Sube!

LA CORRUPCIÓN Y LA INCOMPETENCIA: Una mirada a las causas del fracaso de la inteligencia política

Escribe: Martín Cabrejos Fernández (*)
Edición N° 1405

  comentarios   

La palabra corrupción proviene del latín ‘corruptio – onis’. Este sustantivo se deriva del verbo ‘corrumpere’, que tiene significados con la idea de alteración negativa, deterioro o destrucción; por lo tanto, etimológicamente, el término corrupción se vincula con la idea de una ruptura completa o una destrucción integral de algo que era originalmente bueno, íntegro o funcional.

A lo largo de la historia, el término "corrupción" ha mantenido esta esencia de deterioro. Adquirió un significado moral, refiriéndose al daño o perversión de las costumbres, los valores y la integridad de las personas. Se asoció con la deshonestidad, la depravación y el vicio. También se usaba para describir la alteración o manipulación fraudulenta de cosas materiales. Con el tiempo, el significado se extendió para incluir el soborno o cohecho, especialmente en el ámbito de la función pública, donde se "rompe" la integridad del juicio a cambio de

¿Cómo estamos?

Casi al final de sus períodos de gobierno las actuales autoridades electas en el departamento de Lambayeque, sus provincias y en todas las regiones del Perú, han dado muestra de una evidente incompetencia para el desempeño de sus funciones. Nadie duda (creo) de su buena voluntad y deseo de hacer el bien; en general, su carisma ha sido la base de sus campañas y sus propuestas (poco estudiadas y jamás extrapoladas con las normas y procedimientos “candado” del sector público) han resultado inviables, utópicas o (en algunos casos) mentiras premeditadas para alcanzar de mala manera el poder político al que aspiraban.

Calles sucias, pistas rotas, corrupción en el manejo de los fondos públicos, delincuencia en escalada ascendente, sicariato, clientelismo, soberbia, tráfico de influencias, desvío de fondos, entre otros; son problemas comunes que generan una creciente decepción de la población junto a la incredulidad en las instituciones públicas (lentas y tugurizadas) y la decepción a las autoridades electas (quebradoras de sueños y esperanzas). La inteligencia política ha fracasado hasta hacerse evidente en la práctica habitual (y constante) de la estupidez. La inteligencia política vela por el bien común y soluciona los problemas sociales. La estupidez política agudiza y crea más problemas, no piensa en el bien común y profundiza los actos no benéficos. La corrupción (en cualquiera de sus formas) es una consecuencia de la estupidez política.

El que no sabe y no quiere saber, no puede y no debe gobernar

Al postular y aceptar un cargo sin la preparación adecuada, utilizan su posición de poder para obtener un beneficio personal (prestigio, salario, influencia) a sabiendas de que no se podrá cumplir eficazmente con las responsabilidades inherentes al puesto. Esto implica un engaño a la ciudadanía que confía en que sus líderes son competentes. Un cargo público implica la gestión de recursos que pertenecen a la sociedad. Si la persona que lo ocupa no tiene la capacidad para administrarlos correctamente, se está malgastando el dinero de los contribuyentes y se están tomando decisiones ineficientes o perjudiciales para el bien común. Esto se traduce en una forma de malversación, aunque no sea necesariamente de fondos monetarios directos.

La función pública tiene como objetivo servir a la ciudadanía y promover el bienestar general. Una persona incompetente en un cargo público obstaculiza el logro de estos objetivos, generando ineficiencia, errores costosos y, en última instancia, un perjuicio directo a la sociedad. No se está cumpliendo con el deber de servir con diligencia y capacidad. Postular y ser designado para un cargo público sin la capacidad y la experiencia, solo por conexiones políticas, amiguismo o compra de votos, socava el principio de la meritocracia, donde los puestos deben ser ocupados por quienes demuestran ser los más aptos. Esto también atenta contra la igualdad de oportunidades para aquellos que sí están preparados y merecen el cargo por sus méritos.

Cuando la ciudadanía percibe que los cargos públicos son ocupados por personas incompetentes, se genera desconfianza en las instituciones democráticas y se erosiona su legitimidad. Esto puede tener consecuencias negativas para la estabilidad política y social. En el ámbito político y de la administración pública, la idea de la meritocracia como principio fundamental para la selección de funcionarios se basa precisamente en la noción de que los cargos deben ser ocupados por las personas más capaces y preparadas para desempeñarlos. La falta de preparación, especialmente cuando es consciente y se busca el cargo por intereses personales, se considera una traición a este principio y una forma de corrupción que mina la eficacia del Estado y la confianza ciudadana.

¿Qué han dicho los que saben?

A lo largo de la historia, diversos pensadores han abordado la importancia de la virtud, la competencia y la idoneidad en el ejercicio del poder público, aunque no siempre lo hayan catalogado explícitamente como "corrupción" en los términos modernos.

En su obra "La República", Platón argumenta que los gobernantes deben ser personas sabias y virtuosas, dedicadas al bien común y con un profundo conocimiento de la justicia y el gobierno. La incompetencia y la búsqueda de intereses personales en el poder serían una forma de degeneración del Estado ideal. En "Política", Aristóteles subraya la importancia de la virtud cívica y la capacidad de los ciudadanos para gobernar y ser gobernados. Un gobernante incompetente o motivado por la ambición personal desviaría el propósito de la “polis”, que es el bien común.

Nicolás Maquiavelo, en "El Príncipe", también enfatiza la necesidad de que el gobernante tenga las habilidades y la astucia necesarias para mantener el Estado y garantizar la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. La incompetencia pondría en riesgo estos objetivos. Algunos Pensadores de la Ilustración (Locke, Montesquieu, Rousseau) destacaron la importancia del contrato social y la rendición de cuentas de los gobernantes ante el pueblo. Un gobernante incompetente estaría incumpliendo tácitamente ese contrato al no poder garantizar los derechos y el bienestar de la ciudadanía de manera efectiva. Montesquieu, con su teoría de la separación de poderes, buscaba precisamente evitar la concentración de poder en manos de personas no aptas. Otros pensadores contemporáneos sobre la ética pública y la buena gobernanza como John Rawls (con su teoría de la justicia como equidad), Amartya Sen (con su enfoque en las capacidades y el desarrollo humano) y numerosos estudiosos de la administración pública y la ciencia política enfatizan la necesidad de la competencia, la transparencia y la rendición de cuentas en el ejercicio del poder público. La incompetencia deliberada o la aceptación de un cargo sin la preparación adecuada se consideran una falta de ética y un obstáculo para el desarrollo y el bienestar social.

¿Qué debemos hacer?

Sin partidos y movimientos políticos creados sobre la base de respuestas originales, propias y filosóficamente sustentadas a los problemas del país o de sus regiones, capaces de hacer escuelas de formación política y reflexión social, responsables para hacer buenas designaciones de candidatos a cargos públicos y ciudadanos responsables capaces de elegir con probidad en un proceso lento de indagación y estudio de las propuestas y verificación de la experiencia y competencias de quienes aspiran a desempeñar cargos de función pública, los problemas no van a cesar. Sin ciudadanos interesados no solo en sus personas y familias sino dispuestos a dar su conocimiento, tiempo, reflexión… a lo que ocurre y a lo que hay que cambiar; poco, muy poco, cambiará. Sin medios de información dispuestos a romper el formato para comunicar la verdad sin exageraciones, generando información sustentada previamente en evidencias, con agentes informativos profesionales, preparados ontológicamente, ni deseos de escandalizar con propósitos de venta, muy poco mejorará.

Tal vez y el primer gran cambio, precedente de la mejora social, siempre debe darse en las personas y las familias. Ninguna institución será exitosa fuera de esta lógica.

-----------

(*) Docente e historiador.

 respuesta de Mirna el 2021-01-22.

Buenas tardes, me podria indicar en donde puedo ver este plan¿?

Deja tu Comentario