Oro, poder y eternidad del Perú Antiguo es el nombre de la exposición inaugurada el 17 de mayo en la ciudad de Pekín teniendo como sede el moderno y majestuoso Museo de la Capital, convertido en el hogar temporal que albergará los deslumbrantes bienes culturales del Perú hasta el 7 de octubre del 2026.
Un total de 213 piezas arqueológicas entre ornamentos de oro, cobre, plata, ceramios, líticos y textiles de diversas culturas del Perú provenientes de museos nacionales y privados forman parte de esta exposición, donde destacan un conjunto de 113 bienes culturales procedentes del Museo Arqueológico Nacional Bruning, Museo Nacional de Sicán, Museo de Sitio de Túcume y Museo Tumbas Reales de Sipán, obras artísticas emblemáticas de nuestra región que permitirán a los visitantes, un viaje fascinante a través de tres mil años de historia.
Entre las piezas arqueológicas que integran la muestra se encuentran las máscaras funerarias, corona y penacho de la cultura Lambayeque o Sicán del museo ferreñafano; el Museo Bruning ha aportado con un mortero de piedra y cerámica de la cultura Chavín y una corona entre otras; el Museo de Sitio de Túcume participa con esculturas metálicas y textiles de las culturas Chimú e Inca; finalmente el Museo Tumbas Reales de Sipán ha prestado orejeras de oro y turquesa, estandartes metálicos, sonajeros rituales, la divinidad del hombre cangrejo y un ornamento coxal entre otros.
El Cusco cedió temporalmente el Sol de Echenique un disco de oro, símbolo imperial que representa al Sol; el Ministerio de Cultura a su vez facilitó el conocido tocado mochica con la divinidad del pulpo mítico, vasijas y tejidos Wari entre otras obras de nuestra herencia cultural.
Esta exposición se realiza bajo procedimientos oficiales con participación del Ministerio de Cultura de Perú y cuenta con seguros internacionales, curadores, conservadores y comisarios responsables de la supervisión y control, para el caso fueron designadas las arqueólogas María del Carmen Espinoza del Museo Bruning y Gina Sierra del Ministerio de Cultura, sede central.
Esta exhibición se consolida como la más grande y completa del arte prehispánico peruano en el gigante asiático, convirtiéndose en un puente cultural con el Perú que conecta la cosmovisión andina con la antigua filosofía china y demuestra que el pasado glorioso supera cualquier distancia geográfica entre dos grandes cunas de civilización del mundo antiguo que han brindado significativos aportes a la humanidad. Un evento que refuerza la trascendente herencia migratoria China y su influencia en la población actual del Perú, tratándose de la población tusán más grande de Latinoamérica.
La inauguración contó con la presencia del Embajador del Perú Carlos Vásquez, el director del Museo de la Capital Dr. Guo Xiaoling, el organizador de la exposición doctor Zao Ou, la representante del Ministerio de Cultura doctora Blanca Alva y la presencia de altas autoridades de la Administración Estatal del Patrimonio Cultural de China y del gobierno municipal de Pekín, representantes de UNESCO, embajadores de diferentes países, empresarios vinculados al Perú y académicos.
Después de los actos protocolares amenizados con bailes típicos a cargo del elenco danzas peruanas Sol y Luna, los invitados y la prensa local e internacional pasaron a las salas a recorrer la muestra bajo las explicaciones del arqueólogo Walter Alva como invitado especial. El programa del siguiente día incluyó conferencias de los expertos Blanca Alva Guerrero y Walter Alva.
Abierta la exposición al público, largas colas de ciudadanos de Pekín iniciaban su ordenada visita, fui testigo presencial del interés y curiosidad del público, constatando también el sagrado respeto y admiración del pueblo chino hacia la cultura peruana.
La exposición llegará también a los museos de Ningbo y Shandong en las ciudades de Ningbo y de Jian, representando un hito en el intercambio cultural entre Perú y China, brindando la posibilidad que miles de personas descubran la riqueza y el misticismo de las civilizaciones andinas y consolidando al Perú en el escenario cultural global ante los ojos del mundo. Con seguridad esta presentación repercutirá en el interés de los viajeros chinos para visitar el Perú y la región Lambayeque.
De Sipán a Xi’an
Dos de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XX tuvieron un simbólico y emotivo encuentro cultural.
Un circunstancial encuentro, se dio en la ciudad de Xi’an, entre el arqueólogo Walter Alva descubridor del Señor de Sipán en Lambayeque, Perú y Yang Zhifá el agricultor chino que en 1974 cambió el curso de la historia china al descubrir de manera casual el primer indicio de los famosos guerreros de terracota.
La reunión no fue prevista ni planificada, por cosas del destino, guiados por Su Yung Chu, nuestra amiga taiwanesa apasionada por el Perú, llegamos a almorzar a un restaurante cerca al museo de los guerreros de terracota, sin imaginar que Yang Zhifá vivía al frente. La dueña del restaurante al conocer las circunstancias de nuestro viaje a China y nuestra profesión de arqueólogos, sugirió la posibilidad de visitar la casa de Zhifá.
Fue así como dos personajes, cuyas intervenciones y trayectorias aportaron al curso de la historia y el entendimiento de dos de las civilizaciones que cambiaron el rumbo de la arqueología en sus países, tuvieron la oportunidad de entablar un diálogo y compartir el ritual de fumar un puro de tabaco negro ofrecido a Walter por nuestro venerable anfitrión que pese a su avanzada edad recordaba con mucho entusiasmo las circunstancias del hallazgo y su patriótica actitud de avisar a las autoridades culturales de su región, hecho que desencadenó la excavación científica más emblemática de la arqueología mundial con el descubrimientos del ejército de guerrero de arcilla que custodiaban la tumba del emperador Qin Shi Huang, aun no develada.
Los protagonistas compartieron un espontáneo diálogo con la ayuda en la traducción de Su Yung Chu. Estos momentos nos conmovieron tanto a mí como arqueóloga y esposa de esposa de Walter Alva, así como a Yang Jianbin el hijo, esposa y familiares cercanos del señor Zhifá.
Con su proverbial sabiduría oriental nos relataba sus impresiones del momento crucial cuando apareció el rostro del primer guerrero milenario, reflexionando que nunca imaginó que el hallazgo inicial en su rural lugar de origen se convertiría en uno de los más importantes tesoros culturales de la humanidad. Por su parte Walter le recordó que, en Sipán, las vasijas representando guerreros o prisioneros cumplieron un parecido rol de acompañantes simbólicos del Señor mochica.
Este encuentro casual se dio en el marco de una invitación a la inauguración de la exposición Oro, poder y eternidad del Perú Antiguo con la presentación de una conferencia y la oportunidad de conocer los conceptos museográficos usados en China para sitios y museos arqueológicos que pudieran servirnos como referentes.
Si lo vemos de forma metafórica ambos guardianes de la eternidad, a través del saludo simbólico representarían el histórico encuentro entre el Señor de Sipán y los Guerreros de terracota en China.
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