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ALGODONCILLO: Un endemismo botánico peruano amenazado

Escribe: Consuelo Rojas Idrogo (*)
Edición N° 1405

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En 1875, el naturalista italiano Antonio Raimondi, en sus viajes por el norte del Perú, colectó un algodón inusual de hojas acorazonadas y textura aterciopelada, al que bautizó como ‘Gossypium tomentosum’. Posteriormente, medio siglo después, el botánico alemán Oskar Ulbrich rebautizó a esta especie como ‘Gossypium raimondii’, el “algodón de Raimondi” o “algodoncillo”.

En la región Lambayeque, en el Perú y en el mundo, ahora es ampliamente conocido el “algodón pardo” o “algodón de color” (nombre científico: ‘Gossypium barbadense’), por la variedad de tonos naturales en el color de la fibra que los frutos capsulares que este arbusto ofrece al abrirse, que va desde el blanco hasta el marrón oscuro.

Esta especie en los últimos años ha cobrado gran importancia, motivo por el cual las áreas de cultivo han sido ampliadas por la demanda de tejidos de color natural para exportación. Pero en la región Lambayeque, está presente otro recurso genético muy importante, el algodoncillo (Gossypium raimondii), arbusto silvestre cuya distribución natural se conoce restringida actualmente en zonas puntuales de los distritos Chongoyape (Lambayeque), Chilete (Cajamarca) y San Benito (La Libertad).

Según la Lista Roja de Especies Amenazadas, un censo que mide el grado de amenaza de los seres vivos en el planeta, el algodoncillo es un endemismo peruano que estaría categorizado “En Peligro de Extinción”. Esta especie pasa desapercibida a diferencia del algodón común, porque sus frutos son pequeños y la fibra mínima, nada llamativas desde el punto de vista industrial; sin embargo, el algodoncillo constituye una reserva genética muy importante como arbusto tolerante al estrés hídrico. Se conoce que el algodoncillo se habría cruzado con el algodón asiático ‘Gossypium arboreum’ para dar origen al conocido algodón industrial (Gossypium hirsutum) hace millón y medio de años.

Un hábitat difícil

Los arbustos de algodoncillo suelen crecer en zonas pedregosas a orillas de quebradas, hecho que las hace vulnerables frente a las crecidas durante la estación lluviosa, donde se pierden los individuos más expuestos a la corriente. Por otro lado, la regeneración natural a partir de semillas es muy difícil, algo común en arbustos y árboles propios del Bosque Tropical Estacionalmente Seco (BTES), sus semillas presentan el fenómeno de dormancia, un estado de reposo temporal conocido en semillas, por lo que no germinan inmediatamente, y sólo se ven favorecidas por factores especiales, como los períodos de alta humedad y cuando la temperatura sobrepasa los 33°C.

Los individuos que llegan a crecer luego de la germinación son exterminados por el pastoreo, llegando solo a permanecer los pocos individuos bien establecidos y que se encuentren a nivel de cercas, los cuales son podados, quemados o eliminados por los dueños de los predios rurales. Por estas razones, es importante que se continúe conservando nuestro “algodoncillo” en la región Lambayeque.

Iniciativas de conservación

El equipo de investigación que lideró el doctor Guillermo Delgado Paredes del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, estudió este recurso fitogenético, iniciando su conservación ‘in situ’, propagación clonal y conservación ‘in vitro’ (Lic. Cecilia Vásquez Díaz). Asimismo, destacan trabajos de tesis que investigaron la propagación clonal mediante estacas y conservación ‘ex situ’ (Lic. Ana Estrada Timaná y Lic. Jean Ballena Farro).

Por otro lado, en el Centro de Esparcimiento de la UNPRG se estableció un arboreto con “algodoncillo”y “algodón pardo”, hasta hoy mantenido por el Ing. Pedro Custodio Ayasta, cuyo responsable de su establecimiento inicial fue el Dr. Leopoldo Vásquez Núñez, reconocido botánico a nivel nacional, quien continúa investigando estas especies junto con la Dra. Olinda Vásquez Arca, confirmando uno de sus estudios recientes el grado de amenaza que la Lista Roja categoriza al algodoncillo.

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(*) Bióloga, doctora en Ciencias Ambientales.

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