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EL PLAN NACIONAL DE INFRAESTRUCTURA 2026-2031: La apuesta del Perú por construir su futuro territorial

Escribe: Yefferson Llonto Caicedo (*), Brenda Vallejo Mezarina (**)
Edición N° 1441

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El PNI 2026-2031 es la tercera edición de un instrumento que ha ido madurando desde el PNIC 2019 centrado en competitividad, pasando por el PNISC 2022-2025 que incorporó la sostenibilidad ambiental, hasta llegar a esta entrega que pone el territorio en el centro.

Para entender la trascendencia del PNI 2026-2031, resulta indispensable situar al Perú en su contexto macroeconómico actual. El Banco Mundial señala que el Perú, hasta el año 2013, creció a tasas superiores al 6 % y redujo la pobreza del 59 % al 24 % en una década, el mismo que ha entrado en un ciclo de estancamiento. El crecimiento potencial del país ronda hoy el 2.5 % anual, un ritmo que, de mantenerse, implicaría 64 años para alcanzar la condición de país de ingresos altos. Más de 90 % de los peruanos desconfía del gobierno, un aumento de 25 % respecto al 2011.

El PNI es, según su propio texto, el principal instrumento estratégico de priorización de inversiones de alto impacto a nivel país, elaborado por el MEF con un horizonte de corto y mediano plazo. Su razón de ser es triple: primero, priorizar un portafolio de proyectos de infraestructura de alto impacto nacional; segundo, articular y gestionar multisectorialmente programas de proyectos que maximicen dicho impacto; y tercero, promover medidas especiales que aceleren la ejecución.

El plan organiza el territorio nacional en cuatro macrozonas: Norte, Centro, Lima-Callao y Sur, reconociendo que el Perú no es una realidad uniforme, sino una compleja trama de diversidades geográficas, productivas, sociales e institucionales.

La cartera del PNI 2026-2031 suma 72 proyectos valorizados en S/144 mil 117 millones, distribuidos entre Transportes (28 proyectos), Agricultura y Riego (9), Agua y Saneamiento (8), Electricidad (8), Salud (6), Cultura (5), Educación (4), Comunicaciones (1), Producción (1), Poblaciones Vulnerables (1) y Turismo (1). En cuanto a modalidades de inversión, predominan las Asociaciones Público-Privadas con 33 proyectos y S/75 689 millones, seguidas por los contratos Estado a Estado con 13 proyectos y S/49 680 millones, la obra pública con 22 proyectos y S/10 605 millones, los proyectos en activos con S/8 025 millones y las obras por impuestos con S/119 millones.

El giro territorial

La introducción del enfoque territorial en el PNI 2026-2031 no es una concesión retórica al discurso descentralizador. Siendo una respuesta concreta a décadas de planificación sectorial que trataba al Perú como si fuera un solo país, cuando en realidad es varios a la vez. El plan articula cuatro dimensiones de infraestructura sostenible: económica-financiera, social, institucional y ambiental, aplicadas de manera diferenciada en cada macrozona.

La Macrozona Norte recibe 25 proyectos priorizados vinculados a sus corredores logísticos, la agroindustria de exportación y la conexión con Brasil a través de la Iniciativa IIRSA. La Macrozona Sur, con 20 proyectos, atiende sus brechas críticas en agua, energía y acceso a mercados, acompañando su potencial en minería sostenible y turismo cultural. La Macrozona Centro, con 12 proyectos, refuerza la conectividad transversal del territorio nacional. Y Lima-Callao, con 15 proyectos, enfrenta el desafío de desahogar un área metropolitana que concentra la tercera parte de la población del país y genera más del 40 % del PBI, pero que padece un déficit estructural de infraestructura urbana.

Entre las cinco líneas estratégicas de la Hoja de Ruta del PNI 2026-2031 destaca una de especial relevancia para la integración nacional: la estrategia de desarrollo de infraestructura para la Amazonía peruana. La región amazónica, que ocupa más de la mitad del territorio nacional y concentra una vasta biodiversidad y recursos naturales, ha sido históricamente la más postergada en términos de infraestructura.

Infraestructura y crecimiento

La evidencia internacional es contundente, dado que la inversión en infraestructura de calidad es uno de los factores que más inciden en el crecimiento económico sostenido, especialmente en economías en desarrollo. El Banco Mundial estima que la inversión pendiente del PNISC 2022-2025, valorizada en S/153 750 millones, equivale al 13.9 % del producto bruto interno y representa un multiplicador potencial significativo para la economía peruana. Carreteras que acortan distancias entre productores rurales y mercados urbanos, plantas de tratamiento de agua que reducen la carga de enfermedad en comunidades vulnerables, líneas de transmisión eléctrica que habilitan la industrialización regional, puertos que incrementan la competitividad exportadora: cada uno de estos proyectos es, en esencia, una intervención en la estructura productiva del país.

El Plan Nacional de Infraestructura 2026-2031 llega en un momento de máxima exigencia para el Estado peruano. El país enfrenta un crecimiento potencial insuficiente, una desconfianza ciudadana histórica, un espacio fiscal limitado y una deuda acumulada en infraestructura que se mide en generaciones de oportunidades perdías. En ese escenario, el plan no es una solución mágica, pero sí es una respuesta seria, técnicamente robusta y políticamente comprometida con la idea de que el Perú tiene más futuro del que sus indicadores actuales permiten intuir.

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(*) Magíster en Ciencias con mención en Proyectos de Inversión Pública, economista e investigador Renacyt. Especialista en Inversión Pública del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico.

(**) Economista de Esan, egresada de la Maestría en Inteligencia Estratégica.

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