Sube!

SILENCIO COMO CANCHA

Escribe: Beder Bocanegra Vilcamango (*)
Edición N° 1399

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Hay formas y formas de ser estratega político, hay mecanismos bien definidos sin llegar al descaro, hay conceptos que permiten comprender que la política es interesante para encarar la turba ?sin ideología? para contrarrestar el daño; sin embargo, con el tiempo «todo vale», incluso perder la vergüenza política para dejar pasar y dejar ser. Durante todo el tiempo, el incompetente ministro permaneció indiferente ante los asesinatos, hasta que se alcanzó a las 1800 víctimas. Sabían que el negocio era redondo. Creo que, con tanto afán, compraron el silencio de Santivañez a buen precio, como el edificio de 13.5 millones, destinado a legislar con nuevos senadores como en viejos tiempos, para que las tenebrosas leyes suban y bajen de cámara en cámara. Históricamente, el silencio resulta tanto un excelente artificio para solapar el delito como políticamente funcional. Callarse por conveniencia puede rebotar con uno mismo, porque cualquiera puede ser cómplice. Quien calla otorga, quien no habla asume que todo alrededor es normal o políticamente es correcto y conviene para estar vigente sin importar el color del fango al que estamos acostumbrados.

Permanecer callado o retirar la firma ante la utopía de la censura es definir ?con claridad? que se reproduce lo que socialmente siempre se ha dicho: que el minúsculo político «le da la espalda» no solo a sus electores, sino que alimenta el nivel precario del poder para seguir vigente. Además, encarna el lado siniestro y el apetito desmedido de estar como cuña para sopesar quién gana ante una poco evidente censura. Verlo coordinar para votar «por algo» no siempre consiste en el signo preclaro de que las decisiones favorezcan al bien común; más bien. Observarlo supondría que se trata de un falso líder que representa buena parte de los electores quienes confiaron con su voto; sin embargo, el papel de la democracia representativa es unipersonal. Sus negociaciones políticas solo lo representan a sí mismo. Hace mucho tiempo que ya no representa a sus electores, porque con cada disparate que habla no podría ser representarme de ninguna manera.

Cualquier tropo o giro literario en torno a su silencio calza muy bien políticamente con sus intereses individuales antes que, socialmente, se advierta que el poder del silencio como cancha es significativo para no censurar al ministro. El silencio, en determinada coyuntura, consiste en el artificio político y calculador, cuya frivolidad deja de ser potencial error para la política, por el contrario, se convierte en una buena estrategia que supuestamente protege la democracia y que, por tanto, hay que cuidarla porque es el cónclave que une al corrupto y al elector cuando se producen las elecciones. El silencio y la descuartizada política en tiempos de asesinatos diarios es la dualidad social que escribe la historia de la democracia en automático de un congreso con sutil silencio por conveniencia. Tener silencio como cancha refleja el ejercicio calculador para no dejar el poder, hacer política silenciosa es como copar el poder hasta con la ciencia más por temor que por velar por el interés común.  Si no llega a la ansiada presidencia silenciosamente, será otro intento como perdedor como su vecina de rostro anaranjado.

Callar y aceptar

El silencio de cualquier político no siempre guarda una estrategia en el mismo nivel, en realidad, avala el delito dentro del cofre que todos quieren. No pronunciarse con una postura sobre la censura del ministro significa aceptar que los asesinatos como cancha representan la etología salvaje de una sociedad que depende de políticos y no de sí mismo. El arraigado silencio ante la necesidad de vivir no puede estar de lado del ministro que azuza el crimen y despotrica de la dignidad de pocos. El silencio aterrador no es la deontología bien definida para el bien. Es una cuestión de estado sobre la condición humana que votó por un siempre presidenciable y se quedó siempre como gobernador para utilizar el silencio controlador. En definitiva, se entiende que la plusvalía del silencio en manos de un cancerbero es solo para intentar vivir junto a delito antes que saber vivir bien en democracia como respuesta política al crimen organizado. El silencio en manos de políticos mediocres es una estrategia que, por afinidad, guarda el más puro y siniestro secreto.

(*) Docente e investigador Renacyt. Palmas Magisteriales 2016. 

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Buenas tardes. Deseo conocer la biografía del Obispo Moliné Labarta. Se sabe que con el nace la versión que el diseño de la catedral de Chiclayo es de autoría del ingeniero francés Gustave Eiffel. Se sabe mas bien que el diseño fue del ingeniero peruano Felipe Arancibia, fundador hace más de un siglo de la Sociedad de Ingenieros del Perú.

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