplo, en la región Lambayeque se vea el efecto inmediato del presupuesto asignado, que más parece una dádiva ante una rogativa misericordiosa, antes que un paliativo efectista para amenguar en parte los daños ocasionados.
¿Por qué en una emergencia la corrupción crece?
La respuesta se cae de madura. Crece porque las autoridades y funcionarios perniciosos y sin alma, despreciando las normas, hacen uso indebido de los presupuestos asignados a favor de los damnificados de un hecho natural que muchas veces es predecible, y por qué no, de aquellos que no se esperan, apropiándose de la manera más vil de aquello que no les pertenece, usando para tal fin el arma letal de comprar lo que menos vale y pagar por lo que no se hizo, con el fin, por cierto esperado, de enriquecerse a costa de las carencias y el dolor ajeno.
¿Quiénes son aquellos corruptos?
Sin duda son los que ordenan y ejecutan las contrataciones de bienes y servicios - “qué duda cabe” -, si bien se sabe que en una entidad pública el que ordena la contratación es el mandamás y el que la ejecuta es el subordinado, quien prevalentemente ejecuta el gasto a libre albedrío y, de esta manera insana, sorteando aspectos normativos básicos de las compras estatales, logran que el entramado corrupto enquistado en muchas de ellas opere con total impunidad, perpetrando el gran robo de los dineros asignados para socorrer a la gente empobrecida y desamparada, consumando el hecho inmoral de enriquecerse de la manera más cruel, aprovechándose, como siempre, de la declaratoria de emergencias producida por un evento natural.
Los controles inoportunos e inadecuados
La decisión tomada por el ejecutivo de otorgar el millonario presupuesto por la emergencia decretada, no referencia la forma y los entes competentes para su ejecución, en razón de ello, no ha diseñado ni articulado un sistema adecuado y oportuno para controlar y cautelar el dinero que se está asignando por la declaratoria de emergencia actual, por lo tanto, es claro y previsible que controles de diferente índole habrán, pero estos – como siempre – se harán después que los millones de soles otorgados por el Ejecutivo hayan sido vilipendiados y destinados a engrandecer la cultura del lucro informal de los corruptos, quienes con la codicia facilista que los caracteriza y el total desprecio por la dignidad humana, lograrán apropiarse de los dineros estatales sin control alguno.
La vigilia ciudadana
Queda claro que, la inacción ciudadana y el conformismo de ver como la corrupción crece exponencialmente, nos está dañando día a día como consecuencia de la carencia de un control ciudadano in situ y efectivo, lo cual es tarea de todos, si tenemos en cuenta que este mal endémico llamado corrupción, siendo desde ya la primera violadora de los derechos humanos, permite que sus actores deshonestos se hagan ricos y la sociedad cada vez se empobrezca más, sin que para ello exista el antídoto perfecto para impedir el robo sistémico por parte de aquellos personajes ganapanes, que solo saben hacer el mal, mientras la sociedad, cada vez más, es jaloneada hacia atrás.
Concluyo recordando lo que en su momento dijo y propuso Javier Diez Canseco, luchador social incansable por excelencia, solidario y consecuente con sus principios: “Necesitamos una nación donde la corrupción no sea una forma consentida de gobernar”.
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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
respuesta de 748739 el 2024-06-06.
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