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CIENCIA Y CUIDADO INTEGRAL: ¿POR QUÉ LAS PERSONAS USAN TERAPIAS COMPLEMENTARIAS…

Escribe: José Eugenio Chafloque Capuñay
Edición N° 1442

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QUÉ PUEDE APORTAR UN BIÓLOGO PARA HACERLO MÁS SEGURO?

En consultorios, hogares y conversaciones cotidianas aparece una frase que se repite: “yo también uso algo complementario”. A veces se trata de prácticas mente-cuerpo, otras de productos “naturales”, otras de rituales de cuidado con sentido cultural. El fenómeno es real y se diversifica. Sin embargo, el debate público suele irse a los extremos: o se celebra todo sin preguntas, o se descarta todo sin escuchar. Esa polarización es cómoda, pero poco útil para el cuidado real.

Para salir de ese dilema, tomo como punto de partida un artículo publicado en SciELO: Terapias complementarias y calidad de vida: una revisión de percepciones adultas en estudios cualitativos. Allí no se preguntó solamente “¿funciona?”, sino algo que suele quedar fuera del foco biomédico: ¿qué buscan las personas cuando eligen terapias complementarias?, ¿qué significados le atribuyen?, ¿qué barreras enfrentan para hablar de ello? El artículo está asociado al DOI https://doi.org/10.5281/zenodo.15783091.

Mirar la percepción no es “pura opinión”: es entender decisiones

La evidencia cualitativa no reemplaza a los ensayos clínicos; responde otra pregunta. En salud, muchas decisiones se toman en escenarios de incertidumbre: dolor, miedo, estrés, listas de espera, experiencias previas con el sistema y recomendaciones familiares. Si no entendemos esa lógica, aparecen los silencios: la persona no comenta lo que usa; el equipo de salud no pregunta; y se pierde una oportunidad para prevenir riesgos y coordinar cuidados.

En la revisión se organizaron hallazgos en cuatro ejes:

Motivaciones (alivio, control, esperanza, coherencia cultural).

Experiencias subjetivas (bienestar, calma, sentirse escuchado).

Barreras comunicacionales (temor al juicio, falta de orientación).

Dimensiones simbólicas del cuidado (identidad, espiritualidad, tradición, sentido).

Esto es clave: calidad de vida no es solo “bajar un síntoma”, también es recuperar agencia, dormir mejor, sostener la rutina o convivir con una condición con menos angustia. Ese marco dialoga con enfoques integradores del cuidado que reconocen dimensiones biológicas, psicológicas y sociales.

¿Dónde entra el biólogo?
En el punto más olvidado: calidad y seguridad

Cuando la discusión se centra únicamente en creencias, se omite lo básico: qué se está usando exactamente, con qué calidad, bajo qué condiciones y con qué riesgos plausibles. En ese terreno, la biología no compite con la experiencia de la persona: la vuelve más segura, verificable y comunicable.

Propongo tres frentes de contribución del biólogo (en equipos de salud, docencia, investigación o divulgación):

Trazabilidad: poner nombre, origen y composición

En productos naturales la variabilidad puede ser grande: especie, parte usada, extracción, almacenamiento, etiquetado y concentración real. No es lo mismo “una planta” que esa planta, de ese origen, procesada de ese modo. La mirada biológica convierte una decisión difusa en preguntas verificables:

¿Cuál es el nombre (incluido el científico cuando aplica) y la parte utilizada?

¿Tiene registro, lote, procedencia, vencimiento y condiciones de conservación?

¿Hay información clara sobre concentración o estandarización?

Riesgo biológico: “natural” no siempre significa inocuo

Hay riesgos que no se ven a simple vista: alergias, toxicidad por dosis elevadas, contaminación microbiana o adulteraciones. En contextos latinoamericanos se han documentado hallazgos microbiológicos relevantes en productos naturales comercializados. El enfoque no es prohibir por defecto; es evitar daños prevenibles con cultura de seguridad: reconocer señales de alarma, promover reportes de eventos adversos y estimular uso responsable.

Puente comunicación-evidencia: preguntar sin juzgar

La revisión muestra que el obstáculo más repetido es la comunicación, donde, si la persona anticipa burla o regaño, se cierra. En tal sentido, el profesional teme “validar” algo incierto, evitando el tema. El biólogo puede aportar un lenguaje intermedio: explicar incertidumbre con claridad, promover alfabetización científica y ayudar a instalar un protocolo mínimo: qué usa, cómo lo usa, con qué objetivo, qué efectos nota y qué riesgos vigilar.

(*) Biólogo

Centro de Medicina Biológica Divina Esperanza

Centro de Formación Virtual Edudigital.pro

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