El Perú llega al bicentenario de su independencia en uno de los momentos más críticos de su historia. Con un escenario político cargado de tensión, los infaltables escándalos de corrupción y una pandemia en curso que ha enlutado a cerca de 200 mil familias, pocos parecieran ser los motivos para celebrar. En opinión del director del Museo Arqueológico Nacional Brüning, Carlos Wester La Torre, estas fechas deben servir más bien como un punto de inflexión para lograr un verdadero cambio.
“Hoy los peruanos tenemos el compromiso de salvar el honor de nuestra patria, un honor que ha sido lesionado profundamente en los últimos años. Por eso, estos 200 años son una oportunidad para poner punto final a ese camino. La libertad de los patriotas se consiguió de una forma limpia. Fue una libertad soñada, sin botas, sin vestimenta, sin armadura y con poca comida, pero fue decidida porque había una causa, un objetivo en común: liberar al pueblo”, señala.
Cuestiona que cada cinco años el presidente que sale elegido busca “refundar” nuevamente al Perú, ya que no se ha construido una sola idea de país. Ergo, propone que se elabore un gran proyecto nacional, que defina hacia dónde se quiere llegar como nación, desde la perspectiva de la cultura, identidad e historia.
“Ahora tenemos el compromiso de lavar ese honor que ha sido manchado por mucha gente, que nos ha llenado de vergüenza. Esta es la oportunidad, ahora que la pandemia nos ha golpeado es cuando precisamente debemos levantarnos para darle al mundo la señal de lo que este país ha sido capaz de hacer en el pasado y de lo que puede hacer ahora. Este es un momento de mucho compromiso y espero que estos 200 años sirvan para seguir reflexionando sobre la responsabilidad ciudadana en este proceso”, menciona.
Suma de culturas
Wester La Torre explica que la arqueología ha logrado acercar a las personas a los rasgos y características que construyen la identidad nacional, la cual a su vez se forma de muchas identidades locales que son el reflejo de los territorios, a través de las creencias, el arte y la sabiduría popular.
“Hay unos elementos que ayudan a articular estas identidades como son las historias comunes, las continuidades y discontinuidades por las que ha atravesado nuestro país a lo largo de este proceso. La perspectiva que tengo es que somos una suma de culturas que se describen con nombre propio, pero que es una suma de pueblos con rasgos y características que encierran en sí una materialidad que revela historia”, apunta.
Menciona que el Señor de Sipán, el Señor de Sicán, la Dama de Cao, la Sacerdotisa de San José de Moro y la Sacerdotisa de Chornacap son el reflejo de la fragmentación política y territorial que ha construido identidades tan complejas.
Irrupción
El arqueólogo opina que el proceso de conquista española significó una irrupción territorial, un quiebre y la más profunda fractura que tuvo el Perú.
“Basta pensar en el hecho de que los españoles ya no querían que los habitantes del incanato hablen en su idioma, imagínense los problemas que debieron tener a nivel comunicacional. Los cambios que hubo en la vestimenta, los alimentos, las medicinas. La colonia trae un drama de desprecio y odio que no se ha vivido en ninguna parte del mundo. Lesiona el alma de un pueblo”, enfatiza.
Hace hincapié en que la República es la oportunidad para curar las heridas que dejó el proceso de colonización. Sin embargo -lejos del anhelo de libertad con el que soñaron los patriotas- a lo largo de estos 200 años las heridas solo se han profundizado.
Cultura y brechas sociales
En tanto, Wester La Torre señala que los contenidos culturales impartidos en las escuelas son reflejo del centralismo, pues a los niños y jóvenes se les enseña historias que no son las de su territorio, debido a un esquema básico educativo que debe ser modificado.
Asimismo, acota que la identidad cultural incorpora como elemento a la calidad de vida, por lo que el próximo gobierno tendrá la responsabilidad de acortar las brechas sociales y reconciliar al país bajo la perspectiva de la independencia.
“No podemos hablar de la identidad de un pueblo que se muere porque no tiene una posta. Necesitamos que el Estado redistribuya la riqueza a las regiones donde más hace falta. Necesitamos cuidar la salud de nuestra población para que disfrute de esa identidad”, puntualiza.
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